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jueves, 22 de octubre de 2009

Anti-natura (Juan José Toro Montoya)

Honduras y Nicaragua son dos países centroamericanos vecinos entre sí. Aquel es gobernado por Roberto Micheletti Baín y éste por José Daniel Ortega Saavedra.

En la teoría política, que en los últimos años siempre se sobrepone a la praxis, Micheletti es de derecha y Ortega es de izquierda. El actual detentador del poder en Honduras llegó a esa condición merced a un golpe de Estado urdido por sectores conservadores que pretenden evitar que el presidente electo, José Manuel Zelaya Rosales, involucre a ese país en el esquema de Hugo Chávez.

Ortega fue un guerrillero que lideró el Frente Sandinista de Liberación Nacional, ya gobernó Nicaragua entre 1985 y 1990 y en este segundo periodo lo alineó en el chavismo.

En los papeles, Micheletti y Ortega son agua y aceite, totalmente diferentes entre sí, y es imposible encontrar coincidencias entre ellos. Empero, la organización Reporteros Sin Fronteras lo hizo: los ubicó entre los presidentes que menos respetan la libertad de prensa.

El golpe de Micheletti puso a Honduras en el puesto 128 de una lista de 175 ubicaciones. Nicaragua está mejor posicionado, en el puesto 76, pero su tendencia es a la baja ya que el año anterior estaba en el 59. La lectura que se hace es que la libertad de prensa estuvo erosionándose en ese país en los últimos 12 meses.

¿Cómo se explica esa coincidencia entre dos gobiernos supuestamente diferentes? De Micheletti podemos esperar cualquier cosa —después de todo, interrumpió el proceso democrático de su país— pero… ¿y de Ortega?... ¿Es que acaso los gobiernos de izquierda no son respetuosos de los derechos humanos, entre los que se reconoce a la libertad de expresión?

La respuesta a esas preguntas es una sola: el periodismo es enemigo natural de los políticos.

El origen del periodismo moderno es innegablemente político. Su inventor —que, empero, no tenía idea de lo que estaba inventando— fue Julio César quien ordenó publicar lo que se discutía en las sesiones del Senado en las denominadas Actas Diurnas. No lo hizo para informar al pueblo sino para debilitar a la facción conservadora del Senado.

Con el transcurso de los tiempos, el periodismo intentó independizarse de la política pero los políticos, sabiéndose sus padres, jamás se lo permitieron.

El peligro del periodismo radica en su carácter público. Si un gobierno, sea de izquierda o de derecha, comete un acto ilícito, el pueblo puede llegar a saberlo a través de la prensa. Debido a ello, los políticos no toleran a un periodismo que no esté sometido a ellos, como todo en el juego del poder. Si la prensa se somete, pase y vale pero, si no lo hace, es mejor acallarla.

Micheletti no puede tolerar a una prensa que le endilga diariamente su golpismo así que tiene que censurarla. A Ortega, en cambio, no le conviene una corriente contraria a sus afanes de reelección y prorroguismo.

Lo normal es que haya alternabilidad en el poder pero, cuando una persona o partido llevan demasiado tiempo en él, el descontento se expresa mediante la prensa. Por tanto, es necesario controlarla y, si no se deja, hay que desaparecerla o sustituirla.

Esa es la explicación a las constantes fricciones entre la prensa y los presidentes bolivarianos como Ortega, Rafael Correa, Hugo Chávez y Evo Morales: todos ellos pretenden que la prensa sea parte de su esquema y eso es pedirle que vaya contra su naturaleza.

El periodismo se enfrentó a las dictaduras de derecha, incluso a costa de la vida de muchos de sus hombres, y, por su naturaleza de denunciante de los excesos, no tendrá empacho en hacerlo con estas otras, las que se proclaman de izquierda, aunque eso signifique sufrir censura, presión de los “movimientos sociales” y soportar una legislación amordazante.

Fuente: Los Tiempos

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Micheletti al descubierto (Editorial de El País)

El gobierno golpista de Roberto Micheletti ha declarado el estado de sitio en respuesta a la presencia del depuesto presidente Zelaya en la Embajada de Brasil en Honduras. Libertades como las de expresión, reunión o libre circulación, así como las garantías a los detenidos, quedarán en suspenso durante los próximos 45 días.

También en el plano internacional Micheletti ha endurecido su posición, impidiendo la entrada en el país de dos funcionarios de la OEA y el regreso del embajador de España, además de conceder un plazo de 10 días a Brasil para que defina el estatus bajo el que ha acogido a Zelaya en su legación diplomática. Con estas medidas de fuerza, Micheletti no ha hecho otra cosa que mostrar a la luz del día lo que trató de ocultar tras acceder a la presidencia en brazos del Ejército: su gobierno es incompatible, tanto en origen como en ejercicio, con la Constitución hondureña.

Al proclamar que el estado de sitio se prolongará durante un mes y medio, Micheletti pretende llegar a las presidenciales de noviembre bajo la actual situación de hecho. Si bajo ninguna circunstancia tenía legitimidad para llamar a elecciones, ahora menos que nunca: Micheletti ha ordenado el cierre de medios de comunicación que se opongan a su gobierno y la persecución de los opositores. Lo que, si logra seguir adelante con sus planes, se trataría de una convocatoria electoral realizada por una autoridad sin atribuciones se convertiría, además, en una pantomima que, en último extremo, revela la verdadera naturaleza del poder que se ha instalado en Honduras.

Micheletti no ha podido adoptar disposiciones interiores tan graves como la declaración del estado de sitio sin enfrentarse a la comunidad internacional, puesto que ésta es unánime en la exigencia de restablecer el orden constitucional en Honduras. Se equivoca si piensa que su desafío se limita a la OEA, a Brasil y a España: el paso que acaba de dar aísla aún más a su gobierno y permite observar lo que había detrás de sus inverosímiles argumentos jurídicos para deponer a Zelaya.

La partida que se juega en Honduras afecta a una de las principales líneas de fractura en América Latina, como es la pugna soterrada entre los gobiernos populistas encabezados por Chávez y la izquierda institucionalista, que defiende el derecho del continente a no ser una excepción a la hora de ser gobernado de manera democrática. Hasta ahora, los populistas no han conseguido capitalizar esta crisis, en la que existe un claro perdedor: el pueblo hondureño. Y mucho más si Micheletti se obstina en seguir adelante con sus propósitos. En sus manos está que la situación no evolucione hacia peor.

Nadie puede defender la deriva política a la que parecía estar librándose Zelaya antes de ser depuesto, pero sí el orden constitucional que ha sido vulnerado. Es en nombre de ese orden en el que se le exige a Micheletti que ponga fin a este paréntesis de fuerza y que cese en sus desafíos a la comunidad internacional.

Cristina Kirchner, última en imagen

Encuesta regional



Tiene 23% de aceptación, según un estudio en toda América; Lula supera el 80 por ciento

La presidenta Cristina Kirchner quedó al fondo de la lista de líderes de América más populares, según un estudio coordinado por la consultora mexicana Mitofsky, cuyo tramo argentino fue elaborado por Poliarquía Consultores.

Con un 23 por ciento de imagen positiva, la presidenta argentina termina a una amplísima distancia del salvadoreño Mauricio Funes, que llevaba tres meses en el poder al momento de cerrar la encuesta y conseguía un 84 por ciento de aprobación de su gestión de gobierno.

Pero quien aparece más fortalecido es el segundo de la lista: a poco de terminar su segundo mandato, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva retiene un 81 por ciento de imagen positiva. Y lo sigue de cerca la chilena Michelle Bachellet (78%), que se recuperó de un traumático inicio de gestión y llega a los días finales de su período gubernamental en su mejor momento.

En cuarto lugar se ubicó el panameño Ricardo Martinelli (con 77%); lo sigue el colombiano Alvaro Uribe, con el 70%. Todos éstos superan la evaluación con un "excelente", según la consultora.

Con nota alta, entre 55 y 65 por ciento de aprobación, aparecen Tabaré Vázquez (Uruguay), Felipe Calderón (México) y Evo Morales (Bolivia).

Apenas en mitad de la tabla aparece el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama: quedó noveno, con 52 por ciento de aprobación. En su categoría ("evaluación media") se anotan también Rafael Correa, de Ecuador; Fernando Lugo, de Paraguay, y Alvaro Colom, de Guatemala.

Cristina Kirchner quedó sola junto al peruano Alan García en la categoría "evaluación muy mala". La encuesta sobre su popularidad fue elaborada en agosto pasado.

Este es el segundo año en que Mitofsky presenta su índice de aprobación de presidentes.

Para la presidenta argentina queda un pequeño consuelo: algunos países de la región quedaron fuera de la encuesta por carencia de estadísticas.

Entre ellos figuran República Dominicana, Canadá, Nicaragua y la Venezuela de Hugo Chávez. Tampoco se tomó en cuenta a Honduras, a raíz del golpe de Estado que dejó fuera del poder al presidente Manuel Zelaya.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Honduras: "Nos empujan a la lucha armada"

La resistencia al golpe se organiza en los barrios marginales de Tegucigalpa para apoyar a Zelaya



TEGUCIGALPA (De un enviado especial de La Nación de Buenos Aires).- "Oiga, aquí va a haber una matancina." En el barrio Estados Unidos, en el sudoeste de Tegucigalpa, la resistencia al golpe de Estado se organiza para salir hoy a las calles de la capital a cumplir con el llamamiento de Manuel Zelaya para una "ofensiva final" contra el régimen de Roberto Micheletti.

Humildes entre los humildes, los pobladores de los barrios marginales denuncian que su paciencia ha llegado a un límite. "Estamos preparados para tomar las armas", afirman a LA NACION los miembros de la resistencia que celebran una reunión en la casa de un militante.

"Nosotros somos un pueblo temeroso y desarmado, pero nuestra paciencia tiene un límite, y si no hay otra alternativa y le pasa algo a Mel, aquí se va a armar una guerra civil", comenta el hombre que lleva la voz cantante en el grupo, que prefiere reservar su identidad, como la veintena de asistentes a la asamblea, por motivos de seguridad.

Para todos los presentes en la reunión, dirigentes barriales y militantes de base, la única solución pasa a estas alturas por una intervención militar de la ONU. "Que vengan los cascos azules", grita un anciano. "Azules o rojos o del color que sea", completa una mujer madura, ante las carcajadas de los demás.

En el recuerdo de los miembros del Frente de Resistencia están las guerras civiles de El Salvador, de Guatemala, de Nicaragua, escenarios que descartan en Honduras en estos momentos, pero no a mediano plazo si los golpistas no abandonan el poder: "No queremos que nos suceda lo mismo, pero nos están empujando a la lucha armada", dice otro de los militantes.

Mujeres y hombres, ancianos y jóvenes, la milicia de Mel Zelaya anda de momento desarmada. Son albañiles, pintores, electricistas, muchos de ellos desempleados. El populoso barrio de Estados Unidos es sólo una pequeña muestra de la gigantesca brecha social que se extiende por todo el país, uno de los más empobrecidos de América latina. Dominado secularmente por un puñado de familias adineradas, desangrado por asonadas militares y podrido por una corrupción política perenne, Honduras no logra levantar cabeza.

Sin pavimento en las calles y con la basura aglomerada en las esquinas, el barrio Estados Unidos vive bajo el olvido de los políticos, que sólo lanzan sus promesas de inversión cuando se aproximan elecciones. Con la llegada de Zelaya al poder, muchos pobladores del barrio vieron en el terrateniente de Olancho al líder que habían estado buscando desde hacía años.

El mandatario subió el salario mínimo casi el doble, hasta las 5500 lempiras mensuales (unos 275 dólares), e impulsó una serie de programas sociales y subsidios a las clases populares que provocaron la indignación de buena parte del sector empresarial.

"Una familia apenas puede llegar a fin de mes con 6000 lempiras, pero ahora el régimen está retirando esa subida que hizo Mel, nos están quitando los subsidios y nos han subido la luz al doble", se queja una mujer.

La resistencia rechaza la celebración de elecciones el próximo 29 de noviembre bajo el estado de sitio que vive el país. "No se dan las condiciones para las elecciones. Gane quien gane, si Mel no vuelve antes al poder, vamos a seguir en las calles", explican.

Cuando se les pregunta por la escasa participación en la mayoría de las marchas, todos responden al unísono: "Es por temor a que nos maten. La policía nos reprime con balas". Oficialmente, hay cuatro muertos contabilizados desde junio por la represión del régimen. Pero los zelayistas denuncian que hay muchos más.

Heridos de bala

El miércoles pasado, dos días después del regreso de Zelaya a Honduras, LA NACION pudo constatar en el Hospital Escuela de Tegucigalpa el ingreso de cinco manifestantes con heridas de bala. Los militantes se habían concentrado pacíficamente en una avenida de la capital cuando policías motorizados abrieron fuego indiscriminadamente, según denunciaron varios sindicalistas.

Para los zelayistas, la solución no sólo pasa por la restitución del mandatario derrocado, que se refugia desde hace una semana en la embajada de Brasil. Las bases populares de Zelaya demandan la convocatoria de una Asamblea Constituyente, la iniciativa que el mandatario estaba impulsando y que fue el detonante del golpe de Estado del 28 de junio.

La reforma constitucional serviría, según los zelayistas, para acabar con décadas de injusticia social y otorgaría más participación ciudadana a las clases más desfavorecidas del país. A Zelaya lo consideran todos un símbolo indispensable para que se lleve a cabo ese proceso de cambio. De ahí que todos coincidan en que la Constituyente debe incluir necesariamente la reelección presidencial que prohíbe la Carta Magna actual.

Animada por la presencia de Zelaya en Honduras, la tropa zelayista está con la moral alta. A pesar de la militarización de la capital, los zelayistas advierten que hoy saldrán a la calle nuevamente para reclamar la vuelta al poder de su líder. Y así seguirán hasta que los cascos azules o rojos o de cualquier otro color pongan orden en un país que, si nadie lo evita, se encamina hacia un enfrentamiento civil de consecuencias impredecibles.

sábado, 26 de septiembre de 2009

La gran potencia brasileña y el caso ejemplar de Honduras (Elizabeth Burgos)

La gran potencia brasileña y el caso ejemplar de Honduras (Elizabeth Burgos)
Manuel Zelaya no incurrió en un hecho fortuito al aparecer de “huésped” de la embajada de Brasil en Tegucigalpa. Difícilmente puede pretender hacernos creer el presidente Lula da Silva que Zelaya no contó con la complicidad decisiva de su gobierno para lograr finalmente introducirse en Honduras. La fecha escogida para el retorno de Zelaya a Honduras, en vísperas de la celebración de la Asamblea General de la ONU, tampoco es un hecho casual. El presidente brasileño sabía que podía contar con el mayor escenario político del mundo para dar una versión de los hechos acaecidos en Honduras que cuadrara con su estrategia y confirmar ante la opinión pública mundial que la voz que cuenta en América Latina es la suya. La posición del Gobierno fue subrayada por Lula, quien exigió hoy ante la Asamblea General de la ONU el “inmediato” regreso de Zelaya al poder y que la comunidad internacional esté “alerta” en cuanto a la “inviolabilidad” de la embajada brasileña en Honduras, en la que le garantizó “refugio” al jefe de Estado depuesto. El inefable asesor para Asuntos Internacionales de la Presidencia, Marco Aurelio García, reiteró por su parte que Brasil solo “cumplió con una obligación humanitaria y diplomática”. Haciendo gala de su formación comunista que pretende que quien no está de acuerdo con el Partido es agente del enemigo, declaró que “quien sostiene que Brasil interfiere debe sentir simpatía por los golpistas” y “estar animado por un afán opositor injustificable”.

Por su parte el canciller del Brasil, Celso Amorim, desde Nueva York en tono amenazante apenas velado, que Zelaya estaba bajo la protección del Brasil y esperaba que “las autoridades de facto harían prueba de buen sentido para favorecer una solución rápida y pacifica”.

Tampoco es posible creer que Lula haya actuado en el caso Zelaya sin contar con el visto bueno de Washington. Tras la aparición de Zelaya en Honduras, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaró que “ahora que el presidente Zelaya está de regreso, será oportuno de restablecerlo en sus funciones en circunstancias adecuadas, celebrar las elecciones programadas en noviembre, garantizar una transición pacifica de la autoridad presidencial y restablecer el orden constitucional y democrático en Honduras”. Más claro no canta un gallo. El método es conocido; cuando un gobierno desobedece o desagrada a una gran potencia, se le quita del medio. Los viejos métodos persisten, sólo los actores han variado. Antes Estados Unidos decidía por su cuenta ejercer su derecho a ingerencia en América Latina, hoy comparte esa derecho con el Brasil.

Pero lo sorprendente del papel del Brasil en el caso de Zelaya, es que hace aparecer una de las diplomacias más sutiles del planeta, en un papel digno de “república bananera” que seguramente tendrán secuelas en la política doméstica brasileña.

Ya comienzan a escucharse en el Brasil voces discordantes que hablan de “injerencia en asuntos internos” de otro país, en particular si se tiene en cuenta la actividad desplegada por Zelaya desde la sede de la embajada; en lugar de la actitud de discreción que se le exige a un refugiado político, ha convertido la embajada en un centro desde el que arenga a las masas incitándolas a la acción, lo cual contraría las normas del asilo y la diplomacia. El hecho de que las autoridades brasileñas se lo permitan, demuestra la complicidad que existe de su parte y demuestra que toman parte como protagonistas activas de los hechos.

El senador José Agripino Maia, del opositor partido Demócratas, dijo que Brasil se ha inmiscuido en “una confusión innecesaria” y hasta preguntó si Lula “aceptó entrar en el juego” para “quedar bien con Hugo Chávez“, el líder venezolano que, al parecer, cedió el avión en que regresó a su país el presidente depuesto Aunque se habla de la calidad de refugiado del expresidentes depuesto y el propio presidente Lula da Silva declaró que su “gobierno actuó atendiendo a la tradición brasileña de prodigar el “derecho al asilo”, palabras que plantean un dilema a las normas de la diplomacia y del asilo político, pues si no hay duda de que se le debe dar asilo a un perseguido, víctima de la arbitrariedad del poder, o la situación de Zelaya no es esa.

El Partido Popular Socialista (PPS) ha pedido que se aclare cómo Zelaya llegó hasta la embajada y también su permanencia en la sede, pues “como no se trata de un asilo, parece haber una participación de la diplomacia brasileña en una acción clandestina y en una clara injerencia en asuntos internos de otro país”.

Y el diputado Raul Jungmann, del PPS, sostiene que “la embajada brasileña se ha transformado en tribuna electoral” y el canciller Celso Amorim “debe ser responsabilizado por eso”.

El senador Arthur Virgilio, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), afirmó que “si el Gobierno combinó todo esto, se trata de un disparate diplomático imperdonable”.

Virgilio admitió que “es correcto dar abrigo”, pero señaló que “también lo es impedir la actividad política” desde la legación.

En cualquier caso, sostuvo que “Brasil perdió la posibilidad de ser un interlocutor en esta crisis, pues está directamente implicado en la campaña para restablecer el mandato del presidente Zelaya”.

La cuestión es delicadísima, porque abarca la garantía y respeto a la inviolabilidad de la embajada, en momentos en que abriga a un presidente depuesto que regresa para intentar recuperar el poder”, indicó en un editorial el diario O Globo.

El periódico agregó que “se trata de una situación inédita, pues el refugio generalmente es concedido a personas que se ven obligadas a dejar un país, y no a las que vuelven”.

No cabe duda de que la presencia de Zelaya en Honduras introduce una nueva variable en el panorama de la región . Por una parte reactiva la exacerbación del conflicto cuando ya la situación en Honduras había cobrado cierta calma y Micheletti había prometido elecciones próximamente.

Y si bien es cierto que no se deben admitir regimenes de facto, de allí que la comunidad internacional exija el cumplimiento del Plan Arias que exige el retorno al gobierno del mandatario depuesto, pero con poderes limitados, también es cierto que ni la OEA ni los gobiernos que apelan por el retorno de Zelaya al poder, se han preocupado por las razones que condujeron a su derrocamiento.

Lo que queda claro con el caso de Zelaya es la división de las tareas entre el Brasil y Estados Unidos con respecto a America Latina. La figura de Hugo Chávez va quedando relegada a la de un personaje folklórico que, como declarara el Ministro de la Defensa del Brasil, se dedica a comprar armas como si fuera al supermercado, en cambio el Brasil se dedica a desarrollar una industria militar nacional.

Cabe preguntarse si los perseguidos cubanos por delitos de conciencia buscaran refugio en la embajada del Brasil en La Habana, el gobierno de Lula les prodigara la misma atención que a Manuel Zelaya e invocara la “tradición brasileña del derecho al asilo”.

En todo caso, es una posibilidad que los cubano perseguidos por el régimen por delitos de opinión deberían contemplar.
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Fuente: Analitica.com

martes, 22 de septiembre de 2009

Brasil y la guerra del Sur (Alfredo Michelena)

Analitica.com.- La reunión del Consejo de Defensa (CD) de la UNASUR resultó sin acuerdos. Las buenas intenciones para que se desarrollara un sistema de Medidas de Confianza Mutua, fracasaron. Mientras se le pedía a Uribe que pusiera sobre la mesa el acuerdo a ser firmado con los estadounidenses y éste pedía ver el de los demás, la prensa anunciaba multimillonarias adquisiciones de armas por parte de Venezuela y Brasil como recordatorio de la carrera armamentista de la región.

Lo que más causó revuelo fue el préstamo ruso a Venezuela por US$ 2.200 millones para compra de armas. Los estadounidenses reaccionaron pidiendo transparencia en el uso y destino las armas, pues ya conocen el caso de los lanza cohetes suecos. Los brasileños fueron más mordaces y dijeron que ellos no compraban a lo loco, como “Venezuela que compra en supermercados de armas por el mundo".

Más allá del ruido de estas compras o las acusaciones del enfant terrible barinés sobre los emplazamientos gringos en bases colombianas, Brasil va con paso firme consolidando su papel de superpotencia militar regional. Por esto el acuerdo con Francia o con cualquier país desarrollado tiene un componente de transferencia de tecnología que le permite al gigante verde convertirse no sólo en potencia militar operativa sino en potencia productora de material militar.

El vacío de la presencia norteamericana en este siglo, el apoyo mayoritario-incluyendo a Venezuela- para el ingreso permanente de Brasilia al Consejo de Seguridad, su desarrollo económico y tamaño, así como los viejos temores anti norteamericanos regionales permitieron que Brasil comenzara a jugar el papel de hegemón militar regional. Que ya parece ser aceptado incluso por los gringos. No sólo se trata de que en 2000 adquirió un portaaviones de combate, o que construirá el primer submarino nuclear de la región, o la compra y construcción de aviones cazas de combate (Rafele), se trata además de que a la sazón de UNASUR, creado para unir dos acuerdos de libre comercio (MERCOSUR y a CAN) promovió su CD, para armonizar su influencia en la región.

Brasil se ha convertido en un actor mundial reconocido. Asiste al G-20 e incluso al G-8 como parte del grupo de países emergentes y como tal busca su propia fuerza militar así como mostrar su influencia regional. Pero ojo, la idea de vivir en un mundo multipolar dista mucho de asegurar que cada “polo” tenga reservado su área de influencia. Si el polo gringo debe ser compensado, el carioca también.

alfredomichelena@gmail.com

domingo, 20 de septiembre de 2009

Obama manda presidentes latinoamericanos al diablo (Heinz Dieterich)

1. La Encrucijada

El mensaje de Obama a los presidentes latinoamericanos, enviado desde la reunión de los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de la UNASUR en Quito; desde la dictadura militar en Hondura; la nueva extensión del embargo contra Cuba; la crítica intervencionista de Hillary Clinton al “armamentismo” venezolano y la penetración militar del Perú, es muy claro: váyanse al carajo con sus reclamaciones, aquí mandamos nosotros.

El crudo mensaje, nada sorprendente y totalmente previsible desde Bariloche, ha cerrado la puerta para soluciones de medias tintas para los presidentes latinoamericanos. Están entre la roca de “enfrentar con patriotismo y dignidad la ofensiva imperial de Uribe-Bush-Obama”, como pidiera recientemente un gran número de personalidades y movimientos americanos y europeos, y la espada, de izar la bandera blanca.

2. Finos gustos de Obama

Obama, quien enfrenta dentro del imperio no solo la feroz ofensiva de la fracción fascista de la oligarquía estadounidense, sino también la rebelión de los progresistas que lo llevaron al poder, se permitió la exquisitez de aplicarles dos cachetadas en un solo día a los presidentes latinoamericanos.

El 14 de septiembre, prolongó la infame agresión económica-política de 47 años contra Cuba (TWEA), diciendo que el bloqueo estaba “en el interés nacional de Estados Unidos”. Y el mismo día, sus peones colombianos reafirmaron en Quito que no había nada que negociar sobre las bases militares gringas con los ministros de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

3. El “armamentismo” venezolano y la dictadura de Honduras

Hillary Clinton remató la serie de agresiones de Washington en una conferencia de prensa en la capital del imperio, acompañada por el invisible presidente uruguayo Tabaré Vázquez; es decir, invisible en las causas antiimperialistas de la Patria Grande. Con la insolencia intervencionista que la caracteriza, Clinton solicitó “transparencia” en las compras y finalidades de su armamentismo y conminó al gobierno venezolano a un “cambio en su comportamiento y actitud” respectivos. Tabaré Vázquez dijo que estaba en contra de una “carrera armamentista” y que era “inconveniente que la región dedicara recursos tan significantes para comprar armas”.

Desde Honduras, al igual que desde Colombia, Cuba y Perú, Washington ha mandado el mismo mensaje al bolivarianismo. Los únicos que organizan y desorganizan golpes militares en América Latina, somos nosotros. Nosotros vamos a quitar a Micheletti y sus gorilas, cuando nos parezca conveniente: en los tiempos y con los métodos -Arias o la Cuarta Flota, según el caso- que nosotros decidamos. Entiendan su lugar en la manada y aprendan que hay un Rottweiler superior: Estados Unidos; tal como lo aprendieron Jean Bertrand Aristide, Michael Manley, Alan García y otros, en su momento. Lamentablemente, el appeasement de los presidentes latinoamericanos ante el Rottweiler permitió que sus reglas se impusieran.

4. Las opciones de Brasil y Venezuela (ALBA)

Las repetidas cachetadas del imperio en las últimas semanas han significado un rudo despertar para Brasil. La visión geoestratégica de Lula, de posibles liderazgos igualitarios en el norte y sur del continente, encabezados por Washington y Brasilia, está destruida. Y con la ilusión de un duopolio hegemónico también se ha ido la ilusión pacifista de la posibilidad de una potencia regional, sin fuerza militar. De ahí, el desesperado intento de cooperación militar de Lula con Sarkozy.

Las perspectivas para Venezuela y los países del ALBA no son mejores. Las bases militares en Colombia tienen una doble función: a) crear la logística bélica para una guerra regional, en caso de que no haya un sometimiento voluntario de Hugo Chávez o que Washington no lo pueda remover por otras vías; b) crear una facción dentro de las Fuerzas Armadas que ante una amenaza real de guerra con Washington diría: antes de inmolarnos, hay que sacrificar al Chávez.

5. La hora de la verdad

Ante el aceleramiento de la agresión de Washington, Brasil y Venezuela están recurriendo al fortalecimiento de su potencial bélico nacional. Esa política es correcta, pero no podrá sustituir las tres medidas de contención colectiva que se requieren: la Doctrina Militar Anti Monroe, el Bloque Militar de Defensa Sudamericana (BMDS) y el aislamiento político-económico hemisférico de Uribe.

El intercambio de datos de los ministerios de defensa que acordaron en Quito sirve para los seminarios de las ONG´s financiados por el imperio y las iglesias, no para la defensa ante un proyecto fascista de expansión que gira en torno a las gigantescas reservas de petróleo y gas de América Latina. “ Confidence building measures” - that´s funny when you deal with the Empire, o, ¿Qué medidas de confianza puede obtener el ratón del gato?

En las próximas semanas, en la reacción de los presidentes latinoamericanos, veremos si tendrán el patriotismo, la dignidad, la inteligencia y la fuerza que se requieren para frenar el proyecto expansionista de Uribe-Bush-Obama.

¡Ha llegado la hora de la verdad! ¡Ha llegado la hora de Ayacucho!





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sábado, 19 de septiembre de 2009

Bolivia es el país con menor número de computadoras en Latinoamérica



La consultora Everis, publicó un reciente análisis, con datos de cincuenta países, y cuya fuente es la International Telecommunication Union (ITU), del periodo 2000-2008, donde señala que en Latinoamérica hay cerca de 95.6 millones de computadoras.


Del total de 50 países observados, Paraguay y Bolivia son los que presentan el menor número de unidades, con 0,6 y 0,3 millones de ordenadores respectivamente.


A finales de 2008, se estimó el número mundial de computadoras en poco más de 1.231 millones, de las cuales, Estados Unidos es el país que cuenta con mayor número de las mismas, alcanzando un total de 262.5 millones. Es decir, que algo más de 1 de cada 5 computadoras (21.3%) están en este país.

China, Japón, Alemania e India, en ese orden, son los siguientes países con mayor cantidad de computadoras. No obstante, los cuatro juntos suman 283.5 millones de unidades (23% del total mundial), es decir, poco más que EE.UU. De acuerdo con lo anterior, los cinco países con parques de computadoras más extensos suman 545.9 millones de unidades, concentrando el 44.3% del total global.

Del total mundial de ordenadores Latinoamérica dispone el 7,8%. Por sí sólo, Brasil posee casi el 45% de los ordenadores de América Latina. Si a los datos de Brasil añadimos los de México, obtenemos la conclusión de que estos dos países disponen de dos de cada tres ordenadores de Latinoamérica.

Del resto de países de la región, sólo Argentina (8,2 millones), Chile (5,3 millones), Colombia (3,7 millones) y Venezuela (3,6 millones) tienen un número de ordenadores significativo. Del total de 50 países observados, Paraguay y Bolivia son los que presentan el menor número de unidades, con 0,6 y 0,3 millones de ordenadores respectivamente.

Desde el punto de vista de los continentes, Asia es el que cuenta con mayor número de computadoras, 504.4 millones a finales del año pasado, cifra que equivale al 41% mundial. En el otro extremo, África posee 25.6 millones de unidades, apenas 2.1% del total global. Cabe destacar que los 27 países de la Unión Europea tienen prácticamente el mismo número de computadoras que EE.UU.

Si comparamos la tasa media de aumento del número de ordenadores entre 2000 y 2008 con la misma para el período 2006-2008, se observa una desaceleración. Sin embargo, algunos países entre los que encontramos a Colombia, pudieron incrementar la tasa media de crecimiento de sus respectivas cantidades de ordenadores de la siguiente manera: Bulgaria multiplicó su tasa de crecimiento por 2,4, pasando al 23,1% anual, Argentina lo hizo por 2,3, hasta un 36,5% anual y Colombia más que duplicó el ritmo de aumento del período 2000-2008, llegando al 26,3%.

Número de Computadoras por Habitante

Con relación al número de computadoras por habitante en el mundo, a finales del 2008, se contaban 18.4 computadoras por cada 100 personas. En el extremo positivo, cuatro países (Canadá, Suecia, Holanda y Suiza), disponían de más de 90 computadoras por cada 100 habitantes. Canadá, con 99, encabeza la posición número uno, con casi una computadora para cada habitante. El otro límite lo conformaron cinco países con menos de 3 computadoras por cada 100 habitantes (Bolivia, Indonesia, Pakistán, Kenya y Nigeria).

El país latinoamericano mejor colocado es Chile, que aparece en el lugar 21º, con 31.4 computadoras por cada 100 personas. El segundo es Brasil, con 22.1 computadoras y, detrás de él, Uruguay (21 computadoras), Argentina (20.7) y México (19.3). Colombia se ubica por debajo de la media mundial (8.3 computadoras).

Everis es una consultora multinacional que colabora con las principales empresas de todos los sectores de actividad, desarrollando alianzas a largo plazo para ayudarles a alcanzar sus retos de negocio mediante el conocimiento, el talento y las tecnologías de la información.

viernes, 18 de septiembre de 2009

¿Qué vamos a hacer con tanto gas? (Luis Betancourt Oteyza)

Esta insólita pregunta se la hizo Chávez ante la estupefacta prensa española e internacional al recibir la noticia del descubrimiento de un nuevo e importante yacimiento de gas en el golfo de Venezuela. El hallazgo es obra de la exploración de la empresa española REPSOL, asociada a la italiana ENI, trabajando para la desvencijada PDVSA, y explica el remate del lujoso viaje en Madrid. Chávez concluía así un costosísimo periplo por África y Asia en visista a los dictadores y terroristas más emblemáticos del momento; sólo quedó a un lado el hoy mediatizado Mugabe de Zimbawe, titular de la más prestigiosa condecoración venezolana, para vergüenza de la memoria de Bolívar. Fue una visita a los panas del delito y el terror. Una exhibición de cinismo y desplante incivilizado. Un homenaje al totalitarismo comunista y nazi. Cosas normales en Chávez y sus secuaces del chavismo, y por eso no merecen más comentarios. Basta.

Lo resaltante, como anotábamos al inicio de estas reflexiones, es su ofensiva pregunta de nuevo rico bonchón, de recién vestido jaquetón, a la prensa de una nación que carece de recursos energéticos propios y a la que hay que enrostrar cómo su gobierno socialista sacrifica los principios por los llamados intereses, como justificaría cualquier diplomático. Sin embargo, hay algo en la echona pregunta que escuece los ánimos de la sensibilidad humana; se cuela un dejo de traición en esa expresión petulante y burlona. Y es que el mundo entero se pregunta atónito: ¿Por qué, como el botarate irresponsable, que sin techo ni servicios de salud para él y su familia, ahogados en basura y amenazados de muerte diariamente por delincuentes nacidos de la impunidad y el desempleo, se pregunta retadoramente que qué hace con la lotería que se acaba de ganar? ¿Se la bebe en caña viajando con su combo o se la gasta en francachelas con sus amigos del Sur? Me imagino el disgusto de los reporteros presentes y la lástima que debieron sentir por los hijos de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre; también ellos se preguntan: ¿Qué les pasa a los herederos de los orgullosos ejércitos libertadores, que antaño nos arrebataron esas colonias y hoy soportan bobamente este remedo de Idi Amin Dadá? Todos nos explicamos el toque técnico en Madrid, el regocijo de Zapatero y su Rey, lo que no podemos entender es qué hace en Venezuela todavía Boves II.


betaluis@gmail.com
Fuente: www.analitica.com

Desenfrenada carrera armamentista

En medio de la carrera bélica que asola la región, la importancia de Bolivia no radica en su poder bélico, sino en su ubicación geográfica

Después de más de dos décadas durante las que estuvo vigente la idea según la que se había arribado ya “al fin de la historia”, y que el triunfo que se suponía definitivo de las democracias liberales en lo político y del liberalismo en lo económico hacían inminente la inauguración de una era de paz en Sudamérica, como en todo el mundo, nuevamente han comenzado a soplar vientos de guerra en la región.

Una desenfrenada carrera armamentista es el primer síntoma de una tendencia que ya ha comenzado a alarmar a quienes ven en las diferencias políticas que separan a los países latinoamericanos el germen de futuros conflictos. Esos temores no parecen infundados, pues prácticamente todos los gobiernos sudamericanos han caído presas de una compulsiva compra de armas.

Los datos de los que disponen organismos especializados en el tema son de lo más elocuentes. Un reciente informe del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), por ejemplo, señala que la inversión en armas en Suramérica el año pasado fue de 34.100 millones de dólares. Cifra que se queda corta si se la compara con el cálculo de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Redsal), según la que los gastos militares se elevan unos 48.000 millones de dólares. Más alto aún es el cálculo hecho por Nueva Mayoría, un centro argentino especializado en análisis militar, que eleva el monto a 51.110 millones de dólares.

Lo cierto, dólar más, dólar menos, es que todos coinciden en calcular en alrededor de 30% el incremento de gastos militares en relación a 2007. La elocuencia de las cifras es pues suficiente para llamar la atención sobre un mal que como un maligno virus se extiende entre políticos y militares de esta parte del mundo.

Los países que se destacan en medio de tanta locura son Venezuela y Colombia, que aumentaron sus presupuestos bélicos en 29,06% y 37,07% respectivamente. Chile, cuyas cuantiosas inversiones en armamento no son nada nuevo, ha incrementado también notablemente sus gastos militares. Pero el que más recursos destina a la compra de armas, es Brasil, con un presupuesto estimado para el 2008 de 27.540 millones de dólares.

Ante semejantes cifras, el caso boliviano parece ridículo por su pequeñez. Los 100 millones provenientes de un acuerdo con Rusia para “gastos militares” se diluyen en la compra de un lujoso avión para los viajes del Presidente Morales y unos cuantos medios de transporte y comunicaciones.

Sin embargo, desde el punto de vista de los expertos en temas militares, la importancia de Bolivia no radica y nunca radicará en su poder bélico, sino en su ubicación geográfica. En cualquiera de las hipótesis de guerra que quitan el sueño a más de un gobernante vecino, tener a nuestro país como aliado vale más que todo un arsenal. Razón más que suficiente para suponer que eso lo que guía la política exterior de Venezuela, Chile y Brasil, los tres más interesados en incrementar su influencia en el “hinterland” latinoamericano.

sábado, 22 de agosto de 2009

Latinoamérica en la encrucijada

La dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es un tema que no debe estar ausente de los debates electorales

Toda Latinoamérica, así como muchos de los países de la región, se está aproximando a grandes pasos a un punto del camino en el que se abren por lo menos tres opciones entre los que pronto habrá que elegir. Una encrucijada ante la que los tres caminos que se abren, por lo diferentes que son los destinos a los que conducen, obligarán a los gobernantes y a los pueblos a tomar trascendentales decisiones.

Cada uno de los tres caminos tiene sus respectivos abanderados. Colombia y Perú, ya están encaminados por uno de ellos. Brasil, Chile y Uruguay se encaminan por el del medio, y Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, remolcando a Cuba, optan por el tercero.
Los escenarios en que se miden las tres opciones son dos. El internacional, y el que corresponde a las pugnas políticas internas en cada uno de los países. La OEA y Unasur, por una parte, y los procesos electorales que se realizarán próximamente en varios países por la otra.

En el escenario continental, la crisis de Honduras y el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos son los puntos que marcan la separación de los caminos. Ambos temas han dado cuenta de la magnitud de las discrepancias y de lo intensa que es la lucha por marcar el rumbo a seguir.

Las elecciones que pronto se realizarán en Chile, donde por primera vez en las últimas décadas se perfila una derrota de la Concertación, lo que dejaría abierto el camino para que Piñera alinee a su país en el primer bloque, con Colombia y Perú, adquiere por eso una importancia que trasciende con mucho la política interna de ese país. Lo mismo está en juego en Uruguay y, posteriormente, se pondrá en Brasil.

El socialismo democrático, que por ahora tiene a Brasil, Chile y Uruguay a sus principales bastiones, está pues ante un enorme desafío. Perder las elecciones en esos países dejaría el terreno libre para que la pugna quede sólo en manos de los otros dos polos.

El tercer bloque de países, el que encabezado por Venezuela, tiene también mucho en juego durante los próximos meses. Las elecciones bolivianas en diciembre y la intensificación de la ofensiva chavista para acelerar el avance hacia el “Socialismo del Siglo XXI”, son sus principales batallas.

Esa dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es uno de los temas que tendría que formar parte central de los próximos debates electorales en Bolivia como en todos los países que se aprestan a elegir a sus próximos mandatarios. Es inadmisible que quienes aspiran a gobernar los soslayen y opten por refugiarse en generalidades intrascendentes.
En el caso boliviano, la propuesta oficialista sobre tan crucial asunto está plenamente definida. ¿Y los demás? ¿Qué tienen que decir al respecto los candidatos de la oposición? Es de esperar que durante las próximas semanas incorporen esos temas a sus respectivas propuestas.

jueves, 9 de julio de 2009

Honduras, entre Obama y Chávez

La manera unánime como el mundo ha reaccionado confirma que estamos asistiendo a la inauguración de una nueva era histórica

El golpe de Estado perpetrado en Honduras el pasado 28 de junio ha tenido muy hondas consecuencias en el escenario político no sólo latinoamericano sino mundial. No en vano todas las cancillerías del planeta asumieron ante el asunto la actitud de un ajedrecista frente a una jugada desconcertante. Y después de sopesar la situación con la frialdad que corresponde a estos casos, todos los países del mundo, sin excepción alguna, aunque no todos de buena gana, cerraron filas alrededor de un objetivo común: evitar que los conflictos políticos en Latinoamérica vuelvan a ser resueltos a través métodos tan comunes en tiempos de la guerra fría.
Obviamente, como no podía ser de otro modo, en medio de tal unanimidad hubo una gran variedad de matices. Desde las amenazas de Chávez de intervenir militarmente, en un extremo, hasta Israel y Taiwán que dudaron mucho antes de tomar partido, en el otro. Diferentes matices, pero finalmente todos en el mismo lado de la línea trazada el 28 de junio.
Un segundo efecto, tan importante como el anterior, es que se ha abierto una muy profunda brecha entre las diversas corrientes de la oposición continental contra el proyecto del “Socialismo del Siglo XXI”. A un lado han quedado, aislados y desacreditados, quienes quisieron ver en el caso hondureño un ejemplo digno de ser imitado por las Fuerzas Armadas de los otros países alineados en el ALBA. Y en el otro, las corrientes de una oposición democrática que se niegan a aceptar la vía hondureña como la más idónea para afrontar tan enorme desafío.
Dos ejemplos muy elocuentes de las profundas diferencias entre los medios empleados y los resultados obtenidos por ambas tendencias fueron vistos coincidentemente el mismo día, el 28 de junio. La oposición democrática asestó una contundente derrota al kirchnerismo, en Argentina, mientras la oposición violenta estuvo a punto de regalarle al chavismo las banderas de la libertad y la democracia.
Felizmente esa situación, que además de una aberración habría sido una calamidad, fue evitada por la firmeza y lucidez con que otros países se involucraron en la batalla diplomática. Gracias a ello, el centro de operaciones contra el golpe se trasladó de Managua a Washington –y no a Caracas-- primero, y ahora a Costa Rica, donde Chávez y sus seguidores tendrán que callar.
Por ahora no se sabe cuál será el desenlace de la crisis hondureña; pero sea cual fuere, el hecho histórico ya se ha producido. La manera unánime como el mundo ha reaccionado confirma que se ha ingresado a una nueva era y Barack Obama se ha consolidado como un líder de talla mundial. Ante ello, resulta elocuente que el canciller del régimen de facto hondureño, y quienes piensan como él, sigan creyendo que es “un negrito que no sabe nada de nada”.

domingo, 5 de julio de 2009

La elocuente lección de Honduras

Serán sin duda derrotadas las corrientes políticas más retrógradas, esas que tan erróneamente creen que una tiranía puede neutralizar a otra

Hace una semana, cuando las Fuerzas Armadas hondureñas ejecutaron un golpe de Estado para defenestrar al presidente Manuel Zelaya, lograron un verdadero prodigio. Lograron que todos, absolutamente todos los países del mundo, más allá de sus múltiples discrepancias, se unan en una sola voz de repudio.
Nunca antes había ocurrido algo así. Nunca antes se había visto que países cuyas discrepancias son tan hondas como Estados Unidos y Cuba, Taiwán y China continental, Colombia y Venezuela, por sólo citar algunos ejemplos, coincidan de manera tan unánime. Ni siquiera Israel, país al que motivos no le faltan para simpatizar con lo hecho por los militares hondureños, cometió el desatino de reconocer al gobierno surgido del sablazo.
Tampoco tiene precedentes la firmeza con que actuaron todos los organismos internacionales sin excepción alguna. Incluso los del ámbito financiero, como el Banco Mundial, BID, FMI, que por su naturaleza suelen ser muy cautos en temas políticos, se manifestaron sin dejar ningún margen a las dudas.
Fue también muy elocuente la severidad con la que la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP) condenó insistentemente, durante toda la semana, la manera brutal como el tan repudiado régimen atentó contra la libertad de expresión desde el amanecer del domingo pasado. No podía ser de otro modo pues hacía ya más de dos décadas que en Latinoamérica, con excepción de Cuba, no se llegaba a los extremos de falta de respeto a la labor periodística.
Es evidente, sin embargo, que abundan los motivos para dudar de la sinceridad de muchas de las declaraciones de apoyo al régimen encabezado por Manuel Zelaya. Hay sin duda mucha hipocresía en algunos casos y el más descarado cinismo en otros. El hecho de que dictadores como los hermanos Fidel y Raúl a Castro tengan la desfachatez de hablar en defensa de la democracia, de la libertad de expresión y de los derechos humanos, lo dice todo.
No menos grotescos son los esfuerzos hechos por los caudillos del “Socialismo del Siglo XXI” para apoderarse de las banderas de la libertad y la democracia. Felizmente, la oportuna, firme y unánime reacción de todos los países del planeta evitó que tales causas queden en manos de personajes tan desprovistos de la autoridad moral que hace falta para enarbolarlas. De otro modo, habría ocurrido a escala continental algo similar a lo que pasó en Bolivia cuando por sus desatinos la oposición dejó en manos oficialistas banderas tan valiosas como las de las autonomías,
Aunque aún no se sabe cuál será el desenlace de la crisis hondureña, sí se puede afirmar, más allá de toda duda, que la derrota corresponderá a las corrientes políticas más retrógradas, esas que tan erróneamente creen que dos pecados hacen una virtud, o que una tiranía puede neutralizar a otra.

miércoles, 1 de julio de 2009

Dos caminos con diferentes destinos

Ver de cerca lo hecho por Chile y Uruguay y seguir su ejemplo puede ser muy útil para enmendar nuestro propio rumbo

Chile y Uruguay, en un extremo, y Bolivia y Venezuela, en el otro, son los países que figuran como los más representativos de dos maneras diametralmente opuestas de encarar los problemas económicos, políticos y sociales, según la última edición del informe “Indicadores Mundiales de Buen Gobierno”, que el Banco Mundial presentó el lunes recién pasado.
El estudio, que evalúa la situación de 212 países, mide diversas categorías de gobernabilidad durante el período comprendido entre 1996 y 2008, y está basado en información de miles de organizaciones no gubernamentales y expertos del sector privado y público.
Los seis elementos que definen la calificación de un país son:
participación y responsabilidad, 57,7 a 48,1
estabilidad política y ausencia de violencia, 36,1 a 14,8
efectividad del gobierno, 56,4 a 19
cualidad regulatoria, 61,5 a 15,9
estado de derecho y 45,7 a 12
control de la corrupción.
Por participación y responsabilidad se entiende a la medida en la que los ciudadanos son capaces de participar en la elección de su Gobierno y también es la medida de las libertades de expresión, asociación y prensa. En diez años, este índice cayó en Bolivia de por ciento, aunque subió un punto con relación a 2003.
Estabilidad política y ausencia de violencia es la posibilidad de que un gobierno pueda ser desestabilizado por formas inconstitucionales o violentas, inclusive terroristas. Este parámetro en Bolivia cayó de 36,1 a 14,8 por ciento entre 1998 y 2008.
Efectividad del Gobierno es la medida de la calidad de los servicios públicos y la capacidad de los servidores públicos para resistir presiones políticas, que en Bolivia bajó de por ciento en el lapso estudiado.
Cualidad regulatoria es la habilidad del Gobierno para aplicar políticas y regulaciones que promuevan el desarrollo del sector privado, cuya declinación en el país fue de 61,5 a 15,9 por ciento.
Por estado de derecho se entiende la medida de confianza en el acatamiento de las reglas de la sociedad, incluyendo los derechos sobre la propiedad privada, así como la acción de la Policía y los tribunales de justicia contra el crimen. La caída de este parámetro en Bolivia fue de por ciento durante el decenio mencionado.
El control de corrupción es la medida en la que se ejerce el poder público para que el sector privado genere utilidades e incluye los mecanismos para evitar la corrupción en todas sus formas. Bolivia mejoró este índice con relación a 2003, cuando se ubicó en 22,3 por ciento y cinco años más tarde alcanza 38,2.
Como se ve, son muy elocuentes los datos del estudio. Pero lo son más si se los contrasta con la situación de otros países, como Chile y Uruguay, los dos mejor calificados. Ver de cerca lo que esos países hacen y seguir su ejemplo puede ser muy útil para mejorar nuestro propio rumbo.

martes, 30 de junio de 2009

Honduras y los desatinos de la oposición

Los golpistas hondureños tendrán que recular y el proyecto del Socialismo del Siglo XXI habrá recibido así otra victoria de regalo

Durante los últimos tiempos, pero con especial insistencia durante las últimas semanas, nos hemos referido en este espacio editorial al enorme riesgo que para el futuro de la democracia en nuestra región representan algunas corrientes políticas que recuerdan con nostalgia los tiempos en los que las hordas militares, a través de golpes de Estado, intervenían en la vida política de gran parte de los países Centro y Sudamérica.

Decíamos también que entre quienes con sus actos más contribuyen a la consolidación de los regímenes con aspiraciones totalitarias están quienes, por su incapacidad para lidiar en los escenarios democráticos, caen fácilmente en la tentación de recurrir a los métodos violentos. Son quienes se niegan a reconocer que, muy a pesar de sus deseos, ya no son viables los regímenes cuya legitimidad proviene de las bayonetas.

Dos claros ejemplos de lo inviables y contraproducentes que son los intentos de llevar las luchas políticas por los caminos de la violencia los vimos en Venezuela, en abril de 2002 y en Bolivia entre agosto y septiembre de 2008. En ambos casos, la oposición fue rotundamente derrotada y, como contrapartida, los regímenes de Chávez y Morales se afianzaron en el poder.

Con esos antecedentes, y dada la similitud de las circunstancias, no es difícil prever que el conato de golpe de Estado que durante el pasado fin de semana se ha producido en Honduras está también condenado al fracaso. Los promotores de la arremetida contra el presidente Zelaya tendrán que recular y el proyecto del Socialismo del Siglo XXI habrá recibido así otra victoria de regalo.

Si ese es el desenlace de la crisis hondureña, como todo parece indicar, se habrá demostrado una vez más que quienes no respetan a las instituciones democráticas, aun cuando la correlación de fuerzas les es adversa, a la larga resultan siendo los mejores aliados de quienes quisieran gobernar sin el estorbo de la legalidad republicana.

Como la experiencia lo confirma, los sectores antidemocráticos de la oposición son los mejores aliados de los proyectos políticos totalitarios tanto en Honduras como en Venezuela o Bolivia; razón más que suficiente para que marcar las distancias correspondientes deba figurar entre las tareas prioritarias de la oposición democrática.

Entre las muchas razones que condenan de antemano a los golpes de Estado, sea cual fuese la forma que en que éstos se produzcan, es que no hay ningún gobierno en el mundo civilizado que esté dispuesto a avalar ese tipo de actos. Por eso, quienes proponen contrarrestar los avances del “Socialismo del Siglo XXI” con métodos propios de los años 70 no sólo que están perdiendo el tiempo, sino que están contribuyendo en gran medida a la consolidación y legitimación de los regímenes que pretenden combatir.

lunes, 29 de junio de 2009

Latinoamérica entre tres caminos

Cada uno de los muchos actos electorales que se realizarán durante los próximos meses será parte de un proceso de alineamiento de fuerzas

Toda América Latina, desde México en el norte hasta Argentina en el sur, está ingresando a una especie de encrucijada en la que cada uno de los países, a su turno, tendrá que elegir entre uno de los caminos que se le abren hacia el porvenir.

Cada país, como es obvio, afronta el desafío en diferentes circunstancias dictadas por su propia historia, sus errores y aciertos del pasado, su idiosincrasia y múltiples factores que le dan a cada uno un sello particular. Sin embargo, más allá de las diferencias formales, en líneas generales todos se enfrentan a un reto similar por lo que los elementos de juicio que deberán tomarse en cuenta a tiempo de elegir el camino a seguir son también muy parecidos.

Por ahora, son tres las posibilidades que se tienen al frente. En un extremo, la elegida y encabezada por Venezuela bajo la conducción de Hugo Chávez y la inspiración de la Cuba socialista. Una segunda opción es la que tiene en Brasil y a Lula da Silva como su principal exponente. Y finalmente, la ía por la que han optado Colombia y Perú.

El primer bloque, cuyos principales exponentes son Venezuela y Cuba tiene su máxima expresión en la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA - TCP). Bolivia, Ecuador, Nicaragua, algunas pequeñas islas caribeñas, y hasta ayer Honduras –cuyo futuro es incierto--, son sus integrantes,

El segundo camino, además de Brasil, tiene entre sus seguidores a Uruguay y, sorprendentemente, a El Salvador ahora gobernado por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. La opción hasta ahora escogida por este grupo es la de un socialismo democrático y sobre todo, pragmático.

Finalmente, Colombia y Perú se presentan como dos ejemplos paradigmáticos de una opción franca y abiertamente comprometida con el “neoliberalismo” y los ingredientes conservadores que lo suelen acompañar.

Además de los casos mencionados, hay otros cuya clasificación no es fácil. México, por ejemplo, que pese a su enorme peso económico ha perdido toda relevancia continental desde el punto de vista político en gran medida porque desde años se mantiene en una especie de limbo. Caso parecido al de Argentina, que desde años no sale de un extravío que la condena a jugar un papel cada vez más marginal en el escenario económico y político continental.

Chile, finalmente, es el país que se sale de toda clasificación posible en el contexto latinoamericano por una sola razón: es el primer país de la región que ha cruzado una línea más allá de la cual los problemas se parecen más a los que agobian al “Primer Mundo” que a los “subdesarrollados” del planeta.

En ese contexto, cada uno de los muchos actos electorales que se realizarán a lo largo y ancho de Latinoamérica durante los próximos meses deberá ser visto como parte de un proceso de alineamiento de fuerzas.

domingo, 28 de junio de 2009

Lecciones de una oposiciòn indeseable

Nada ha desacreditado tanto a la oposición venezolana como ciertos individuos y organizaciones de una indeseable ultraderecha medieval

Hace unos días, en una publicación digital venezolana, al reflexionar sobre situación política de su país, un simple ciudadano proponía algunas preguntas con el fin de salir de lo que denominó un “autoengaño” colectivo que tiene atrapado a su país.

Proponía, como primer punto, afrontar una pregunta simple: “¿Por qué la mayoría de los venezolanos apoya a Hugo Chávez y a su proyecto político?” Y como lo que propone buscar la verdad y no sumarse a quienes se empeñan en negarla, empieza por rechazar las idea según la cual el tal apoyo al chavismo no existe, que es sólo un espejismo fruto del fraude, la manipulación, el cohecho o cualquier otra cosa menos sincera identificación de una buena parte del pueblo venezolano con lo que dice y hace su caudillo.

Como segundo paso, recomienda indagar sobre los orígenes de ese apoyo. Y al hacerlo, identifica dos principales: uno, el atractivo que de por sí tienen por muchas razones ligadas con la historia latinoamericana los discursos populistas, antiimperialistas, anticapitalistas. Averiguar porqué eso ocurre es un desafío que corresponde asumir a los intelectuales.

Un segundo factor que explicaría el éxito del chavismo es la antipatía, aversión incluso, que en gruesos sectores de la ciudadanía provocan los dirigentes que desde hace diez años aspiran a erigirse en cabezas de la oposición. Es el caso de los aspirantes a caudillos, o el de “señoritos” que desprecian la política y creen poder sustituirla con campañas de “marketing electoral”. Son los que en su momento creyeron que la mejor manera de contrarrestar la primera postulación de Chávez era oponiéndole a Irene Sáez, una ex miss Venezuela. Y hoy siguen pensando igual, con similares resultados.

Pero según las reflexiones que comentamos, nada ha desacreditado tanto a la oposición venezolana como ciertos individuos y organizaciones de una derecha ultraconservadora que parece salida de las páginas de la historia medieval. Una ultraderecha que añora los tiempos en los que el secuestro, la desaparición de personas y la tortura eran los métodos más empleados para enfrentar a los agentes del “comunismo internacional”. El temor de que esas corrientes lleguen a prevalecer en las filas de la oposición ha sido una de las causas para que los sectores más sensatos de la ciudadanía venezolana se nieguen a participar en la actividad política.

Es eso tan cierto que los líderes de esas organizaciones, cuya propuesta de futuro tiene su principal referente en la Edad Media, nunca han logrado siquiera el uno por ciento de los votos en elecciones venezolanas, pero han causado enormes estragos en el prestigio de las organizaciones con las que se relacionaron, la Iglesia católica incluida, lo que las hizo presa fácil de las campañas oficialistas. Es de esperar que en Bolivia no se siga por el mismo camino.