Recorrido en video por algunas de sus canciones más recordadas
Muchísimos temas a los que Mercedes Sosa prestó su inconfundible voz integran un repertorio que ya es parte de nuestra identidad popular. La NACIÓN recopiló enlaces a videos de algunas canciones que marcaron a fuego la trayectoria de la cantante tucumana.
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domingo, 4 de octubre de 2009
El último disco de Mercedes Sosa puede escucharse en YouTube
Un canal oficial dedicado a la artista reúne todos los temas de Cantora ; también pueden verse fragmentos de un documental sobre la grabación junto a distintos artistas como Charly, Gieco, Spinetta y Cerati
Los temas del álbum de dúos Cantora, que Mercedes Sosa grabó junto a diferentes artistas como Shakira, Charly García, Pedro Aznar, León Gieco y Gustavo Cerati, pueden escucharse en un canal oficial dedicado a "La Negra" en YouTube.
Asimismo, en el sitio de videos están publicados fragmentos del documental Viaje íntimo, que registró la grabación del disco e incluye testimonios de sus participantes.
Los temas del álbum de dúos Cantora, que Mercedes Sosa grabó junto a diferentes artistas como Shakira, Charly García, Pedro Aznar, León Gieco y Gustavo Cerati, pueden escucharse en un canal oficial dedicado a "La Negra" en YouTube.
Asimismo, en el sitio de videos están publicados fragmentos del documental Viaje íntimo, que registró la grabación del disco e incluye testimonios de sus participantes.
Mercedes Sosa: érase una voz en América
Galería: una vida en imágenes
«Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría»
MANUEL DE LA FUENTE MADRID
Mercedes Sosa ha fallecido a los 74 años en un hospital de Buenos Aires, a consecuencia de la complicación de la enfermedad hepática que padecía.
Se calla el cantor, calla la vida, y qué es la vida, sin el canto. Año 1979, cuando los Ford Falcon del terror eran ángeles exterminadores en las tinieblas de la noche oscura, la interminable noche argentina. Quisieron callarla, los milicos quisieron que su voz mineral y telúrica callara. No se atrevían con ella, con su inmensidad de madre austral, de matriarca americana, y quisieron cortar de raíz las flores de su cancionero, la acosaron, la persiguieron, la silenciaron, detuvieron a quienes iban a escucharla, y Mercedes Sosa se tuvo que ir con la música y con la vida a otra parte.
Primero, París, donde el corazón se le partió más de una vez, era tanta la tristeza. Luego Madrid, 1980, entre amigos, entre compañeros, más recogida, más abrazada. Ya no era una niña, ni en la vida ni en el canto. Ya reposaban en su pollera treinta años de carrera, y un puñado de discos palpitantes: «Yo no canto por cantar» (1966), «El grito de la tierra» (1970), «Hasta la victoria» (1972), «A que florezca mi pueblo» (1975), «Si se calla el cantor» (1977), que la habían convertido en referente inevitable de la renovación de la música popular argentina y también hispanoamericana.
En voces como la suya, el folclore revivía, cobraba otra vida, reverdecía, se alimentaba de savia refrescante, y las viejas melodías le sentaban a los nuevos tiempos como un guante. Neruda (aunque a veces le parecía un poco machista), Gabriela Mistral, Víctor Jara, Violeta Parra, Jorge Cafrune, Horacio Guaraní, ningún verso le fue ajeno a Mercedes Sosa, «La Negra». Le dio gracias a la vida muchas veces, pero también le cantó las cuarenta y las que fueran menester a todo lo que apestara a silencio, a prohibición, a condena. Su voz fue un himno para los corazones de América toda, y fue trino libertario por aquí, entre nosotros, en los días en que también estrenábamos cantos de vida y de esperanza, sones de democracia, estribillos de libertad. Por fin, tantos muertos después, Argentina volvió a brotar hermosa y austral, descomunal y verdadera, y para nosotros siempre hermana.
Himnos para el corazón
Los Falcon se fueron perdiendo en la noche de los tiempos, los milicos, más o menos, acabarían en el banquillo, y Mercedes Sosa volvió a su tierra, a aquella patria descoyuntada que más que nunca necesitaba una canción: «Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre. Ni el recuerdo ni el dolor, de mi pueblo y de mi gente», la inolvidable y conmovedora canción del chileno Julio Numhauser. Siguieron los discos, «Vengo a ofrecer mi corazón», (1985), «Gracias a la vida» (1987), «Amigos míos» (1988), siguieron sus paseos humanos y musicales por medio mundo, por las plazas y los estadios, por los teatros y las barriadas. Cantaba Mercedes Sosa, cantaba «La Negra», y hasta la tierra callaba por admirarla: «Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría». Aquella adolescente de rasgos indígenas que había debutado en un concurso de la radio de su Tucumán natal en 1950, era ya una toda una señora de la canción popular universal, reclamada por los públicos de los cuatro esquinas del planeta. No faltaron los premios ni los reconocimientos, como ser nombrada embajadora de Unicef. No faltaron sin embargo los dolores del alma, ni los del cuerpo (la vista, una parálisis), pero su energía ancestral la mantuvo en pie. Volvieron las giras y las grabaciones, como la «Misa Criolla» (2000) y «Corazón Libre» (2005), volvieron hasta ahora mismito. Sí, su voz fue un himno para nuestros corazones, te dirá cualquier pibe, en la Plaza de Mayo, en la plaza del dolor y la esperanza. Te lo dirán también Leon Giecco y Charly García, y Fito Páez y Milton Nascimento. Te lo dirán también Serrat y Caetano, y Julieta Venegas, y Shakira, y Lila Downs (sin duda su heredera) y Sabina… que apenas hace unos meses grababan con ella su último disco, «Cantora», ya todo un clásico en media América.
Fue una mujer bandera, una tucumana de bandera, pero que siempre prefirió confesar que había vivido. «No me pregunten de política, yo, como mucho, sólo entiendo de la vida» decía. Toda una vida revoloteando de canción en canción, de denuncia en denuncia. Su voz, la voz a ella debida, la voz de América, Mercedes Sosa mujer de las pampas del alma y de los andes del corazón, mujer de una pieza, que siempre supo que las cosas no cambiaron tanto como esperábamos, ni mucho menos tanto como queríamos, ella que toda su vida le cantó a las estirpes condenadas a cien años de soledad, a las que intentó, con su voz, dar una segunda oportunidad sobre la Tierra, a pesar de que ella, la Sosa, «La Negra», sabía que quizá la canción y la poesía fueron armas (sólo de fogueo) cargadas de futuro y «que hay que reconocer que el canto y la poesía no ayudan tanto como una quisiera, como una deseara».
Ha callado el cantor, ha callado la cantora. América se ha quedado muda. Se la ha llevado la vida, se la ha llevado la muerte. América huérfana de madre, América huérfana de voz. Mercedes Sosa, hoy te lloran en todas las esperanzas cantadas en español, hoy, Mercedes Sosa, te lloran en todos los continentes, y en todos también te recuerdan, con las promesas que Rafael Amor puso en tu voz: «Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia / los únicos vencidos corazón, son los que no luchan». Ahora lo sabemos: ni todos los Ford Falcon del mundo habrían podido contigo, Negra.
Fue una mujer bandera, una tucumana de bandera, pero que siempre prefirió confesar que había vivido. «No me pregunten de política, yo, como mucho, sólo entiendo de la vida» decía. Toda una vida revoloteando de canción en canción, de denuncia en denuncia. Su voz, la voz a ella debida, la voz de América, Mercedes Sosa mujer de las pampas del alma y de los andes del corazón, mujer de una pieza, que siempre supo que las cosas no cambiaron tanto como esperábamos, ni mucho menos tanto como queríamos, ella que toda su vida le cantó a las estirpes condenadas a cien años de soledad, a las que intentó, con su voz, dar una segunda oportunidad sobre la Tierra, a pesar de que ella, la Sosa, «La Negra», sabía que quizá la canción y la poesía fueron armas (sólo de fogueo) cargadas de futuro y «que hay que reconocer que el canto y la poesía no ayudan tanto como una quisiera, como una deseara».
Ha callado el cantor, ha callado la cantora. América se ha quedado muda. Se la ha llevado la vida, se la ha llevado la muerte. América huérfana de madre, América huérfana de voz. Mercedes Sosa, hoy te lloran en todas las esperanzas cantadas en español, hoy, Mercedes Sosa, te lloran en todos los continentes, y en todos también te recuerdan, con las promesas que Rafael Amor puso en tu voz: «Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia / los únicos vencidos corazón, son los que no luchan». Ahora lo sabemos: ni todos los Ford Falcon del mundo habrían podido contigo, Negra.
Murió Mercedes Sosa
La cantante, de 74 años, falleció hoy a las 5.15 en el sanatorio de la Trinidad; el último parte médico había indicado “un deterioro en sus funciones orgánicas”; sus restos serán velados en el Congreso de la Nación a partir del mediodía
La familia de Mercedes Sosa subió inmediatamente a la página web de la cantante, un comunicado en el que informó la muerte de la artista, ocurrida hoy a las 5.15 en el Sanatorio de la Trinidad.
El texto familiar es el que sigue: “En el día de la fecha, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, tenemos que informarle que la señora Mercedes Sosa, la más grande Artista de la Música Popular Latinoamericana, nos ha dejado.
Haydé Mercedes Sosa, nació el día 9 de Julio de 1935 en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Con 74 años de edad y una trayectoria de 60 años, Ella transitó diversos países del mundo, compartió escenarios con innumerables y prestigiosos artistas, y dejó además, un enorme legado de grabaciones discográficas.
Su voz llevó siempre un profundo mensaje de compromiso social a través de la música de raíz folclórica, sin prejuicios de sumar otras vertientes y expresiones de calidad musical.
Su talento indiscutible, su honestidad y sus profundas convicciones dejan una enorme herencia para las generaciones futuras. Admirada y respetada en todo el mundo, Mercedes se constituye como un símbolo de nuestro acervo cultural que nos representará por siempre y para siempre.
Sus restos serán velados en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Honorable Congreso de la Nación, Avda. Rivadavia 1864 a partir del mediodía de hoy.
Su Familia, allegados y amigos, agradecen profundamente el acompañamiento y el apoyo expresado en estos días”.
La familia de Mercedes Sosa subió inmediatamente a la página web de la cantante, un comunicado en el que informó la muerte de la artista, ocurrida hoy a las 5.15 en el Sanatorio de la Trinidad.
El texto familiar es el que sigue: “En el día de la fecha, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, tenemos que informarle que la señora Mercedes Sosa, la más grande Artista de la Música Popular Latinoamericana, nos ha dejado.
Haydé Mercedes Sosa, nació el día 9 de Julio de 1935 en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Con 74 años de edad y una trayectoria de 60 años, Ella transitó diversos países del mundo, compartió escenarios con innumerables y prestigiosos artistas, y dejó además, un enorme legado de grabaciones discográficas.
Su voz llevó siempre un profundo mensaje de compromiso social a través de la música de raíz folclórica, sin prejuicios de sumar otras vertientes y expresiones de calidad musical.
Su talento indiscutible, su honestidad y sus profundas convicciones dejan una enorme herencia para las generaciones futuras. Admirada y respetada en todo el mundo, Mercedes se constituye como un símbolo de nuestro acervo cultural que nos representará por siempre y para siempre.
Sus restos serán velados en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Honorable Congreso de la Nación, Avda. Rivadavia 1864 a partir del mediodía de hoy.
Su Familia, allegados y amigos, agradecen profundamente el acompañamiento y el apoyo expresado en estos días”.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Cordalis admite que usó ritmo boliviano y quiere negociar
Costa Cordalis, el músico que grabó sin autorización una versión de la canción Cuando florezca el chuño, del grupo boliviano K’ala Marka, admitió ayer que ésta “es una melodía tradicional andina” y anunció que ya está en negociaciones con el compositor y líder del conjunto, Hugo Gutiérrez, radicado en Francia.
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Juanes en Cuba: la victoria del arte sobre la historia (Carlos Aliaga Uria)
Cuba –plaza de la revolución– años atrás. Fidel congregaría como un millón en ésta –solo para escucharlo, representando, capitalizando, el espíritu histórico, que por sus fines sin límites, creó la dictadura para construir un socialismo sin libertades, y pues uno caduco para la mente, que “… no hay más grande esclavo que aquel que no piensa por sí mismo”.
Plaza de la revolución –el pasado domingo. En contraste a Fidel, el rockero y pues artista, Juanes, congregaría allí, a más de un millón, expresando, capitalizando, no solo para Cuba sino también para el mundo, un mensaje de paz, confraternidad, humanidad, y especialmente de: libertad.
Los afectos a la historia aquí y allá, vanamente tratan, tal vez con las mejores intenciones, de construir el socialismo. En gran contraste, los adeptos al gran arte allá y aquí, funcional y estéticamente, no tratan de construir el socialismo sino más bien tratan de liberar el bien común.
Los adeptos a la historia, usan a las masas, pisoteando los derechos y obligaciones civiles e individuales, para darnos lo injusto del socialismo –porque el socialismo, al en su esencia buscar la igualdad, conlleva a una sociedad injusta, porque la igualdad es injusta, ya que las necesidades y habilidades de uno son diferentes a las de otro (Marx era muy conciente de esto pero no así los marxistas y pues los seguidores de aquel que nunca se consideró marxista).
En contraste, los afines al gran arte, no se basan en las masas, sino en el individuo (que por ende es un ser social al menos si está con vida). Y así, el gran artista, no promueve lo injusto de la igualdad, sino más bien nos conduce a la justicia, entendiendo que ésta se funda en reconocer, no sólo las necesidades y habilidades que cada individuo (y no así el Estado) determina para y por si mismo, sino también promueve la liberación de éstos, que se da con el respeto a las diferencias entre cada individuo, que implica reconocer, no solo nuestras aspiraciones sino especialmente nuestros límites.
Fidel ya –y muy bien– hace mucho tiempo lo dijo: “mi vida privada no es pública”. Empero, ¿será así incluso para él en el Estado que dictatorialmente lo creó, donde, por el socialismo, la inteligencia estatal y militar no respetan la privacidad de ningún individuo en Cuba?
En contraste, sólo en el gran arte es que se cumple aquello de que, “mi vida privada no es pública”, porque sólo el gran artista, no impone su voluntad sobre otros, como lo trata de hacer un Estado político, especialmente aquel en el que se viola la carta magna, que implica la separación de poderes, o la trascendencia positiva de un Estado feudal o neo-feudal, donde el rey, caudillo, dictador, o jefazo, organiza a la multitud, para promover su arbitrario y abusivo, y pues opresivamente centralista poder.
En suma, Juanes, el gran artista, en Cuba el pasado domingo 20 del presente, logró lo que nunca pudo lograr Fidel (o la encarnación más reciente del espíritu histórico): congregar a más de un millón, no para aburrir a millones (sometidos a la distracción de tener que escuchar al rey Fidel darle y darle, por horas de horas, sobre lo histórico de la ahora histérica revolución socialista, que machaca la fragilidad del individuo), sino más bien para deleitar y re-crear, liberando en sus corazones y mentes –aunque sea por un día–, los sentimientos y pensamientos, el delirio y la ilusión de: paz, confraternidad y estético amor humanos.
Así, en Cuba este pasado domingo y para ejemplo y re-creación del mundo, se dio la anhelada victoria de ti, oh gran arte, sobre, oh tú, nefasta historia –salud, cheers, l´chaim, hermanas y hermanos artistas, que como Prometeo, utilizasteis vuestro fuego convertido esta vez en talento musical, para dar a nuestros corazones y mentes, la llama y el agua de, oh tú: libertad, o la base de la verdadera creación, confraternidad, sociedad y paz humanas –en la tierra y, por qué no, el resto del cosmos….
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(www.myspace.com/aliaga7)
Plaza de la revolución –el pasado domingo. En contraste a Fidel, el rockero y pues artista, Juanes, congregaría allí, a más de un millón, expresando, capitalizando, no solo para Cuba sino también para el mundo, un mensaje de paz, confraternidad, humanidad, y especialmente de: libertad.
Los afectos a la historia aquí y allá, vanamente tratan, tal vez con las mejores intenciones, de construir el socialismo. En gran contraste, los adeptos al gran arte allá y aquí, funcional y estéticamente, no tratan de construir el socialismo sino más bien tratan de liberar el bien común.
Los adeptos a la historia, usan a las masas, pisoteando los derechos y obligaciones civiles e individuales, para darnos lo injusto del socialismo –porque el socialismo, al en su esencia buscar la igualdad, conlleva a una sociedad injusta, porque la igualdad es injusta, ya que las necesidades y habilidades de uno son diferentes a las de otro (Marx era muy conciente de esto pero no así los marxistas y pues los seguidores de aquel que nunca se consideró marxista).
En contraste, los afines al gran arte, no se basan en las masas, sino en el individuo (que por ende es un ser social al menos si está con vida). Y así, el gran artista, no promueve lo injusto de la igualdad, sino más bien nos conduce a la justicia, entendiendo que ésta se funda en reconocer, no sólo las necesidades y habilidades que cada individuo (y no así el Estado) determina para y por si mismo, sino también promueve la liberación de éstos, que se da con el respeto a las diferencias entre cada individuo, que implica reconocer, no solo nuestras aspiraciones sino especialmente nuestros límites.
Fidel ya –y muy bien– hace mucho tiempo lo dijo: “mi vida privada no es pública”. Empero, ¿será así incluso para él en el Estado que dictatorialmente lo creó, donde, por el socialismo, la inteligencia estatal y militar no respetan la privacidad de ningún individuo en Cuba?
En contraste, sólo en el gran arte es que se cumple aquello de que, “mi vida privada no es pública”, porque sólo el gran artista, no impone su voluntad sobre otros, como lo trata de hacer un Estado político, especialmente aquel en el que se viola la carta magna, que implica la separación de poderes, o la trascendencia positiva de un Estado feudal o neo-feudal, donde el rey, caudillo, dictador, o jefazo, organiza a la multitud, para promover su arbitrario y abusivo, y pues opresivamente centralista poder.
En suma, Juanes, el gran artista, en Cuba el pasado domingo 20 del presente, logró lo que nunca pudo lograr Fidel (o la encarnación más reciente del espíritu histórico): congregar a más de un millón, no para aburrir a millones (sometidos a la distracción de tener que escuchar al rey Fidel darle y darle, por horas de horas, sobre lo histórico de la ahora histérica revolución socialista, que machaca la fragilidad del individuo), sino más bien para deleitar y re-crear, liberando en sus corazones y mentes –aunque sea por un día–, los sentimientos y pensamientos, el delirio y la ilusión de: paz, confraternidad y estético amor humanos.
Así, en Cuba este pasado domingo y para ejemplo y re-creación del mundo, se dio la anhelada victoria de ti, oh gran arte, sobre, oh tú, nefasta historia –salud, cheers, l´chaim, hermanas y hermanos artistas, que como Prometeo, utilizasteis vuestro fuego convertido esta vez en talento musical, para dar a nuestros corazones y mentes, la llama y el agua de, oh tú: libertad, o la base de la verdadera creación, confraternidad, sociedad y paz humanas –en la tierra y, por qué no, el resto del cosmos….
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(www.myspace.com/aliaga7)
Juanes le cantó al pueblo cubano, no a los autómatas (Marcelo Gonzales Yaksic)
FOJAS CERO
Lo que no se vio detrás de los telones ya está en la página de YouTube y todos los canales de televisión. Se trata del video con las imágenes del incidente sombrío que vivieron los cantantes Juanes, Miguel Bosé y Olga Tañón, momentos antes del concierto cuando descubrieron que eran rastreados por espías y agentes encubiertos de la dictadura castrista. Seguro que esos momentos vividos de tensión y de frustraciones muy húmedas, les obligaron a escoger entre la fragilidad de una democracia con libertad que vivir en la solidez de un socialismo comunitario como el de Cuba, en el que no se puede cantar con espontaneidad. Es que hasta el jueves pasado sólo habíamos visto lo que sucedió desde el escenario hacia afuera, pero los que aún vivimos en libertad hemos percibido que el concierto “Paz sin fronteras” fue un machetazo asestado por unos artistas, unas mujeres y unos hombres soberanos en un ambiente de socialismo sin libertades. En este evento ha destacado la creatividad del individuo sobre el automatismo impuesto por la dictadura, que se limitó a escuchar. Así de claro.
En sana lógica, resulta repetitivo indicar que se trató de un show musical ofrecido a unos cubanos y cubanas mecánicamente amontonados, que han coaccionado a los cantantes para que no cometan la locura de contaminar el ambiente del socialismo comunitario que está necrosado hace más de 50 años. Los momentos desgraciados que vivieron estos artistas son constancia material de como son y operan los comunistas. Ya se sabe que a ese concierto fueron gentes elegidas, esas del partido y otras empujadas por la intimidación política. A Juanes, Bosé y Tañón les ha costado entender esos argumentos monótonos de que en Cuba prevalece una dictadura compacta; y a fuerza de experiencias han tenido que simpatizar, de dientes para adentro, con la gente que se opuso desde el principio al socialismo dictatorial de los Castro. Sólo basta preguntarse ¿Qué tal hubiera sido el concierto con la gente de a pie, con la del verdadero pueblo cubano?
Es que para sacar conclusiones objetivas hay que ver el video del incidente, no mirarlo simplemente. Cuba es un país que vive puro totalitarismo, exactamente ese que reprime todo lo que no es idéntico a lo que piensan o dicen los autócratas que parasitan en el poder. Lo contrario se enarbola en la imagen de estos cantantes, librepensadores y creativos, que ya no conviven con la dictadura de los represores que les han hecho pasar momentos tan aciagos.
En fin, ninguna de las estrellas de este concierto quería consentir, antes del domingo, que los autócratas cubanos los estaban utilizando con fines poco éticos. Ahora, y luego de sentir las lágrimas de Juanes y los solistas que le acompañaron, se ve que están unidos más a ese pueblo sufrido y automatizado que vive una pesadilla por más de medio siglo. Pero una cosa queda clara: En Cuba la persecución y la represión contra propios y extraños continuarán, si los artistas del mundo libre dejan de cantar.
=============
fojascero@gmail.com
fojascero.blogspot.com
Lo que no se vio detrás de los telones ya está en la página de YouTube y todos los canales de televisión. Se trata del video con las imágenes del incidente sombrío que vivieron los cantantes Juanes, Miguel Bosé y Olga Tañón, momentos antes del concierto cuando descubrieron que eran rastreados por espías y agentes encubiertos de la dictadura castrista. Seguro que esos momentos vividos de tensión y de frustraciones muy húmedas, les obligaron a escoger entre la fragilidad de una democracia con libertad que vivir en la solidez de un socialismo comunitario como el de Cuba, en el que no se puede cantar con espontaneidad. Es que hasta el jueves pasado sólo habíamos visto lo que sucedió desde el escenario hacia afuera, pero los que aún vivimos en libertad hemos percibido que el concierto “Paz sin fronteras” fue un machetazo asestado por unos artistas, unas mujeres y unos hombres soberanos en un ambiente de socialismo sin libertades. En este evento ha destacado la creatividad del individuo sobre el automatismo impuesto por la dictadura, que se limitó a escuchar. Así de claro.
En sana lógica, resulta repetitivo indicar que se trató de un show musical ofrecido a unos cubanos y cubanas mecánicamente amontonados, que han coaccionado a los cantantes para que no cometan la locura de contaminar el ambiente del socialismo comunitario que está necrosado hace más de 50 años. Los momentos desgraciados que vivieron estos artistas son constancia material de como son y operan los comunistas. Ya se sabe que a ese concierto fueron gentes elegidas, esas del partido y otras empujadas por la intimidación política. A Juanes, Bosé y Tañón les ha costado entender esos argumentos monótonos de que en Cuba prevalece una dictadura compacta; y a fuerza de experiencias han tenido que simpatizar, de dientes para adentro, con la gente que se opuso desde el principio al socialismo dictatorial de los Castro. Sólo basta preguntarse ¿Qué tal hubiera sido el concierto con la gente de a pie, con la del verdadero pueblo cubano?
Es que para sacar conclusiones objetivas hay que ver el video del incidente, no mirarlo simplemente. Cuba es un país que vive puro totalitarismo, exactamente ese que reprime todo lo que no es idéntico a lo que piensan o dicen los autócratas que parasitan en el poder. Lo contrario se enarbola en la imagen de estos cantantes, librepensadores y creativos, que ya no conviven con la dictadura de los represores que les han hecho pasar momentos tan aciagos.
En fin, ninguna de las estrellas de este concierto quería consentir, antes del domingo, que los autócratas cubanos los estaban utilizando con fines poco éticos. Ahora, y luego de sentir las lágrimas de Juanes y los solistas que le acompañaron, se ve que están unidos más a ese pueblo sufrido y automatizado que vive una pesadilla por más de medio siglo. Pero una cosa queda clara: En Cuba la persecución y la represión contra propios y extraños continuarán, si los artistas del mundo libre dejan de cantar.
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fojascero@gmail.com
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A Dios le pido (Carlos Morales Peña)
CATALEJOS
1.150.000 personas, la mayoría cubanos, se movilizaron detrás de Juanes, el cantante colombiano que fue más allá del arte y, pese a las amenazas y la polémica, se animó a militar por la paz y la reconciliación de la entrañable nación caribeña. Una paradoja, en el país socialista más ateo de América, los cientos de miles gritaban A Dios le pido, al unísono, por la apertura y la reconciliación de una nación dividida por la ideología. El recital se transformó en un fenómeno histórico. Decenas de programas y movilizaciones a favor y en contra señalaron que la movida de Juanes iba más allá de la música. Y demostró que, como casi siempre, los artistas están por delante en la reflexión y la demanda de acción sobre los grandes problemas de la Humanidad.
Me pareció genial que Juanes no hiciera una apología del régimen cubano y menos se amilanara frente a la derecha cubana asentada en Miami. Fue a enunciar un mensaje sencillo: que el mundo se abra a Cuba, que le dé una oportunidad histórica, y que Cuba se abra al mundo, para que lo bueno de su proceso trascienda sus fronteras y lo malo de su sistema político se transforme. El Concierto por la paz marcó una senda bajo la bandera blanca de todos aquellos que reclaman una Cuba más justa, más libre, para todos sus ciudadanos. Bajo la mirada atenta de la imagen del Che Guevara, miles de personas respaldaron el mensaje por la paz. Fue un acto sin política, sin la densidad ideológica del castrismo. Y Juanes fue muy claro, hay que cambiar el discurso político tanto en Cuba como en Miami, aquel que divide y excluye a los que no piensan lo mismo.
No fue menor el signo que representan los trajes blancos, del mismo color que las mujeres de blanco que marchan en las calles de La Habana por una reforma política del régimen centralista y autoritario encabezado por los hermanos Castro. Cuba interpeló a América con su Revolución durante más de medio siglo, eso está fuera de toda duda. Su Revolución social sigue siendo un ejemplo en muchos planos de su sociedad. La eliminación de un sistema autoritario y clasista, la socialización de la salud y la educación son parte de los logros cubanos. Pero no son menos importantes las fallas y carencias de un sistema sustentado en un partido único, sin libertades plenas y con violaciones a los derechos humanos que son inocultables.
Los autoritarismos de izquierdas y de derechas caen en extremos, incluso, absurdos. Hace pocos días nos enteramos que fueron detenidos dos jóvenes blogueros acusados de traición a la patria por difundir sus formas de pensar por internet. Leímos que las juventudes comunistas estaban cansadas de la censura y las loas al régimen que no se las creen ni los mismos militantes. Disidentes, sindicalistas y periodistas están presos por pensar diferente. Señales de cambios comienzan a surgir a partir de la gestión de Raúl Castro. El libre acceso a la web, la venta de teléfonos celulares y el reconocimiento de ciertas formas de propiedad privada muestran lo insostenible que resulta el régimen centralizado cuyos resultados sociales tienen a la mayoría sumida en las carencias más indignas.
Una democracia plena, con el voto directo y sin restricciones en la participación política, es una aspiración compartida por millones que, obviamente, no se resuelve con un recital. Sin embargo, no es menor el dato que señala que la presentación de Juanes se transformó en el evento público más masivo de la historia de ese país. Una señal que hará pensar a propios extraños por la paz y la apertura en la querida Cuba. Una señal por un cambio, no para volver al pasado, sino para ir a un futuro de derechos plenos para los cubanos y para los latinoamericanos. Es tiempo de cambiar, es tiempo de cambiar, gritó Juanes con todas sus fuerzas, millones lo acompañaron.
==============
El autor es Jefe de Redacción de La Prensa
morales@laprensa.com.bo
1.150.000 personas, la mayoría cubanos, se movilizaron detrás de Juanes, el cantante colombiano que fue más allá del arte y, pese a las amenazas y la polémica, se animó a militar por la paz y la reconciliación de la entrañable nación caribeña. Una paradoja, en el país socialista más ateo de América, los cientos de miles gritaban A Dios le pido, al unísono, por la apertura y la reconciliación de una nación dividida por la ideología. El recital se transformó en un fenómeno histórico. Decenas de programas y movilizaciones a favor y en contra señalaron que la movida de Juanes iba más allá de la música. Y demostró que, como casi siempre, los artistas están por delante en la reflexión y la demanda de acción sobre los grandes problemas de la Humanidad.
Me pareció genial que Juanes no hiciera una apología del régimen cubano y menos se amilanara frente a la derecha cubana asentada en Miami. Fue a enunciar un mensaje sencillo: que el mundo se abra a Cuba, que le dé una oportunidad histórica, y que Cuba se abra al mundo, para que lo bueno de su proceso trascienda sus fronteras y lo malo de su sistema político se transforme. El Concierto por la paz marcó una senda bajo la bandera blanca de todos aquellos que reclaman una Cuba más justa, más libre, para todos sus ciudadanos. Bajo la mirada atenta de la imagen del Che Guevara, miles de personas respaldaron el mensaje por la paz. Fue un acto sin política, sin la densidad ideológica del castrismo. Y Juanes fue muy claro, hay que cambiar el discurso político tanto en Cuba como en Miami, aquel que divide y excluye a los que no piensan lo mismo.
No fue menor el signo que representan los trajes blancos, del mismo color que las mujeres de blanco que marchan en las calles de La Habana por una reforma política del régimen centralista y autoritario encabezado por los hermanos Castro. Cuba interpeló a América con su Revolución durante más de medio siglo, eso está fuera de toda duda. Su Revolución social sigue siendo un ejemplo en muchos planos de su sociedad. La eliminación de un sistema autoritario y clasista, la socialización de la salud y la educación son parte de los logros cubanos. Pero no son menos importantes las fallas y carencias de un sistema sustentado en un partido único, sin libertades plenas y con violaciones a los derechos humanos que son inocultables.
Los autoritarismos de izquierdas y de derechas caen en extremos, incluso, absurdos. Hace pocos días nos enteramos que fueron detenidos dos jóvenes blogueros acusados de traición a la patria por difundir sus formas de pensar por internet. Leímos que las juventudes comunistas estaban cansadas de la censura y las loas al régimen que no se las creen ni los mismos militantes. Disidentes, sindicalistas y periodistas están presos por pensar diferente. Señales de cambios comienzan a surgir a partir de la gestión de Raúl Castro. El libre acceso a la web, la venta de teléfonos celulares y el reconocimiento de ciertas formas de propiedad privada muestran lo insostenible que resulta el régimen centralizado cuyos resultados sociales tienen a la mayoría sumida en las carencias más indignas.
Una democracia plena, con el voto directo y sin restricciones en la participación política, es una aspiración compartida por millones que, obviamente, no se resuelve con un recital. Sin embargo, no es menor el dato que señala que la presentación de Juanes se transformó en el evento público más masivo de la historia de ese país. Una señal que hará pensar a propios extraños por la paz y la apertura en la querida Cuba. Una señal por un cambio, no para volver al pasado, sino para ir a un futuro de derechos plenos para los cubanos y para los latinoamericanos. Es tiempo de cambiar, es tiempo de cambiar, gritó Juanes con todas sus fuerzas, millones lo acompañaron.
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El autor es Jefe de Redacción de La Prensa
morales@laprensa.com.bo
sábado, 26 de septiembre de 2009
Dos alemanes plagian tema de K’ala Marka y lo hacen hit
AUTOR DE CUANDO FLOREZCA EL CHUÑO ANUNCIA PROCESO LEGAL
La canción Cuando florezca el chuño se puede ver interpretada por Cordalis en Youtube y otros sitios.
La canción Cuando florezca el chuño, del grupo boliviano K’ala Marka, fue adaptada y grabada sin autorización por dos músicos alemanes que en las siguientes semanas serán denunciados por plagio.
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La canción Cuando florezca el chuño se puede ver interpretada por Cordalis en Youtube y otros sitios.
La canción Cuando florezca el chuño, del grupo boliviano K’ala Marka, fue adaptada y grabada sin autorización por dos músicos alemanes que en las siguientes semanas serán denunciados por plagio.
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martes, 22 de septiembre de 2009
Juanes y Cía desaprovechan su oportunidad
Editorial de El Mundo (www.elmundo.es)
Pocos conciertos han tenido tanta repercusión internacional y han despertado tanta controversia como el ofrecido este domingo por Juanes y un nutrido grupo de artistas en La Habana. Más ajenos a la polémica dentro de la propia Cuba que fuera -mérito exclusivo de la férrea censura del régimen-, un millón de personas disfrutaron del evento cultural más multitudinario en la historia del país.
A nadie se le escapa que se trataba de mucho más que un maratón. El acontecimiento estaba marcado por la dimensión política que subyacía y por las enormes expectativas que se habían generado tanto entre partidarios como entre detractores de que se celebrara, éstos últimos -sobre todo, parte del exilio en Miami- por considerar que sería aprovechado como un lavado de imagen por el Gobierno castrista. Al final, ha quedado un sabor agridulce. Porque si bien es cierto que Juanes y sus amigos han tenido un comportamiento íntegro y no le han hecho el juego al régimen, antes lo contrario, produce tristeza que artistas con tanta proyección no hayan ido un paso más allá en el rechazo a la dictadura.
No se trataba, obviamente, de que lanzaran proclamas desde el escenario que hubieran podido desencadenar un grave problema de orden público. Pero había muchas formas de hacer patente la oposición al régimen. En primer lugar, sobraba el leitmotiv -Concierto por la Paz-, puesto que si algo no suele faltar en ninguna dictadura -y tampoco en la cubana- es la paz, la paz de los cementerios, a cambio, claro, del estrangulamiento de la libertad. Además, el concierto debería haberse aplazado hasta lograr un levantamiento del veto a muchos de los artistas a los que no se les ha permitido actuar. Porque todo apunta a que, al final, los organizadores del evento se han plegado en exceso a las exigencias del régimen para confeccionar el cartel.
Y, sobre todo, Juanes, Miguel Bosé, Aute, Víctor Manuel o cualquiera de los participantes podía haber tenido algún encuentro, antes o después del concierto, con miembros de la oposición cubana, o incluso haber tratado de visitar cualquiera de las cárceles abarrotadas de presos políticos, para que el gesto humanitario en el que pretendían convertir el concierto fuera algo más que retórica. Pero nada de ello se ha producido, por lo que nos encontramos ante una magnífica oportunidad desaprovechada.
Sin embargo, cabe reconocer que este histórico concierto ha estado trufado de algunos momentos positivos, en los que se trataba de tender puentes de reconciliación entre ciudadanos de la isla y ciudadanos en el exilio. Y no han faltado los mensajes encriptados, pero absolutamente reconocibles, en favor del cambio y la deseada transición en la isla. Sólo así cabe interpretar el apoyo expresado por Juanes a todos cuantos carecen de libertad «estén donde estén», o el grito de Bosé por «la paz, la libertad y la fraternidad entre cubanos». Tal vez por eso organizaciones que se habían opuesto al concierto en las últimas semanas, como el colectivo Cuba Democracia ya, elogiaron ayer el «honesto comportamiento» de Juanes, considerando su actuación como una importante aportación a la transición pacífica en el país.
Hay razones, por lo tanto, para celebrar la que ha sido lo más parecido a una manifestación de libertad en 50 años de Revolución -eso sí, a varios líderes de la disidencia se les prohibió asistir-. Ahora convendría a nuestros artistas recuperarse pronto de la euforia del momento y ponderar lo sucedido. Sobre todo para no escuchar a algunos, como Miguel Bosé, decir cosas tan exageradas como que «Cuba no volverá a ser la misma tras el concierto». Por desgracia, las dictaduras no caen sólo por las buenas intenciones. Bien lo saben los miles de represaliados que llevan cinco décadas luchando para conquistar la democracia.
Pocos conciertos han tenido tanta repercusión internacional y han despertado tanta controversia como el ofrecido este domingo por Juanes y un nutrido grupo de artistas en La Habana. Más ajenos a la polémica dentro de la propia Cuba que fuera -mérito exclusivo de la férrea censura del régimen-, un millón de personas disfrutaron del evento cultural más multitudinario en la historia del país.
A nadie se le escapa que se trataba de mucho más que un maratón. El acontecimiento estaba marcado por la dimensión política que subyacía y por las enormes expectativas que se habían generado tanto entre partidarios como entre detractores de que se celebrara, éstos últimos -sobre todo, parte del exilio en Miami- por considerar que sería aprovechado como un lavado de imagen por el Gobierno castrista. Al final, ha quedado un sabor agridulce. Porque si bien es cierto que Juanes y sus amigos han tenido un comportamiento íntegro y no le han hecho el juego al régimen, antes lo contrario, produce tristeza que artistas con tanta proyección no hayan ido un paso más allá en el rechazo a la dictadura.
No se trataba, obviamente, de que lanzaran proclamas desde el escenario que hubieran podido desencadenar un grave problema de orden público. Pero había muchas formas de hacer patente la oposición al régimen. En primer lugar, sobraba el leitmotiv -Concierto por la Paz-, puesto que si algo no suele faltar en ninguna dictadura -y tampoco en la cubana- es la paz, la paz de los cementerios, a cambio, claro, del estrangulamiento de la libertad. Además, el concierto debería haberse aplazado hasta lograr un levantamiento del veto a muchos de los artistas a los que no se les ha permitido actuar. Porque todo apunta a que, al final, los organizadores del evento se han plegado en exceso a las exigencias del régimen para confeccionar el cartel.
Y, sobre todo, Juanes, Miguel Bosé, Aute, Víctor Manuel o cualquiera de los participantes podía haber tenido algún encuentro, antes o después del concierto, con miembros de la oposición cubana, o incluso haber tratado de visitar cualquiera de las cárceles abarrotadas de presos políticos, para que el gesto humanitario en el que pretendían convertir el concierto fuera algo más que retórica. Pero nada de ello se ha producido, por lo que nos encontramos ante una magnífica oportunidad desaprovechada.
Sin embargo, cabe reconocer que este histórico concierto ha estado trufado de algunos momentos positivos, en los que se trataba de tender puentes de reconciliación entre ciudadanos de la isla y ciudadanos en el exilio. Y no han faltado los mensajes encriptados, pero absolutamente reconocibles, en favor del cambio y la deseada transición en la isla. Sólo así cabe interpretar el apoyo expresado por Juanes a todos cuantos carecen de libertad «estén donde estén», o el grito de Bosé por «la paz, la libertad y la fraternidad entre cubanos». Tal vez por eso organizaciones que se habían opuesto al concierto en las últimas semanas, como el colectivo Cuba Democracia ya, elogiaron ayer el «honesto comportamiento» de Juanes, considerando su actuación como una importante aportación a la transición pacífica en el país.
Hay razones, por lo tanto, para celebrar la que ha sido lo más parecido a una manifestación de libertad en 50 años de Revolución -eso sí, a varios líderes de la disidencia se les prohibió asistir-. Ahora convendría a nuestros artistas recuperarse pronto de la euforia del momento y ponderar lo sucedido. Sobre todo para no escuchar a algunos, como Miguel Bosé, decir cosas tan exageradas como que «Cuba no volverá a ser la misma tras el concierto». Por desgracia, las dictaduras no caen sólo por las buenas intenciones. Bien lo saben los miles de represaliados que llevan cinco décadas luchando para conquistar la democracia.
La revolución de Juanes (Roberto Giusti)
"Después de ayer algo que estaba petrificado en Cuba comienza a ser removido"
Lo que no pudo lograr en cincuenta años el exilio cubano lo hizo Juanes en poco más de cinco horas. Contra todo pronóstico el cantante colombiano se metió en la boca del lobo, con la anuencia del lobo y más de un millón de personas pudieron salir, por una tarde, de esa inmensa cárcel de la isla cubana para conectarse con el mundo exterior en una suerte de comunión intercontinental que las unió con el resto de la humanidad.
No es la revolución nueva contra la vieja revolución que llegó para cambiarlo todo ya y hoy, como ayer, Cuba amaneció con sus mismas taras y la larga lista de sufrimientos y agravios intacta, pero el sólo hecho de que Juanes haya dedicado una canción a los rehenes de las FARC y a todos los presos detenidos injustamente (incluso los cubanos) o que el cantautor Carlos Varela hiciera lo propio con los exiliados de su país en EEUU, nos da la medida de un hecho político de alcance, hacia el futuro, aún no claramente definido.
Porque no fue un acto cultural, como lo definió a priori Barack Obama, sino un concierto con una profunda carga política, una suerte de encuesta (la primera en medio siglo) en la cual los súbditos del socialismo real pudieron corear, aplaudir, cantar, bailar y cuestionar de manera absolutamente espontánea, en acto de liberación y catarsis colectiva que debe ser el principio de un cambio. No en balde lo gritó Olga Tañón a la multitud bajo el tórrido sol habanero: "It is time to change".
El llamado a la paz, el amor y la reconciliación que sería el leit motiv de la gran concentración en el centro del poder castrista, se convirtió en un canto contra la esclavitud y la dictadura. Por primera vez, en la Plaza de la Revolución, se escuchó clamar a dos artistas (no eran políticos, no eran guerrilleros, no eran dirigentes sindicales, ni siquiera exiliados, vendedores de promesas o militares trucados en tiranos), uno español y otro colombiano, vocalizar estrofas sacrílegas en el reino de la palabra sometida: "dame una isla en el medio del mar y llámala libertad".
No fue entonces, como se ha dicho, un acto de ingenuidad, ni tampoco hubo que leer entre líneas porque después de ayer algo que estaba petrificado comienza a ser removido. Y aunque se trata sólo de un principio es evidente que la revolución cubana está en cuenta regresiva. Por eso un cantautor sin experiencia política, pero animado por nobles convicciones y notable sentido de las oportunidades logró penetrar la inexpugnable burocracia cubana y convencerla de convocar a un acto que podía convertirse en demostración de cuestionamiento colectivo. El señuelo fue que el régimen podría exhibir un gesto de apertura ante el mundo. Y lo fue. Raúl Castro sabe que ya no es posible mantener a Cuba suspendida en el pasado e intenta reciclarse en este tiempo de cambio inevitable. Gorbachov lo intentó y fue barrido.
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Fuente: http://www.eluniversal.com/2009/09/22/opi_art_la-revolucion-de-jua_1570419.shtml
Lo que no pudo lograr en cincuenta años el exilio cubano lo hizo Juanes en poco más de cinco horas. Contra todo pronóstico el cantante colombiano se metió en la boca del lobo, con la anuencia del lobo y más de un millón de personas pudieron salir, por una tarde, de esa inmensa cárcel de la isla cubana para conectarse con el mundo exterior en una suerte de comunión intercontinental que las unió con el resto de la humanidad.
No es la revolución nueva contra la vieja revolución que llegó para cambiarlo todo ya y hoy, como ayer, Cuba amaneció con sus mismas taras y la larga lista de sufrimientos y agravios intacta, pero el sólo hecho de que Juanes haya dedicado una canción a los rehenes de las FARC y a todos los presos detenidos injustamente (incluso los cubanos) o que el cantautor Carlos Varela hiciera lo propio con los exiliados de su país en EEUU, nos da la medida de un hecho político de alcance, hacia el futuro, aún no claramente definido.
Porque no fue un acto cultural, como lo definió a priori Barack Obama, sino un concierto con una profunda carga política, una suerte de encuesta (la primera en medio siglo) en la cual los súbditos del socialismo real pudieron corear, aplaudir, cantar, bailar y cuestionar de manera absolutamente espontánea, en acto de liberación y catarsis colectiva que debe ser el principio de un cambio. No en balde lo gritó Olga Tañón a la multitud bajo el tórrido sol habanero: "It is time to change".
El llamado a la paz, el amor y la reconciliación que sería el leit motiv de la gran concentración en el centro del poder castrista, se convirtió en un canto contra la esclavitud y la dictadura. Por primera vez, en la Plaza de la Revolución, se escuchó clamar a dos artistas (no eran políticos, no eran guerrilleros, no eran dirigentes sindicales, ni siquiera exiliados, vendedores de promesas o militares trucados en tiranos), uno español y otro colombiano, vocalizar estrofas sacrílegas en el reino de la palabra sometida: "dame una isla en el medio del mar y llámala libertad".
No fue entonces, como se ha dicho, un acto de ingenuidad, ni tampoco hubo que leer entre líneas porque después de ayer algo que estaba petrificado comienza a ser removido. Y aunque se trata sólo de un principio es evidente que la revolución cubana está en cuenta regresiva. Por eso un cantautor sin experiencia política, pero animado por nobles convicciones y notable sentido de las oportunidades logró penetrar la inexpugnable burocracia cubana y convencerla de convocar a un acto que podía convertirse en demostración de cuestionamiento colectivo. El señuelo fue que el régimen podría exhibir un gesto de apertura ante el mundo. Y lo fue. Raúl Castro sabe que ya no es posible mantener a Cuba suspendida en el pasado e intenta reciclarse en este tiempo de cambio inevitable. Gorbachov lo intentó y fue barrido.
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Fuente: http://www.eluniversal.com/2009/09/22/opi_art_la-revolucion-de-jua_1570419.shtml
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