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jueves, 29 de octubre de 2009

Funcionales (Juan José Toro Montoya)

Mientras más tiempo el gobierno evite que Leopoldo hable, más subirán los puntos políticos del candidato vicepresidencial encarcelado y, consiguientemente, del partido político que lo postula. ¿Quién es más funcional en este caso, señor Presidente?

Una de las tantas polémicas de las campañas electorales es la funcionalidad de ciertos sectores de la sociedad respecto a los partidos políticos que aspiran a detentar el poder.

En política se habla de funcionalidad, o cualidad de funcional, cuando se refiere a algo o alguien eficazmente adecuado a determinados fines. Así, una persona es funcional cuando actúa como el partido quiere y le facilita el logro de sus fines.

Como Bolivia está inmersa en días preelectorales, los debates sobre la funcionalidad son varios en función a quiénes son funcionales a qué partidos.

Y como la funcionalidad depende de comportamientos, uno puede ser funcional incluso sin querer.

La prensa, por ejemplo, puede ser funcional involuntariamente porque es incapaz de controlar el efecto de sus mensajes. El periodismo, ya sea traducido en papeles, sonidos, imágenes u otro tipo de señales, es, en teoría, un puente para la comunicación.

El emisor (periodista) lanza un mensaje a través de un medio (periódicos, radioemisoras, teledifusoras, agencias de noticias, etc.) con el fin de que llegue a un destinatario que es el público. Una vez emitido el mensaje, es difícil saber el efecto que tendrá porque su destinatario es múltiple y heterogéneo. Si de bandos políticos hablamos, lo que es útil al gobierno resulta perjudicial a la oposición y viceversa. Esa es una de las tantas razones por las que generalmente nadie está conforme con el trabajo de la prensa.

Ahora bien, el periodismo se maneja bajo ciertos cánones o parámetros que resultan ineludibles desde el punto de vista técnico.

¿Qué determina la preeminencia de una noticia sobre otra? ¿Cómo se eligen las noticias para ponerlas en la primera página de un periódico y cómo se distribuyen estas en esa plana? ¿Por qué unas noticias van antes que otra en los noticieros radiales y/o televisivos?

Aunque los políticos no lo crean, la preeminencia no la define la preferencia política del dueño del medio, del director o del jefe de redacción. La teoría proporciona parámetros como, por ejemplo, los factores de interés que son los que determinan el orden de presentación de las noticias. Así, se toma en cuenta factores como la rareza del hecho, proximidad, violencia, etc. La preeminencia de unos factores sobre otros, forma parte de la política editorial del medio.

En función a los factores de interés, la mayoría de los medios cruceños le dedicaron grandes espacios al transfugio de ciertos miembros de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) que ahora forman parte del MAS. ¿Y por qué no? Si la UJC actuó bajo los esquemas del fascismo y neonazismo, ¿cómo es que ahora aparece metido en un partido supuestamente socialista?

Sin embargo, al abundar sobre el tema, los medios cruceños le estaban haciendo publicidad gratuita al MAS. ¿También le eran funcionales?

Lo mismo pasa con el culebrón de Leopoldo Fernández, el “pobrecito” candidato a la vicepresidencia por el Plan Progreso para Bolivia – Convergencia Nacional (PPB-CN) que está preso en la cárcel de San Pedro sin poder expresarse porque el Gobierno se lo impide.

Aquí tenemos un claro ejemplo de funcionalidad pues, al ocuparse del tema prácticamente cada día, los medios le están haciendo el jueguito al PPB-CN (que es la apuesta fuerte de la derecha en estas elecciones) porque no sólo le obsequian abundante publicidad sino victimizan a Fernández y le ayudan a subir su posible caudal de votos.

Empero… ¿cómo podemos acusar a los periodistas de funcionales cuando el mismísimo gobierno ha caído en el jueguito de su adversario de derecha?

Al evitar que hable Leopoldo, el MAS está echando sal a una herida que los estrategas del PPB-CN supieron abrir hábilmente: el atropello a la libertad de expresión.

Mientras más tiempo el gobierno evite que Leopoldo hable, más subirán los puntos políticos del candidato vicepresidencial encarcelado y, consiguientemente, del partido político que lo postula. ¿Quién es más funcional en este caso, señor Presidente?

Fuente: Los Tiempos

jueves, 22 de octubre de 2009

Anti-natura (Juan José Toro Montoya)

Honduras y Nicaragua son dos países centroamericanos vecinos entre sí. Aquel es gobernado por Roberto Micheletti Baín y éste por José Daniel Ortega Saavedra.

En la teoría política, que en los últimos años siempre se sobrepone a la praxis, Micheletti es de derecha y Ortega es de izquierda. El actual detentador del poder en Honduras llegó a esa condición merced a un golpe de Estado urdido por sectores conservadores que pretenden evitar que el presidente electo, José Manuel Zelaya Rosales, involucre a ese país en el esquema de Hugo Chávez.

Ortega fue un guerrillero que lideró el Frente Sandinista de Liberación Nacional, ya gobernó Nicaragua entre 1985 y 1990 y en este segundo periodo lo alineó en el chavismo.

En los papeles, Micheletti y Ortega son agua y aceite, totalmente diferentes entre sí, y es imposible encontrar coincidencias entre ellos. Empero, la organización Reporteros Sin Fronteras lo hizo: los ubicó entre los presidentes que menos respetan la libertad de prensa.

El golpe de Micheletti puso a Honduras en el puesto 128 de una lista de 175 ubicaciones. Nicaragua está mejor posicionado, en el puesto 76, pero su tendencia es a la baja ya que el año anterior estaba en el 59. La lectura que se hace es que la libertad de prensa estuvo erosionándose en ese país en los últimos 12 meses.

¿Cómo se explica esa coincidencia entre dos gobiernos supuestamente diferentes? De Micheletti podemos esperar cualquier cosa —después de todo, interrumpió el proceso democrático de su país— pero… ¿y de Ortega?... ¿Es que acaso los gobiernos de izquierda no son respetuosos de los derechos humanos, entre los que se reconoce a la libertad de expresión?

La respuesta a esas preguntas es una sola: el periodismo es enemigo natural de los políticos.

El origen del periodismo moderno es innegablemente político. Su inventor —que, empero, no tenía idea de lo que estaba inventando— fue Julio César quien ordenó publicar lo que se discutía en las sesiones del Senado en las denominadas Actas Diurnas. No lo hizo para informar al pueblo sino para debilitar a la facción conservadora del Senado.

Con el transcurso de los tiempos, el periodismo intentó independizarse de la política pero los políticos, sabiéndose sus padres, jamás se lo permitieron.

El peligro del periodismo radica en su carácter público. Si un gobierno, sea de izquierda o de derecha, comete un acto ilícito, el pueblo puede llegar a saberlo a través de la prensa. Debido a ello, los políticos no toleran a un periodismo que no esté sometido a ellos, como todo en el juego del poder. Si la prensa se somete, pase y vale pero, si no lo hace, es mejor acallarla.

Micheletti no puede tolerar a una prensa que le endilga diariamente su golpismo así que tiene que censurarla. A Ortega, en cambio, no le conviene una corriente contraria a sus afanes de reelección y prorroguismo.

Lo normal es que haya alternabilidad en el poder pero, cuando una persona o partido llevan demasiado tiempo en él, el descontento se expresa mediante la prensa. Por tanto, es necesario controlarla y, si no se deja, hay que desaparecerla o sustituirla.

Esa es la explicación a las constantes fricciones entre la prensa y los presidentes bolivarianos como Ortega, Rafael Correa, Hugo Chávez y Evo Morales: todos ellos pretenden que la prensa sea parte de su esquema y eso es pedirle que vaya contra su naturaleza.

El periodismo se enfrentó a las dictaduras de derecha, incluso a costa de la vida de muchos de sus hombres, y, por su naturaleza de denunciante de los excesos, no tendrá empacho en hacerlo con estas otras, las que se proclaman de izquierda, aunque eso signifique sufrir censura, presión de los “movimientos sociales” y soportar una legislación amordazante.

Fuente: Los Tiempos