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domingo, 1 de noviembre de 2009

Las campañas de la crisis (Jimena Costa)

La polarización de la política promovida por el oficialismo como estrategia de posicionamiento fue exitosa. Resulta que una gran mayoría de la población gradualmente deja de mirar la realidad y la sustituye por las representaciones de realidad que el Gobierno construye a través de los medios hasta llegar a un punto en el que los spots televisivos y discursos políticos son la ratificación de que “estamos mejor”.

Por supuesto, quedan otros más realistas pero dispuestos a mantener sus tradiciones que dicen: “Los otros también robaban, al menos ahora alguito nos llega”; algunos creen que es mejor “acomodarse” porque creen que “tira para rato”, y como se afirmó entre ciertas filas empresariales: “Al menos seremos los últimos en la lista” y se vuelven funcionales. Hay unos cuantos que nunca creyeron que aquí había cambio y los hay de izquierda y de derecha. Hay otros que no les interesa si hay o no cambio mientras sus intereses sigan intactos, y estamos los que creímos que era posible el cambio y le apostamos para arribar a un doloroso desencantamiento, lo que no impide mantener los mismos criterios de evaluación que siempre aplicamos —a los de antes y a los de ahora— para determinar si el Gobierno es un buen gobierno (más allá de si nos guste o no), si la oposición es una buena oposición (más allá de cuánto nos disguste), si los partidos o los sindicatos cumplen sus funciones, si el cambio de tipo de registro en el padrón garantiza que sea confiable, etc., etc.

Qué se ve: siguen los oportunistas acomodándose en las listas no por principios o por un proyecto, sino porque sigue en boga la concepción del “Estado-botín” —nuevos piratas con las mismas y viejas prácticas—; sigue la gente “con precio” dispuesta a venderse, aunque unos cobran $us 5.000 por levantar la mano y otros cobran $us 9.000.000 para salir en las fotos; siguen los que cierran los ojos ante la corrupción mientras no afecte sus intereses; siguen los que se aprovechan del hambre de los pobres para manipularlos y usarlos; siguen los entornos de lacayos grandilocuentes que dicen lo que necesitan decir y hacen lo que hay que hacer para que los caudillos aspirantes a líderes dependan de ellos…

El escenario para diciembre incluye: el uso y abuso de recursos y bienes públicos por parte del Gobierno y un nuevo Órgano Electoral Plurinacional que deberá sancionar a sus candidatos —ja, ja, ja— y hasta puede inhabilitarlos —ja, ja, ja—; los delegados del OEP deben evitar el voto comunitario que va contra la ley y los derechos ciudadanos —ja, ja, ja—; deberán anular las mesas donde se presenten los “capataces electorales” —ja, ja, ja—; si se produce algún desorden, el OEP podrá convocar a la Policía o a las FFAA sin depender de los ministros de Gobierno y Defensa —ja, ja, ja, ja, ja, ja—; y si en algún punto del país la comunidad impide la campaña de algún candidato, allí no se instalarán mesas para votar —ja, ja, ja—; se suman los observadores, quienes sólo pueden ir a mirar donde no hay lío, porque de lo contrario corren el riesgo de ser linchados.

La crisis en pleno. La única manera de no contribuir al acabose es participar, ir a votar y cuidar el voto, cada uno en su mesa, quedarse al recuento y fotografiar el resultado del escrutinio en su mesa. Esta vez el OEP tendrá que publicar los resultados por mesa y podremos compararlos con nuestras fotitos.

Fuente: La Prensa
01/11/09

domingo, 18 de octubre de 2009

Campañas, medios y alzamiento (Jimena Costa)

Lo mejor que le ha podido suceder a los dueños de medios de comunicación en Bolivia es Evo Morales: ningún gobierno ha sido mejor cliente de los medios de comunicación con campañas electorales casi anuales y con campañas políticas los 365 del año, todos los años.

No ha sucedido lo mismo a comunicadores y periodistas, quienes han sido permanentemente maltratados y agredidos por la cabeza del Gobierno y por el resto de las extremidades, quienes disciplinadamente han decidido arremeter contra la libertad de expresión, especialmente cuando ésta expresa oposición al Gobierno y a su proyecto de poder.

Los últimos días, a través de un canal de televisión (Cadena A), varios periodistas se encuentran mostrando pruebas relacionadas a la investigación sobre el caso del supuesto terrorismo de los alzados armados separatistas, y sorprende que semejantes noticiones no hayan tenido el eco correspondiente en otros medios dada la envergadura de la información que circula. Resulta que se pone en evidencia que la Comisión del Parlamento no puede cumplir seriamente con sus tareas porque el Fiscal asignado al caso no les remite la información requerida, resulta que el Fiscal no había sido Blanca Nieves ni que el Estado húngaro se había desentendido de su súbdito que murió en el Hotel Las Américas, resulta que hay quienes no han dejado de ser proclives al terrorismo, y resulta que Rambo había tenido la particularidad de no poder hablar cuando le duele el codo. ¡Tremenda limitación que le produce el apoyo y solidaridad de varias autoridades oficialistas!

Normalmente, un carnaval como éste tendría grandes repercusiones mediáticas, sin embargo no ha pasado casi nada, y no sólo porque el oficialismo ha comprado o copado varios medios, sino porque si todos los medios le ponen la atención debida esto tendría graves efectos sobre la campaña y la reelección de Morales, quien puede optar por dejar de contratar a ciertos medios para que difundan su propaganda política y electoral, lo que, claro, afectaría gravemente los bolsillos de los dueños, y no todos los dueños son bolivianos, de modo que tampoco les afecta quién se va o quién se queda, si hay o no terroristas, ni averiguar quién los trajo.

¿Será que a los empresarios bolivianos les importa más su bolsillo que contribuir a generar conciencia sobre un tema tan importante como éste? ¿Será que no les preocupa que el narcotráfico y el terrorismo ponen en riesgo su propia seguridad y la de sus familias? Ellos mismos podrán darnos la respuesta, y tal vez confirmar esa percepción generalizada de que a algunos empresarios nunca les ha importado el país sino sólo lo que obtienen de él.

Sabemos que detrás de los medios existen intereses y detrás de la política también, unos tienen interés de llenarse los bolsillos, otros de quedarse en el poder, otros de quedarse en el poder para llenarse los bolsillos y otros “ingenuos” creen que los que llegan al poder “si son como ellos” algún día les van a llenar los bolsillos.

El problema mayor hoy es que, como antes, predomina el interés particular de quienes están en el poder y resulta que seguimos y seguiremos en crisis mientras cada quien siga calculando basado en el interés particular. Otra ratificación de que el cambio sigue pendiente.

Fuente: La Prensa

Campañas, medios y alzamiento (Jimena Costa)

Normalmente, un Carnaval como éste tendría grandes repercusiones mediáticas, sin embargo no ha pasado casi nada, y no sólo porque el oficialismo ha comprado varios medios…

Lo mejor que le ha podido suceder a los dueños de medios de comunicación en Bolivia es Evo Morales: ningún gobierno ha sido mejor cliente de los medios de comunicación con campañas electorales casi anuales y con campañas políticas los 365 del año, todos los años.

No ha sucedido lo mismo a comunicadores y periodistas, quienes han sido permanentemente maltratados y agredidos por la cabeza del Gobierno y por el resto de las extremidades, quienes disciplinadamente han decidido arremeter contra la libertad de expresión, especialmente cuando ésta expresa oposición al Gobierno y a su proyecto de poder.

Los últimos días, a través de un canal de televisión (Cadena A), varios periodistas se encuentran mostrando pruebas relacionadas a la investigación sobre el caso del supuesto terrorismo de los alzados armados separatistas, y sorprende que semejantes noticiones no hayan tenido el eco correspondiente en otros medios dada la envergadura de la información que circula. Resulta que se pone en evidencia que la Comisión del Parlamento no puede cumplir seriamente con sus tareas porque el Fiscal asignado al caso no les remite la información requerida, resulta que el Fiscal no había sido Blanca Nieves ni que el Estado húngaro se había desentendido de su súbdito que murió en el Hotel Las Américas, resulta que hay quienes no han dejado de ser proclives al terrorismo, y resulta que Rambo había tenido la particularidad de no poder hablar cuando le duele el codo. ¡Tremenda limitación que le produce el apoyo y solidaridad de varias autoridades oficialistas!

Normalmente, un carnaval como éste tendría grandes repercusiones mediáticas, sin embargo no ha pasado casi nada, y no sólo porque el oficialismo ha comprado o copado varios medios, sino porque si todos los medios le ponen la atención debida esto tendría graves efectos sobre la campaña y la reelección de Morales, quien puede optar por dejar de contratar a ciertos medios para que difundan su propaganda política y electoral, lo que, claro, afectaría gravemente los bolsillos de los dueños, y no todos los dueños son bolivianos, de modo que tampoco les afecta quién se va o quién se queda, si hay o no terroristas, ni averiguar quién los trajo.

¿Será que a los empresarios bolivianos les importa más su bolsillo que contribuir a generar conciencia sobre un tema tan importante como éste? ¿Será que no les preocupa que el narcotráfico y el terrorismo ponen en riesgo su propia seguridad y la de sus familias? Ellos mismos podrán darnos la respuesta, y tal vez confirmar esa percepción generalizada de que a algunos empresarios nunca les ha importado el país sino sólo lo que obtienen de él.

Sabemos que detrás de los medios existen intereses y detrás de la política también, unos tienen interés de llenarse los bolsillos, otros de quedarse en el poder, otros de quedarse en el poder para llenarse los bolsillos y otros —ingenuos— creen que los que llegan al poder —si son como ellos— algún día les van a llenar los bolsillos.

El problema mayor hoy es que, como antes, predomina el interés particular de quienes están en el poder y resulta que seguimos y seguiremos en crisis mientras cada quien siga calculando basado en el interés particular. Otra ratificación de que el cambio sigue pendiente.

Fuente: Los Tiempos

domingo, 4 de octubre de 2009

Doble voto y Estado etno-nacionalista (Jimena Costa)

Cuando se discutía la Ley Electoral Transitoria y la incorporación de las circunscripciones “especiales” indígena originario campesinas, ya se planteaba el problema operativo de cómo se iba a determinar quién votaba con cuál papeleta, ya que la nueva Constitución introduce tal figura y señala que serán circunscripciones rurales, pero no toma en cuenta que los indígena originarios están en todas partes y no sólo en el campo, ni toma en cuenta que también hay “interculturales” en el campo.

La Ley Electoral transfiere a la Corte Nacional Electoral la responsabilidad de diseñar las circunscripciones “especiales” —o sea definir sus límites— en siete de los nueve departamentos, para que los indígena originarios del campo elijan a representantes “especiales”; por tanto, la Corte debe garantizar que los “interculturales” que viven en el campo sigan votando por un común y corriente uninominal.

Esto implica varias cosas: la primera y fundamental es que se discrimina a los indígenas y originarios que viven en las ciudades y que se los obliga a votar como el común de los mortales.

La segunda y operativamente trascendental es que la Corte debió asegurarse de que en el momento del registro en el padrón biométrico, cada ciudadano dé a conocer su auto identificación étnica para saber si le correspondía votar por un representante “especial” o por un simple uninominal. Esto debió suceder especialmente en el campo, pero dado que a los seres humanos nos ataca la locura de movernos dentro del planeta, por previsión, era razonable que todos nos auto identifiquemos para saber qué papeleta debemos recibir, según la nación a la que uno pertenezca.

La tercera y más absurda cosa es que como la Corte no se ocupó del tema antes del registro de los cuatro millones y más de electores, ahora debe resolver el problema para garantizar que no se produzca el doble voto cuando no se sabe quién se autoidentifica cómo y a cuál de las 36 naciones pertenece, o si es un pobre intercultural que no puede elegir a nadie “especial”.

Esto es parte del escenario del 6 de diciembre. No se trata sólo del hecho de que uno de los ocho candidatos abuse de los recursos públicos en su campaña, o de que algunos dirigentes prohíban el ingreso a sus feudos a los opositores, se trata de que muchos de los jurados y presidentes de mesa, delegados de la Corte, delegados de partido y aún observadores que se encuentren en el área rural, tendrán que observar cuidadosamente a cada elector para saber qué papeleta darle, ya que, por supuesto, no pueden votar a la vez por un uninominal y por un especial.

La Corte debe garantizar que en ningún rincón del territorio nacional se instalen paralelamente ánforas para ambos tipos de representantes —especial y uninominal—, porque ésa es una invitación al doble voto, y ya sabemos que donde mayores irregularidades se vieron en el revocatorio y en el referéndum de enero fueron en las zonas rurales.

Si la Corte omitió el detallito de la autoidentificación, ni siquiera étnica, sino nacional —porque no tenemos 36 etnias, sino 36 naciones—, deberán encontrar la forma de no poner en duda la confianza en los resultados, invitando al doble voto.

En conclusión, por múltiples razones y por primera vez en la historia, el Carnaval del próximo año no será en febrero, sino este diciembre, y no se sorprendan que muchos tengan que disfrazarse para que en la mesa sepan qué papeleta darles para que ejerzan su derecho ciudadano.

Fuente: Los Tiempos

domingo, 20 de septiembre de 2009

Sin palabra (Jimena Costa)

Los bolivianos en el exterior nunca deberían votar para elegir a un presidente que no los gobierna, sino elegir diputados especiales extraterritoriales que representen sus intereses...

Si bien quedan pocos que creen en la palabra de los políticos y todavía algunos de ellos tenían palabra, el hecho de que los acuerdos se rompan a conveniencia es un serio problema de la política, de la democracia, de la transparencia electoral y del futuro de los ciudadanos bolivianos.

Resulta que la Ley Electoral Transitoria pactada en el Parlamento señala que se les extiende el plazo de permanencia en sus cargos a las autoridades electorales que cumplan su periodo para evitar entorpecer el ya complicado proceso electoral con el nuevo padrón. Sin embargo, el Gobierno rompió el acuerdo y nombró nuevos delegados presidenciales en las cortes departamentales y uno de ellos, al parecer, hasta con prontuario; pero más allá del detallito, resulta que no se respetó el acuerdo.

Hace meses que escuchamos al senador Carlos Böhrt y a otros voceros del oficialismo reivindicando las virginales virtudes del “plan de contingencia” que incluye aprobar el uso del padrón mixto, que por supuesto garantiza que el presidente Morales gane la elección con el 76% de los votos y con fraude, ya que el biométrico dificulta un poco la manipulación —aunque no mucho—, pero cualquier día de nuevo se incumple la palabra empeñada en el pacto político establecido para aprobar la ley, y aprueban el mixto, que es aún peor que el viejo y amañado padrón manual.

Ahora para colmo, después de que se acordara que el voto de los bolivianos en el exterior debe ser el 6% del padrón nacional —alrededor del 211.000 personas—, resulta que con el pretexto de haber sido engañados por “la derecha y la ultraderecha” —como repite tanto el senador Félix Rojas— quieren ampliar el número de electores, que desvirtúan por completo la decisión de los bolivianos que optaron por quedarse en su país. En el referéndum de enero votaron 31.711 personas en Pando, 128.479 personas en Beni, 177.306 personas en Tarija, 200.982 personas en Oruro, es decir que la distorsión ya es imperdonable. Los bolivianos en el exterior nunca deberían votar para elegir a un presidente que no los gobierna, sino elegir diputados especiales extraterritoriales que representen sus intereses, de modo que lo que Gobierno y oposición pactaron en abril fue un absurdo. Si se trata de corregir los errores —como dicen los oficialistas que se hacen embaucar con la oposición—, deberían corregirse varios:

Por ejemplo, los bolivianos en el exterior no deben votar por Presidente sino por diputados especiales extraterritoriales —insisto—; el número de escaños debe ser proporcional a la población en cada departamento, de modo que se debe redistribuir escaños entre departamentos; debe corregirse la sobrerrepresentación rural que implica que el 30% de la población total del país que es rural podrá acceder al 58% de escaños uninominales, mientras que los habitantes de las zonas urbanas quedan severamente subrepresentados; debe restituirse el equilibrio entre regiones, ya que los tres departamentos de occidente tienen 60 escaños (La Paz, Oruro, Potosí), los del valle tienen 53 (Cochabamba, Chuquisaca, Tarija) y los de oriente también 53 (Pando, Beni, Santa Cruz); podría seguir…

El tema de fondo es que si se quiere hacer bien las cosas

—con lo que estoy plenamente de acuerdo—, todo pasa por postergar las elecciones del 6 de diciembre y corregir los problemas con racionalidad e inteligencia y no nada más cambiar cada día la estrategia en la desesperación de pensar que pueden perder el chupete, y que claro, con elecciones limpias y con reglas de juego justas, tal vez nunca podrían volver al poder.

Fuente: Los Tiempos

lunes, 7 de septiembre de 2009

El mutis por el foro (Jimena Costa)

Esta semana empiezan a hacerse públicos los avances del proceso de formación de un bloque opositor que busca constituirse en una alternativa en este complejo escenario rumbo a las elecciones del 6 de diciembre. Como suele ser un proceso político en el que actúan muchas fuerzas, es un proceso por demás complejo que no viene de algunas reuniones, ni éstas han sido ni son secretas, que requiere de largas horas de conversaciones y discusiones y que acaba logrando acuerdos mínimos, pero que gradualmente avanzan.

Escuché múltiples especulaciones al respecto, y parece sano hacer una breve explicación.

El objetivo de formar un frente único parecía imposible desde un inicio y esto ya se ha probado en la realidad. No todos quieren entrar y por supuesto no todos deben estar dentro, no es una bolsa común sino una estrategia política de fortalecimiento bajo lógica democrática, que implica pues la presencia de disensos en un ambiente de diversas organizaciones, fuerzas políticas y aun de intereses.

La meta fue y sigue siendo lograr un bloque que no sea sólo un binomio de unidad sino una alternativa que ofrecerle al país para continuar el cambio hacia la construcción de un Estado permanente autonómico e incluyente. Por tanto había que pensar y actuar bajo nuevas formas de hacer política y es ahí donde se presenta el bloque como portador de un cambio.

La primera fase fue la de lograr pensar el proceso a partir de las regiones, dado que el sistema de partidos aún no ha superado su crisis. La crisis política nos marca el rumbo, debe actuarse a partir de la realidad existente y no de las construcciones imaginarias de la realidad. Hoy las bancadas opositoras casi no existen, pero existen las brigadas, hoy los partidos no cuentan con liderazgos propios que ofrecerle al país —con pocas excepciones— y las organizaciones políticas más fuertes se conforman de una mezcla de partidos, actores prefecturales, organizaciones cívicas y ciudadanas en los departamentos. Es allí donde se inició el proceso.

Las fuerzas políticas opositoras empezaron a organizarse a partir de los departamentos, a diferente ritmo y de distinto modo.

Estas coaliciones departamentales empiezan a pronunciarse y a tomar decisiones, recién entonces entran los candidatos, que por supuesto avanzaron en la construcción de sus propuestas en los departamentos. Ya existe un bloque, con algunos departamentos completamente articulados, otros por terminar el proceso, otros en proceso, con algunos de los candidatos en carrera, con la incorporación de las diversas fuerzas y actores políticos que no están en carrera, y con la voluntad de lograr resultados con el consenso de los nueve departamentos, en un momento de regionalización de la política donde ningún candidato tiene fuerza nacional pero algunos de ellos tienen una base territorial de respaldo. La primera decisión es formar el bloque. La segunda decisión es que serán los bloques departamentales articulados los que preparen las listas de candidatos con sus mejores hombres y mujeres. La tercera decisión es que el binomio será de consenso y los demás candidatos se mantendrán en el bloque aunque no sean elegidos, todos trabajando por la misma causa.

El proceso continúa, sigue siendo una tarea compleja, pero para abrigar la esperanza de muchos ciudadanos ya existe el tan mentado bloque de oposición democrática con el propósito de constituirse en la alternativa.

Jimena Costa

Analista

Fuente: Los Tiempos

martes, 25 de agosto de 2009

Bloque alternativo (Jimena Costa)

Esta semana empiezan a hacerse públicos los avances del proceso de formación de un bloque opositor que busca constituirse en una alternativa en este complejo escenario rumbo a las elecciones del 6 de diciembre. Como suele ser un proceso político en el que actúan muchas fuerzas, es un proceso por demás complejo que no viene de algunas reuniones, ni éstas han sido ni son secretas, que requiere de largas horas de conversaciones y discusiones y que acaba logrando acuerdos mínimos, pero que gradualmente avanzan.

Escuché múltiples especulaciones al respecto, y parece sano hacer una breve explicación.

El objetivo de formar un frente único parecía imposible desde un inicio y esto ya se ha probado en la realidad. No todos quieren entrar y por supuesto no todos deben estar dentro, no es una bolsa común sino una estrategia política de fortalecimiento bajo lógica democrática, que implica pues la presencia de disensos en un ambiente de diversas organizaciones, fuerzas políticas y aun de intereses.

La meta fue y sigue siendo lograr un bloque que no sea sólo un binomio de unidad sino una alternativa que ofrecerle al país para continuar el cambio hacia la construcción de un Estado permanente autonómico e incluyente. Por tanto había que pensar y actuar bajo nuevas formas de hacer política y es ahí donde se presenta el bloque como portador de un cambio.

La primera fase fue la de lograr pensar el proceso a partir de las regiones, dado que el sistema de partidos aún no ha superado su crisis. La crisis política nos marca el rumbo, debe actuarse a partir de la realidad existente y no de las construcciones imaginarias de la realidad. Hoy las bancadas opositoras casi no existen, pero existen las brigadas, hoy los partidos no cuentan con liderazgos propios que ofrecerle al país —con pocas excepciones— y las organizaciones políticas más fuertes se conforman de una mezcla de partidos, actores prefecturales, organizaciones cívicas y ciudadanas en los departamentos. Es allí donde se inició el proceso.

Las fuerzas políticas opositoras empezaron a organizarse a partir de los departamentos, a diferente ritmo y de distinto modo.

Estas coaliciones departamentales empiezan a pronunciarse y a tomar decisiones, recién entonces entran los candidatos, que por supuesto avanzaron en la construcción de sus propuestas en los departamentos. Ya existe un bloque, con algunos departamentos completamente articulados, otros por terminar el proceso, otros en proceso, con algunos de los candidatos en carrera, con la incorporación de las diversas fuerzas y actores políticos que no están en carrera, y con la voluntad de lograr resultados con el consenso de los nueve departamentos, en un momento de regionalización de la política donde ningún candidato tiene fuerza nacional pero algunos de ellos tienen una base territorial de respaldo. La primera decisión es formar el bloque. La segunda decisión es que serán los bloques departamentales articulados los que preparen las listas de candidatos con sus mejores hombres y mujeres. La tercera decisión es que el binomio será de consenso y los demás candidatos se mantendrán en el bloque aunque no sean elegidos, todos trabajando por la misma causa.

El proceso continúa, sigue siendo una tarea compleja, pero para abrigar la esperanza de muchos ciudadanos ya existe el tan mentado bloque de oposición democrática con el propósito de constituirse en la alternativa.

Fuente: Los Tiempos

domingo, 9 de agosto de 2009

Fiestas patrias (Jimena Costa)

Escuché varias veces en estos días que no hay nada que festejar, que todo está peor y que es absurdo celebrar la fundación de la República de Bolivia, al mismo tiempo que hemos “dejado atrás el Estado republicano, colonial y neoliberal”, como dice la nueva Constitución, y de ser así, el 6 de agosto ya no existe. Volvemos a foja cero. ¿También vamos a reinventar el fuego y la rueda? Existe mucho de razón en esas afirmaciones, pero creo que hay múltiples razones para seguir festejando el cumpleaños de la patria:

1) Para pesar de muchos, no se puede dejar atrás el Estado republicano por decreto.

2) Los niños siguen desfilando con escarapelas tricolores y no cuadriculadas.

3) La kantuta sigue tricolor.

4) No se incluyó la hoja de coca en el escudo nacional.

5) Todavía se mantienen las banderas departamentales.

6) Todavía siguen existiendo nueve departamentos.

7) Todavía hay Parlamento.

8) Existen estatutos autonómicos respaldados con el voto popular.

9) Todavía vendemos gas.

10) El superávit casi cubre la deuda pública.

11) Vamos a tener nuevo padrón.

12) El Presidente tendrá que aprender aymara o quechua para cumplir con la CPE (yo también).

13) Todavía existen al menos una docena de Quijotes que quieren tomar las riendas del país.

14) Hay pluralismo y juventud entre los candidatos.

15) No hemos roto relaciones con Perú.

16) Una mujer es Prefecta electa por el voto popular.

17) Todavía tenemos agua.

18) Todavía llegan turistas…

Hay muchas más cosas que festejar, son dos siglos de razones acumuladas y, aunque en algunos momentos puedan sentir que estamos retrocediendo, también hemos avanzado:

1) Antes había muchos bolivianos que no se identificaban con el Estado boliviano; hoy sí se identifican con él y debemos lograr que eso se mantenga más allá del turno de un gobierno.

2) Antes no nos preocupaba mucho la democracia; ahora que sus instituciones están en riesgo, la defendemos.

3) Antes no nos rasgábamos las vestiduras por la nación boliviana; ahora que hay 36 naciones y la boliviana no aparece, la extrañamos.

4) Antes éramos República, ahora también pero con más ganas.

5) Antes sólo nos interesaba el Estado para plantearle demandas, hoy nos interesa que sus instituciones funcionen.

Entre otros temas, es importante resaltar que la crisis se ha profundizado de tal forma que ya se presentan las salidas, llegamos al fondo, y sólo queda empezar a salir. Estamos en una transición y, aunque nos ha llevado 200 años, se presenta el momento de empezar a construir el Estado permanente, que tenga como sus dos motores principales un diseño autonómico departamental y la inclusión de todos los bolivianos y bolivianas en calidad de iguales, y con igual acceso a las oportunidades.

Es un gran momento para dejar de lamentarnos por la opresión colonial o la pérdida del Litoral y concentrar la energía en los recursos humanos, en la gente, en esos potenciales emigrantes y darles condiciones para quedarse. Es un gran momento, tenemos la tarea de reconstruir la República. ¿A ustedes les gustan los retos?

Fuente: La Prensa