Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de septiembre de 2009

¡Haga pis en la ducha!

Detrás de la mampara de la ducha, la silueta de Mahatma Ghandi orinando en la bañera. En la siguiente escena, el que orina es Alfred Hitchcock. Le siguen King Kong, la emblemática estatua de la Libertad, deportistas, científicos, animales, monstruos y marcianos.

No se trata de un sueño -más bien una pesadilla- ni de una película surrealista de los años '20. Es una campaña de televisión de la ONG brasileña SOS Mata Atlántica que insta a la población a hacer pis en la ducha para ahorrar agua y proteger a los bosques nativos de la costa atlántica de Brasil.

El planteo de la ONG es simple: cada vez que se usa el baño se pierden 12 litros de agua potable. Se calcula que una persona sana usa el excusado unas cuatro veces por día, lo que equivale a la pérdida de 48 litros diarios. Si cada persona hace pis en la ducha una vez al día, podría ahorrar unos 4.830 litros de agua por año.

Si bien a muchos la idea les puede parecer un tanto desagradable -es conveniente recordar que la orina está compuesta en un 95% de agua y el resto es urea, sales y demás sustancias diluidas- la ONG destaca lo bien que fue recibida.

"Nacida en medio de la crisis financiera, en momentos en que todo lo que se escuchaba era: no puedes comprar una casa, no puedes gastar dinero, no puedes cenar afuera, no esto, no aquello, la campaña hace énfasis en el Sí, en el lado positivo, en algo que uno puede hacer para ayudar al medio ambiente y no en algo que uno debe dejar de hacer", le dijo a BBC Mundo Ana Ligia Scachetti, directora de comunicación de SOS Mata Atlántica.

"Nosotros estamos haciendo campaña desde hace 23 años. Sin embargo ésta es la primera vez que tuvimos una respuesta tan positiva. Nuestro mensaje ha llegado a los niños, a los adultos y también captó la atención de personas en otros países", dice Scachetti.

E incluso, añade, las personas que descartan esta actividad porque no les parece apropiada, creen que la campaña los ha ayudado a pensar en cómo ahorrar agua de otra manera, como por ejemplo al lavar el carro o los platos.

Acciones cotidianas

"Lo que quisimos mostrar con este aviso es cómo las pequeñas cosas que hacemos a diario afectan los recursos naturales", afirma la directora de comunicación y recalca que la intención es "no tanto empujar a la gente a hacer pis cuando se baña si no le gusta, sino abrir el debate y traer el tema medioambiental a las discusiones cotidianas, en el seno de la familia o con los amigos".

La pregunta más frecuente que la ONG recibió por parte del público es si esta práctica no resulta perjudicial para la salud. Según Scachetti, los médicos que consultaron aseguran que orinar en la ducha resulta inofensivo aunque recomiendan por razones obvias hacerlo al principio, antes de lavarse.

Curiosamente, comenta Scachetti, muchas de las personas que consultaron la página de internet de la campaña confesaron que ya lo hacían, aunque les daba vergüenza admitirlo.

El pis, el agua, las ciudades y el bosque

La conexión quizás no salta a la vista. Paso a explicar: el bosque atlántico se extiende por la costa brasileña desde el sur hacia el noreste. Aunque es una región menos conocida que el Amazonas, el área tiene una mayor biodiversidad de plantas y animales por hectárea.

En la actualidad sólo queda un 7% de su superficie, el resto ya ha sido devastado.

En esta región viven cerca de 112.000 personas y las principales ciudades de Brasil -Sao Paulo, Río de Janeiro y Curitiba, por mencionar a algunas- están dentro de este ecosistema.

El agua que abastece a éstas y otras 3.000 ciudades que forman parte de la región proviene de los ríos que nacen en los bosques de la costa atlántica.

"Si no hay árboles, los ríos se llenan de arena, basura... Los árboles son los que protegen a los ríos. Sin árboles, no hay ríos", afirmó Scachetti, quien le dijo a BBC Mundo que desconocía la campaña ambiental -medio en broma medio en serio- que circula en facebook, donde se propone a la gente bañarse junta para ahorrar agua.

Ver video relacionado con el artículo en
www.verde.latam.msn.com

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Enésima decepción en la lucha contra el cambio climático


Pese a que todo son buenas intenciones, los dos grandes contaminadores del planeta, EE. UU. y China, siguen sin adoptar compromisos para reducir sus emisiones de CO2.


Los líderes mundiales han firmado este martes una nueva frustración en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático celebrada ayer en Nueva York.

Los dos grandes contaminadores del planeta, EE. UU. y China, ha reconocido que la situación es muy grave y que hay que hacer algo, pero como en anteriores ocasiones, no han adoptado ningún compromiso para reducir sus emisiones de CO2.

Por lo demás, la Conferencia ha reflejado hoy las profundas diferencias que separan a los países ricos, que plantean metas ambiciosas de reducción de gases contaminantes, y los emergentes, que les reclaman que asuman financieramente su deuda histórica de daño a la naturaleza.

Esta conferencia no negociadora en la que han participado un centenar de países pretende un acercamiento con vistas a la Cumbre de Copenhague de diciembre próximo cuyo objetivo es un nuevo acuerdo mundial sobre reducción de gases contaminantes que sustituya al Protocolo de Kioto, que expira en 2012.

Frente a lo que toda la comunidad internacional considera una emergencia ambiental, las propuestas presentadas por los presidentes de Francia y Bolivia, Nicolas Sarkozy y Evo Morales respectivamente, han sido un buen ejemplo de los distintos enfoques.

Sarkozy ha reclamado la creación de una Organización Mundial del Medio Ambiente para desarrollar un derecho internacional en la materia, tan respetado, ha dicho, como el del comercio.

Sin embargo, Morales ha propuesto un Tribunal de Justicia para delitos medioambientales que investigue a gobiernos y empresas que contaminaron el medio ambiente.

El apoyo económico y tecnológico a las naciones en desarrollo para reducir los gases contaminantes es el principal obstáculo de las negociaciones previas a la Cumbre de Copenhague.

China, la India -dos de los países que más contaminan- y Brasil lideran el grupo de emergentes que quieren mayores compromisos con fondos públicos de las naciones ricas para ayudarles a reducir sus emisiones y combatir los efectos del cambio climático.

Temen que si prevalecen los intereses de los países más ricos o metas demasiado ambiciosas en la reducción de emisiones puedan frenar su propio crecimiento económico.

El presidente de China, Hu Jintao, ha afirmado que no reducirán las emisiones de CO2 hasta 2020, mientras que su homólogo estadounidense, Barack Obama, ha pedido compromiso a las naciones en desarrollo, aunque sin comprometerse él a reducir sus emisiones.

Brasil, que no ha intervenido en la sesión plenaria, quiere asumir protagonismo como puente entre los países avanzados y los que están en vías de desarrollo y negocia una posición conjunta del grupo Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) para la reunión de Copenhague.

Artículo relacionado: Editorial de Los Tiempos: Hacia la cumbre del cambio climático

Hacia la cumbre del cambio climático

"Si no actuamos, corremos el riesgo de entregarles a las futuras generaciones una catástrofe irreversible", ha dicho Barack Obama

En medio de un ambiente en el que el escepticismo parece imponerse a las esperanzas, ayer se ha inaugurado en la sede de la Organización de Naciones Unidas la llamada “Semana del Cambio Climático”, en la que los líderes de todo el mundo deben sentar las bases de los acuerdos que se espera suscriban en diciembre, en Copenhague, Dinamarca.

Son casi cien los mandatarios que participaran de la cita, pero la atención se concentra en lo que vayan a decir los representantes de los países más involucrados en la emisión de gases invernadero. Y son precisamente ellos los que más motivos dan al escepticismo.

Estados Unidos, China, India, los que más aportan a la contaminación planetaria, son los que menos dispuestos se muestran a adoptar medidas drásticas más allá de las declaraciones de buenas intenciones. Y aunque es mucho lo que se espera de lo que proponga Barack Obama, en los hechos hay muchas dudas sobre si su país estará realmente dispuesto a hacer efectivo durante los próximos años.

No es fácil el papel que le toca al presidente estadounidense, pues EE.UU., que se negó a firmar el protocolo de Kyoto, ha aumentado sus emisiones un 18% desde 1990 (año de referencia de Kyoto) mientras que la Unión Europea las ha reducido un 2,7%. Y aunque Obama ha dado abundantes muestras de su buena voluntad, como su elocuente discurso de ayer, eso no es suficiente ni mucho menos.

Es verdad que ha propuesto una ley para reducir sus emisiones un 17% en 2020 y un 83% en 2050, y también que ha dado, durante los primeros ocho meses de su mandato, un formidable impulso a las energías limpias. Pero muy a pesar de sus deseos y voluntad la ley que propuso avanza lentamente en el Congreso y seguirá tramitándose en 2010.

Sin la aprobación de esa ley, Obama llegará a Copenhague “con las manos atadas”. No podrá asumir ningún compromiso en nombre de su país y, mientras EE.UU. no lo haga, China, India, y los demás que por su alto nivel de industrialización se destacan entre los más contaminantes, tampoco lo harán.

En esas circunstancias, sobre la Cumbre del Clima de Copenhague se extiende una densa nube de dudas. Se teme que no en ella no se llegue a ningún acuerdo importante y que se deje pasar, una vez más, la oportunidad de revertir un proceso que al ritmo que avanza hará estragos sobre el futuro de nuestro planeta.

"Si no actuamos, corremos el riesgo de entregarles a las futuras generaciones una catástrofe irreversible", advirtió Barack Obama en el mensaje que dirigió de ayer. Pero por lo visto, quienes más llamados están a atender esas palabras, los congresistas de su país, son los menos dispuestos a hacerlo.

Ante tan desalentador panorama, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha pedido a la sociedad civil internacional que aumente la presión sobre los líderes políticos. Propone que durante los próximos meses se haga sentir una presión suficientemente fuerte para que quienes tienen en sus manos la toma de decisiones no puedan dejar de tomarla en cuenta.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Bolivia, un futuro sin agua

*
Informe especial
por Andrés Repetto -

El calentamiento global hace estragos en América Latina y Bolivia es uno de los países más afectados. El derretimiento de sus glaciares y la sequía dejarán sin agua a millones de habitantes en muy pocos años. ¿Qué opinan los científicos? ¿Qué están haciendo las autoridades? Observador Global viajó a La Paz y registró con sus cámaras la lenta muerte de sus gigantes blancos.

1940-2009 - Lo que queda del glaciar Chacaltaya.
Desde hace dos años, y con mayor dramatismo durante los últimos meses, distintos organismos internacionales publicaron informes sobre los efectos del cambio climático a nivel mundial. Las Naciones Unidas, el Banco Mundial, organizaciones ecologistas y paneles de científicos se convirtieron en los voceros de lo que le espera al planeta en el corto y mediano plazo.

En las últimas semanas nos llamó la atención la actualización de algunos de esos informes que, con nuevos análisis y datos corregidos, arrojaron conclusiones aún más negativas, casi apocalípticas. Derretimiento de glaciares, aumento de la temperatura, sequías, inundaciones masivas, falta de agua en grandes ciudades, aumento de los niveles de los mares. Uno de los datos más estremecedores es que estos pronósticos se harán realidad en pocos años.

LA MUERTE DE LOS GLACIARES

A simple vista, uno de los fenómenos de las consecuencias del calentamiento global que más gráficamente nos permite visualizar su impacto es el acelerado proceso del derretimiento de los glaciares. Donde antes había hielos eternos y pistas de esquí hoy solo quedan las montañas cada vez más desnudas y centros turísticos abandonados.

América Latina no es la excepción: los científicos vienen advirtiendo desde hace tiempo sobre la futura desaparición de los glaciares y la escasez de agua como una de sus consecuencias directas. Lamentablemente estas proyecciones sombrías fueron en muchos casos superadas por la realidad. Lo que muchos expertos creían que sucedería en 2015 ya está ocurriendo. Los glaciares subtropicales bolivianos, peruanos y ecuatorianos son un claro ejemplo.

Bolivia es uno de los países que más esta sufriendo este fenómeno. Para los científicos bolivianos la falta de agua ya es uno de los temas más urgentes. Si pocos años atrás la llamada "guerra del agua" llevó la muerte a varios ciudadanos que reclamaban por el acceso al agua en manos de empresas privadas, ahora el gran temor de ciudades como La Paz es que el agua no alcance. Las altas temperaturas no solo están derritiendo sus glaciares sino que además secan sus represas, ya sea por la falta de lluvias o la evaporación del agua. Algunas fuentes consultadas que prefieren preservar su identidad confirmaron a Observador Global que el racionamiento es "inminente".

Por esta razón decidimos viajar hasta La Paz y contemplar este fenómeno con nuestros propios ojos. Visitamos las regiones afectadas por el cambio climático y vimos asombrados lo que queda de algunos otrora gigantescos glaciares como el Chacaltaya: absolutamente nada.

El equipo de Observador Global llegó a La Paz poco tiempo después de que las lluvias llevaran un poco de alivio a las ciudades, aunque el nivel de precipitaciones y agua acumulada está muy lejos de los niveles que se necesitan para tranquilizar a los científicos y a los políticos.

Hablamos con Fanor Nava, el alcalde de la ciudad de El Alto, en La Paz, -la mayor urbe boliviana, en la que se concentra el 10 por ciento de la población de todo el país-y se manifestó consciente del problema, asegurando que la escasez de agua es una bomba de tiempo a punto de estallar. Fue él quien obligó a que en el pasado carnaval se dejara la tradición de lado y se prohibiera el uso de agua durante las celebraciones.

Las cámaras de Observador Global recorrieron algunos de los mercados de la ciudad de El Alto, entrevistando a los vecinos y registrando la imagen de canillas resguardadas en cajas con candados para evitar el derroche. La llave de ese preciado bien permanece en poder de las autoridades de los mercados que sólo abren los cofres cuando alguien lo solicita.

Contemplamos los preocupantes niveles de las represas que abastecen de agua a La Paz mientras observábamos las montañas que rodean la ciudad con sus picos nevados y glaciares en retroceso. Entrevistamos a destacadísimos científicos, como Ivar Arana, experto en cambio climático, y el ingeniero y glaciólogo Edson Ramírez, ambos colaboradores del equipo de investigación conformado por el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, que ganó el premio Nobel de la paz por su labor contra el calentamiento global. Entrevistando a ellos y a Ángel Román, experto en ecología de las Naciones Unidas, conocimos la preocupación que les genera el deshielo de los glaciares y la futura falta de agua en Bolivia y el resto de la región.

MALOS PRONÓSTICOS

Ninguno de los expertos consultados por Observador Global suponía que el glaciar Chacaltaya iba a desaparecer en 2009: la realidad superó ampliamente sus pronósticos. Cuando estuvimos a los pies de lo que fue el Glaciar Chacaltaya, a 5.300 metros de altura, allí donde funcionaba la pista de esquí más alta del mundo, viendo un centro turístico prácticamente abandonado, no pudimos creer las fotos que abundan en el lugar y muestran en blanco y negro la gigantesca masa blanca que cubría al cerro pocos años atrás.

El glaciar Chacaltaya es seguramente el ejemplo más visible de este proceso pero lo mismo está ocurriendo en otros de la zona como el Tuni Condoriri. Los especialistas bolivianos buscan que la gente no solo tome conciencia de lo que está pasando sino que todos -ciudadanos y autoridades- actúen rápido.

Ramírez, Arana y Román afirmaron ante nuestras cámaras que lo que sucede en Bolivia se repite en Perú, Ecuador, Colombia, Argentina y en todos aquellos países que poseen estos tesoros de agua dulce. Un recurso que ya es escaso y que a su vez está desapareciendo a una velocidad mas rápida que la estimada poco tiempo atrás.

LA HORA DE ACTUAR

Todos coinciden en que es imposible revertir el cambio climático pero afirman que podemos trabajar para adaptarnos. Para eso se requiere educación y no sólo restringir el uso del agua con cortes esporádicos o candados en las canillas públicas, sino también llevar a cabo, de manera urgente, obras de infraestructura como nuevas represas que logren capitalizar al máximo las aguas de deshielo, las subterráneas y las provenientes de las lluvias.

Hasta el momento, los cambios que experimenta el planeta parecen ir más rápido que las acciones de los políticos y de quienes deben implementar el cambio. Estas obras requieren mucho dinero y determinación para llevarse a la práctica de forma inmediata. De lo contrario los efectos serán aun más duros de lo que se cree.

Los científicos, los formadores de opinión, los nuevos líderes de un mundo en rápido y profundo cambio, tienen la difícil tarea de medir sus palabras para no alarmar en tiempos en los que muy pocos pasan de la toma de conciencia a la acción. La mesura de estos hombres de ciencia busca que lo dramático no se transforme en apocalíptico y esto a su vez en excusa para no tratar de modificar nuestro presente. Su único objetivo es dejar una mejor vida en el futuro inmediato.

Fuente: http://observadorglobal.com/bolivia-un-futuro-sin-agua-informe-especial-n45.html

Observador Global los invita a ver las seis notas en video que conforman nuestro primer informe especial sobre el impacto del calentamiento global en Bolivia.

sábado, 5 de septiembre de 2009

La coca contra la Pachamama

La destrucción del Parque Machía para facilitar el transporte de hojas de coca es un ejemplo más de la mitomanía en que está sumido nuestro país

Hace unos días, en este espacio editorial, al comentar la distinción que el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas otorgó al presidente del “Estado Plurinacional de Bolivia” por su defensa de la “Madre Tierra”, decíamos que había abundantes motivos para cuestionar tal reconocimiento a Evo Morales, pues si hay algo que está haciendo estragos en la salud de la “Pachamama” es precisamente la actividad económica de la que es el máximo representante: la producción de coca y su correlato, su transformación en cocaína.

Los datos que confirman ese paradójico rol que le atribuye a Morales son muchos. Pero por si los ya conocidos no fueran suficientes, una nota periodística publicada en este medio da un ejemplo más, que por su elocuencia y magnitud no puede ni debe pasar desapercibido para las muchas organizaciones que actúan en nombre del medio ambiente pero optan por un silencio cómplice cuando la causa ecologista se corrompe con ciertas afinidades políticas.

Según el informe que comentamos, una de las principales reservas naturales que hay en nuestro país, el parque Machía, donde la comunidad Inti Wara Yasi desarrolla desde hace ya mucho tiempo una encomiable labor de protección de la vida silvestre, está a punto de ser destruida por una sola razón: el deseo de los “comunarios” de Villa Copabana, quienes exigen la construcción de un camino que facilite el transporte de sus productos al mercado. Por “productos” se entiende la hoja de coca.

Para satisfacer esa exigencia de “las bases cocaleras”, se destruirá una reserva ecológica donde viven alrededor de 1.000 especies de monos, felinos, osos y aves, todos cobijados por los bosques del parque, uno de los pocos lugares del trópico cochabambino donde todavía se pueden ver árboles centenarios.

Es tan grande el crimen ecológico que se está a punto de cometer, que muchos de los principales líderes del Movimiento al Socialismo estuvieron, mientras pudieron, entre los principales opositores a que se consume.

Hace ya algunos años, el entonces alcalde de Villa Tunari, Felipe Cáceres, actual viceministro, vetó el proyecto. Y lo mismo hizo años después el ex prefecto Rafael Puente. Ambas autoridades tuvieron que enfrentarse a las presiones de los cocaleros de la zona y fueron derrotados. Ahora, un camino cuya única razón de existir es facilitar el transporte de hojas de coca a su mercado, que no es otro que las fábricas de cocaína, dará fin con un parque que solía atraer un promedio de 30.000 turistas al año que lo visitaban atraídos por la belleza del lugar.

Mientras eso ocurre, muy orondo el Presidente Evo Morales luce su condecoración de defensor mundial de la “Madre Tierra”. Y las muchas organizaciones no gubernamentales que reciben cuantiosos recursos en nombre de la defensa del medio ambiente, guardan un vergonzoso silencio. Un ejemplo más de la mitomanía en que está sumido nuestro país.

sábado, 29 de agosto de 2009

Evo Morales y la “Madre Tierra”

Sólo con muy mala fe se pueden soslayar los estragos que el circuito coca – cocaína causa en la salud de la “Madre Tierra”

Mucho entusiasmo y alegría entre sus seguidores, como sorpresa, confusión y disconformidad entre sus detractores, ha causado la decisión del presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el nicaragüense Miguel D’Escoto, de otorgar al presidente Evo Morales una medalla y un pergamino, mediante los cuales será declarado como defensor mundial de la “Madre Tierra”.

Esa distinción, según D’Escoto, se justifica por “la firme postura del jefe de Estado boliviano en defensa del medio ambiente y la “Madre Tierra” (Pachamama), con propuestas concretas que ha presentado en varios foros internacionales”.

No hace falta mucha erudición para poner en evidencia cuán falaz es esa apreciación. Es que pocas actividades son más incompatibles con la preservación de la salud de la “Madre Tierra” que las que realizan los productores de coca, cuyo máximo dirigente es precisamente Evo Morales.

Ese sólo hecho tendría que ser suficiente para descalificar el rol que se le pretende atribuir al principal líder de los cocaleros, pues como lo confirma una infinidad de estudios sobre el tema, la producción de coca y su transformación en cocaína está haciendo estragos en la “Pachamama”.
Es bien sabido, por ejemplo, que los cultivos de coca son incompatibles con la preservación de los suelos del subtrópico cochabambino, lo que está dando lugar a una acelerada desforestación y aniquilamiento de la capa fértil de la tierra. La constante expansión de los cultivos está destruyendo reservas ecológicas, invadiendo todos los parques naturales. Y muchísimo peor es el paso siguiente, el que viene después de la cosecha de las hojas de coca, que consiste en su mezcla con letales sustancias químicas para elaborar la pasta base de cocaína.

Todo ese proceso, que ya no se desarrolla sólo en las zonas de cultivo, sino a lo largo y ancho del territorio nacional, valles y altiplano incluidos, está haciendo estragos en la tierra, el agua y especies animales. La cadena destructora de los ecosistemas que se inicia con los cultivos de coca es de tal magnitud que sólo con muy mala fe puede ser soslayada por quienes con tanta hipocresía hablan de la “Madre Tierra”.

Como si eso fuera poco, Morales ha desafiado franca y abiertamente a todas las organizaciones defensoras del medio ambiente en nuestro país al insistir en la exploración hidrocarburífera en el norte paceño, una región que por la fragilidad de su ecosistema es una de las que más protección requiere. Es probable que haya argumentos para respaldar tal pragmatismo, pero es seguro que la defensa de la “Pachamama” no es, ni mucho menos, uno de ellos.

Con esos antecedentes, tan cuestionable como la distinción que trae D’Escoto es el silencio de las muchas organizaciones que a pesar de que actúan en nombre de la defensa del medio ambiente en los hechos son cómplices de su destrucción.

lunes, 24 de agosto de 2009

Los cambios climáticos

Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.

Las temperaturas extremas y los desastres naturales que vive actualmente todo el hemisferio han causado sorpresa y preocupación. El cambio climático global ha hecho que, por ejemplo, regiones que se caracterizaron durante siglos por la cantidad acumulada de nieve registren hoy temperaturas primaverales; o que, los huracanes tengan una cada vez más inusual potencia e intensidad.

Desde el 2006, que fue considerado el año más caluroso en promedio desde que se tiene registro de las temperaturas mundiales, al menos desde el siglo XIX, la tendencia al progresivo incremento de las temperaturas no ha cambiado.

La misma naturaleza ha comenzado a sentir los efectos del fenómeno climático. Osos que no duermen durante el invierno, aves migratorias que no migran más y árboles que florecen en plena estación fría. La lista de desajustes es innumerable y el cambio climático un hecho evidente hasta para los escépticos, que durante años dudaron de la preocupación de científicos y ambientalistas.

Si bien para algunos habitantes nórdicos, las temperaturas suaves les ahorran la dureza del invierno, el fenómeno podría traer consecuencias impensables para los ciclos de la naturaleza que podrían desembocar, incluso a escala planetaria, en la extinción de cientos de especies animales y vegetales. Con ello, se podría ver afectada incluso la misma agricultura, actividad elemental para la sobrevivencia física de la humanidad.

Todas estas preocupaciones, que se originan a partir de un cambio evidente en el clima, apuntan a un responsable principal: la actividad humana, con procesos a escala mundial de transformación de recursos naturales y consumo de energías fósiles que emiten a la atmósfera gases como el dióxido de carbono, unos de los principales desencadenantes del efecto invernadero.

La degradación del sistema medioambiental se hace evidente y esto ha conducido a que algunos líderes mundiales comiencen a demandar un compromiso político para combatir al recalentamiento global. La reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la compensación monetaria a países menos contaminantes, la preservación de bosques y la venta de bonos oxígeno, son algunos de los mecanismos propuestos para ralentizar la velocidad del fenómeno, que sólo será revertido cuando las emisiones de gases no sobrepasen a la capacidad de la tierra de absorber ese alto impacto.Sin embargo, hasta ahora las naciones con mayor responsabilidad en el fenómeno -solo Estados Unidos emite a la atmósfera el 25 por ciento del dióxido de carbono del mundo, a modo de ejemplo-- se resisten a firmar acuerdos internacionales para combatir el recalentamiento global, debido al temor que su crecimiento económico pueda resentirse.

Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.

martes, 21 de julio de 2009

Una contradicción fundamental

“Fobomade versus Pedroandina” es la fórmula que sintetiza un conflicto de visiones que ya no pueden convivir en el seno gubernamental

Una serie de noticias ha comenzado a sacar a luz durante los días un profundo conflicto de visiones en las filas del oficialismo. Un conflicto al que en días pasados calificamos en este espacio editorial como el punto más débil del andamiaje ideológico sobre el que sostiene el “proceso de cambio”.
“Habrá que ver cómo sale el gobierno del entuerto en que se ha metido”, decíamos, y las primeras muestras de las dificultades que el asunto trae consigo ya las hemos comenzado a ver a través de las muy agresivas declaraciones del Ministro de Hidrocarburos contra “la intromisión de organizaciones extranjeras” que se proponen “frenear los planes del gobierno para realizar tareas de exploración y explotación de hidrocarburos en el norte de La Paz”. Se refiere, como ya lo dijo antes el Presidente Morales, a ciertas ONG que “pretenden confundir al pueblo y especialmente a los indígenas de Bolivia”.
Las ONG contra las que ahora se dirige la artillería gubernamental son muchas. Pero entre ellas se destaca el Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade), la misma que durante muchos años estuvo encabezada por el actual Contralor General del “Estado Plurinacional”. Se trata de una de las organizaciones que más influyó en todo el proceso que condujo a hacer de Evo Morales y el MAS una especie de icono mundial de las corrientes que han hecho del fundamentalismo ecológico uno de los principales arietes del anticapitalismo global.
El Fobomade, que articula a organizaciones sociales, productivas, académicas, grupos juveniles, parlamentarios, ecologistas, es uno de los eslabones de una muy poderosa red de ONG que han adquirido enorme influencia en todo el mundo. Es la misma red que jugó un papel decisivo en el proceso que condujo a los sangrientos enfrentamientos en Perú, cuando los indígenas de la amazonia peruana se movilizaron para impedir que el gobierno de Alan García lleve a cabo su plan de explotación hidrocarburífera.
Ahora, cuando la defensa del medio ambiente ya no es sólo cuestión de fáciles discursos ni de artículos irresponsablemente impuestos en la nueva Constitución Política del Estado, parece haber llegado la hora de las definiciones. “Fobomade versus Pedroandina” es la fórmula como se puede sintetizar un conflicto de dos visiones que hasta ahora convivieron pacíficamente, pero que, por lo profundas que son sus contradicciones, tendrán despojarse de las máscaras que hasta ahora tan buenos réditos les dieron.
Habrá que ver pues cuán consecuentes con su causa son los unos y cuán dispuestos a sacrificar el pragmatismo económico están los otros.
Mientras no se conozca el desenlace de la pugna, hay algo seguro. Es que Alan García debe estar muy sonriente disfrutando del espectáculo.

viernes, 17 de julio de 2009

Entre la Pachamama y el petróleo

Habrá que ver cómo sale el gobierno del entuerto en que se ha metido. Tras él se esconde el punto más débil del “proceso de cambio”

Cuando durante los primeros días del pasado mes de junio en la selva amazónica peruana se desencadenaron cruentos enfrentamientos entre indígenas y fuerzas policiales, el presidente boliviano no pudo disimular su plena identificación con la causa de los “indígena originarios campesinos”. Fue tan franca y abierta su toma de partido, que llegó a poner en muy serio riesgo las relaciones diplomáticas con el más cercano de nuestros vecinos.
En el caso peruano, desde el punto de vista de Evo Morales, la línea que separa el bien del mal era tan nítida que no había ni el más mínimo lugar a dudas. Ahora, poco más de un mes después, no parece tener tan claras las cosas. Es que ante un manifiesto difundido por las principales organizaciones indígenas de nuestro país, en el que en nombre del medio ambiente cuestionan las operaciones petroleras que YPFB promueve en la amazonia boliviana, ha montado en cólera.
Los argumentos esgrimidos por los indígenas bolivianos son idénticos a los que condujeron a sus congéneres peruanos a arremeter contra el gobierno de Alan García. Exigen que se les consulte y se respeten sus decisiones sobre las actividades mineras e hidrocarburíferas en sus comunidades. Y que se detengan los trabajos petroleros que se han iniciado porque “atentan contra el medio ambiente, la salud y la vida de las comunidades”. El guión es exactamente el mismo.Hasta ahí, nada sorprendente. Pero el asunto comienza a adquirir un aspecto digno de atención cuando se constata que los argumentos con los que Evo Morales responde a las exigencias de los indígenas en cuyo nombre gobierna son también exactamente iguales a los empleados por Alan García cuando tuvo que enfrentar similar desafío.
"Algunas ONG usan a algunos dirigentes sindicales o al movimiento indígena para oponerse y se oponen y no nos facilitan las licencias ambientales para que haya más pozos y más petróleo”. “Los están “manipulando” y “confundiendo” con intereses políticos”. “Algunas ONG decían “Amazonía sin petróleo (...) eso quiere decir que no haya gas ni petróleo para los bolivianos. Entonces ¿de qué Bolivia va a vivir si algunas ONG dicen Amazonía sin petróleo?". Esas son algunas de las frases cuyo contenido parece calcado, aunque no la forma, de alguno de los discursos con los que Alan García intentó persuadir a los indígenas peruanos que en nombre de la defensa del medio ambiente fueron llevados a morir y matar.
Habrá que ver cómo sale el gobierno del entuerto en que se ha metido. Los taladros venezolanos están listos en el norte paceño para penetrar en la “Pachamama”, y los “indígena originarios campesinos” en pie de guerra para evitar que esa violación se produzca. Enorme dilema tras el que se esconde el punto más débil del “proceso de cambio”.

sábado, 13 de junio de 2009

Efectos políticos del cambio climático

Lo que está ocurriendo en Perú es un buen ejemplo de lo que puede ser una de las principales fuentes de conflicto de los próximos años


Hace algunos días, el Foro Humanitario Internacional (GHI, por sus siglas en inglés) dio a conocer en Londres un informe sobre los efectos que el cambio climático global tiene sobre la vida cotidiana de gran parte de la humanidad. Destaca el hecho de que quienes más lo sufren son quienes menos tienen que ver con las causas que lo producen. Y viceversa.

Entre los datos más elocuentes que se citan en el informe, se destaca el relativo a la cantidad de muertes que está ocasionando ya el cambio climático a través de hambrunas, enfermedades y desastres naturales. Se calcula que las alteraciones ecológicas son causa directa o indirecta de 315 mil muertes. Según algunas previsiones, al ritmo actual de deterioro ambiental, dentro de 10 años será el 10 por ciento de la población terrestre la que enfrentará grandes dificultades para sobrevivir.

Tan impactantes como los fríos números son los rasgos cualitativos de los sectores más afectados, así como de los que con más facilidad eluden los efectos negativos del cambio climático. Es que la relación entre el grado de responsabilidad en el deterioro medioambiental y el padecimiento de sus consecuencias es inversamente proporcional. Es decir, quienes más contaminan son los menos afectados, y quienes más armoniosamente viven con la naturaleza, sus principales víctimas.

Según los datos del informe que comentamos, eso se refleja en el hecho de que los 50 países más pobres del mundo sólo han generado el 1% de las emisiones de dióxido de carbono, principal determinante del deterioro atmosférico. Se trata de regiones que soportan los daños de las inundaciones o sequías, de la elevación del nivel del mar o del avance del proceso de desertificación, entre otras calamidades.

Exactamente la misma injusta distribución de responsabilidades y perjuicios se reproduce a escala de cada país. Quienes menos se benefician con los resultados de la sobreexplotación del medio ambiente son quienes más directamente sufren las consecuencias de la deforestación, la contaminación de las aguas y las alteraciones que sufre el ciclo agrícola a raíz de los cambios en el régimen de lluvias.

Como no es difícil imaginar, tal estado de cosas lleva consigo el germen de gravísimos problemas económicos, sociales y políticos, que tarde o temprano dejarán su estado latente para manifestarse con todo su potencial explosivo.

Lo que está ocurriendo estos días en Perú, donde es precisamente la confrontación de dos visiones mutuamente excluyentes sobre la manera de actuar frente a los recursos naturales, es un buen ejemplo de lo que puede dejar de ser un episodio aislado para ser una de las principales fuentes de conflicto de los próximos años.

Es tan serio el asunto, que lo menos que puede hacerse es recurrir a cómodas simplificaciones.

viernes, 12 de junio de 2009

Medio ambiente: tarea de todos

El cambio hacia una concepción ecológica del desarrollo debe empezar en todos y cada uno de los ciudadanos.

Son complejas y tensas las relaciones que se plantean entre la naturaleza y las sociedades modernas. En Latinoamérica estas relaciones resultan aún más contradictorias por la dispersión de las políticas gubernamentales y las diversas actitudes de la comunidad frente a una paulatina depauperación del medioambiente.

En efecto, si sus habitantes originarios --aquellos a los que peyorativamente se denomina salvajes-- encontraron modos de desarrollar sus actividades en armonía con su entorno, no ha ocurrido lo mismo con las economías modernas que, en una visión unilateral de las cosas, sólo han concebido a la naturaleza como generadora de riquezas que, una vez explotadas, no vale la pena recuperar ni preservar.

Esa era también, hasta hace poco, una actitud tácita de los gobiernos; pero una vez que empezaron a avizorarse los peligros que acarrea la depredación del medioambiente (contaminación de las fuentes de agua, aniquilamiento de valiosas especies forestales y animales, cambios climáticos y una degradación general del entorno) cambiaron sus políticas y, en alguna medida, su modo de ponderar el valor de la naturaleza.

Pero hay que decir que ello no se tradujo en acciones específicas ni mucho menos coherentes. Mientras la contaminación y el smog movilizan a millones de personas en urbes como México D.F. o Santiago de Chile --casi al par que los movimientos ecologistas de Europa-- hay habitantes de otras zonas alejadas del mundanal ruido que no se inmutan cuando se les habla de los riesgos ecológicos. Para ellos, este es un problema cuya solución puede ser diferida indefinidamente.

Semejante actitud puede ser explicada porque, en Latinoamérica, la destrucción del medio ambiente no es uniforme y, aunque estuvo, y aún está, estrechamente asociada a la introducción de tecnologías ajenas a su tradición cultural, no ha generado todavía el daño suficiente -no ha quemado la casa, se podría decir simbólicamente- como para causar inquietud.

Bolivia, mientras tanto, está en riesgo de perder más de la mitad de su riqueza forestal en el plazo de ocho años. Los motivos son varios: el intenso chaqueo a fuego de amplias áreas de terreno virgen, la tala indiscriminada de valiosas especies forestales, una agricultura precaria que sobrevive en terrenos cada vez más empobrecidos y otras actividades erosivas, naturales y humanas, que contribuyen a esta desertización paulatina.

No es posible, sin embargo, solicitar un cambio de actitud a pueblos que libran diariamente una dura batalla por sobrevivir en condiciones adversas allí donde la leña es todavía la única fuente de energía, sin identificar a los grandes depredadores.



El cambio hacia una concepción ecológica del desarrollo debe empezar en todos y cada uno de los ciudadanos.

jueves, 11 de junio de 2009

Fundamentalismo ecológico

Todo parece indicar que el gobierno boliviano se propone asumir una posición de vanguardia para promover el fundamentalismo ambiental


Según revela un amplio informe publicado en este matutino en días pasados, Bolivia está a punto de perder un millonario mercado de bonos de compensación ecológica establecidos en el Protocolo de Kyoto (“bonos de carbono”) suscrito en 1999, que implicaban para el país un ingreso de 300 a 400 millones de dólares anuales, como una forma de compensación por proyectos ambientales financiados por países altamente industrializados. Unos 30 proyectos, muchos impulsados por poblaciones indígenas, esperaban beneficiarse con estos recursos.

De acuerdo a las versiones gubernamentales, la intención de dar la espalda a los acuerdos originados en Kyoto estaría motivada en la convicción expresada por el Presidente Morales en sentido de no permitir que “hasta el cambio climático sea convertido en mercancía”. Se trata de una posición que rompe todos los esquemas hasta ahora adoptados, y pone a Bolivia a la vanguardia de lo que muchos consideran un fundamentalismo ecológico muy poco viable en términos prácticos, pero muy cotizado en el mercado de las ideas contestatarias al “establishement” capitalista y moderno.

El asunto, aparentemente poco relacionado con los múltiples conflictos que cotidianamente ocupan la atención colectiva, es en realidad uno de los más importantes del mundo actual. El cambio climático ocupa un primerísimo lugar en la agenda de preocupaciones de la sociedad contemporánea y son muchos los debates que sobre el ya arrecian de cara a la cumbre mundial que tendrá lugar en Copenhague en octubre próximo.

La posición que Bolivia adopte en ese encuentro será de máxima importancia. Por una parte, porque el nuestro es uno de los países con mayor diversidad ecológica lo que lo hace especialmente apetecible tanto para las grandes empresas interesadas en la explotación comercial de bosques, flora y fauna, como para las organizaciones ecologistas que ya son un enorme factor de poder a escala planetaria.

Pero también muchos ojos estarán puestos sobre lo que digan nuestros representantes porque el gobierno boliviano es visto en los poderosos círculos ecologistas, indigenistas, anticapitalistas y antimodernos como un modelo a seguir. Si Bolivia opta por la radicalidad, no faltarán quienes se alineen en esa dirección, lo que sin duda tendría hondos efectos económicos, políticos y sociales en el continente y en el mundo entero.

La importancia que el discurso ecologista tiene en la ofensiva desencadenada por indígenas amazónicos en Perú contra las actividades productivas en esa región es sólo un ejemplo de lo que eso puede significar.

Así pues, la posibilidad de que la cumbre de Copenhague se convierta en una palestra para que desde la que se promueva un giro hacia posiciones radicales es algo que debe comenzar a ser tema debate en nuestro país.

miércoles, 10 de junio de 2009

Conflictos en el frente externo

Las tensas relaciones con tres de nuestros vecinos hacen temer que el escenario diplomático se llevará buena parte de la atención colectiva

Como no podía ser de otro modo, dados los antecedentes del caso, las relaciones diplomáticas ente nuestro país y Perú han llegado a un punto muy cercano a la ruptura y todo hace prever que la tendencia del proceso que conduce al distanciamiento entre ambos países no ha hecho más que comenzar.

Los enfrentamientos ocurridos en país vecino hace algunos días que eran plenamente previsibles en vista de la firme decisión con que las organizaciones indígenas iniciaron una ofensiva contra una serie de disposiciones legales que las consideran contrarias a sus intereses. Lo hicieron en términos tan radicales que cerraron toda posibilidad de una solución negociada del conflicto, lo que puso en evidencia el afán de poner al gobierno de Alan García en una situación tan crítica que se ha puesto en riesgo su estabilidad.

Fue en ese contexto que Evo Morales hizo llegar una carta a las organizaciones indígenas peruanas instándolas a llevar su lucha al terreno de los enfrentamientos, para pasar “de la resistencia a la rebelión”, primero, y “de la rebelión a la revolución”, después. Que tal mensaje haya sido difundido precisamente cuando el conflicto ingresaba a su fase más álgida, ha sido interpretada por el gobierno peruano como un inadmisible acto de injerencia.

De manera casi simultánea, otro frente de conflictos se abrió en las relaciones con Paraguay a raíz de la incursión irregular en territorio paraguayo de fuerzas policiales bolivianas fuertemente armadas. Como ya es habitual, la primera reacción gubernamental consistió en negar tal extremo, pero las evidencias lo obligaron a reconocer que la gravísima contravención a normas internacionales sí se produjo.

A ello se suma la decisión del gobierno de Brasil de dar asilo a más de una centena de ciudadanos pandinos que están siendo perseguidos. La decisión del gobierno boliviano de rechazar tal decisión ha abierto otro factor de discordia, con lo que son tres de nuestros cinco vecinos los que enfrentan dificultades en sus relaciones con el nuestro.

Paradójicamente, en medio de tan conflictivo panorama, hay una gran excepción: las relaciones con Chile, que han alcanzado un nivel de armonía que no guarda relación alguna con la magnitud de los problemas que tenemos pendientes con ese país. Nunca antes un gobierno boliviano había actuado con tanta benevolencia a pesar de que nada se ha avanzado en la solución del tema marítimo.

Por lo que se ve, el frente externo será durante los próximos meses uno de los que más atención demande, lo que no parece incomodar a un gobierno que, tanto en el frente interno como en el externo, suele sacar buenos réditos de todo lo que lleve la marca del conflicto.

domingo, 4 de enero de 2009

Yacaspata, ¿Qué había en el cementerio mollo? (Mónica Oblitas y Rafael Sagárnaga)

En la provincia Camacho, la construcción del tramo carretero Humacha-Ambaná provocó la destrucción de un camposanto prehispánico de la cultura mollo. La negligencia salpica a la Prefectura de La Paz y la empresa constructora. Decenas de tumbas fueron profanadas y sus objetos de valor de oro y plata habrían sido saqueados por obreros y comunarios

Leer artículo completo...