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miércoles, 26 de agosto de 2009

Inadimisibles negociaciones secretas (II)

Ya que aquí no hay quién se haga cargo del asunto, tal vez podamos enterarnos a través de Alan García de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre

Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.

Inadimisibles negociaciones secretas (II)

Ya que aquí no hay quién se haga cargo del asunto, tal vez podamos enterarnos a través de Alan García de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre

Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.

martes, 14 de julio de 2009

Las aguas bravas del Silala


La cancillería está en dificultades para defender sus supuestos logros.
Y si así le va con las aguas del Silala, ¿cómo le estará yendo con las otras?

Tres años y medio después de haber dado un giro radical a la política exterior de nuestro país, y muy especialmente a las relaciones con Chile, la Cancillería encabezada por David Choquehuanca se aproxima al momento de las pruebas. Tendrá que defender los primeros frutos de su “diplomacia de los pueblos”, lo que implica embarcarse en aguas bravas. Pero no se trata de las aguas del océano Pacífico, sino las de “sistema hídrico” del Silala.
El resultado presentado no fue el que los potosinos esperaban cuando en tono triunfalista se hablaba de “grandes avances”. Es que hubo avances, sin duda, pero avances para Chile. La exclusión del término “río” para sustituirlo por el de “sistema hídrico” ya es un gran paso a favor de la posición de nuestros vecinos, pues la piedra angular de la causa boliviana radica precisamente en la naturaleza de aquel manantial.
El estudio científico que haría falta para dirimir el pleito, el que durante tanto tiempo Bolivia exigió, ha sido incomprensiblemente dejado de lado. Es verdad que se deja abierta la posibilidad de que algún día se lo haga, pero ya no como condición previa sino algo accesorio que puede ser diferido para cuando Chile así lo disponga. Mientras tanto, ni río ni manantial, sino “sistema hídrico”.
Como era previsible, tales acuerdos no han sido bien recibidos por la mayor parte de las instituciones potosinas que no se resignan a que el gobierno tan generosamente dé por cancelada la millonaria deuda acumulada en su favor durante las últimas décadas. Pero como también era previsible, dada la habilidad con que el gobierno destruye la unidad de criterios cuando la división le resulta conveniente, con mucha habilidad se ha recurrido a la tentación monetaria para que los pobladores de Quetena Chico, donde está el reservorio, acepten la compensación que ofrece Chile.
Se ha abierto así la posibilidad de que los potosinos comiencen a pelear entre ellos. Que unos, los que por ser “originarios” de Quetana Chico se sienten con más derecho que los demás, se acojan al dicho según el cual “de mal pagador, se aceptan piedras”. Y los otros --los que son potosinos pero que son vistos como “forasteros” por los “dueños” del manantial-- que se niegan a vender tan barata una causa por la que tanto lucharon. Y los demás bolivianos… Sin nada que decir, pues ya se ha asumido la idea de que no vale la pena meterse en problemas “ajenos”.
Se puede prever, sin embargo, que al final de cuentas la decisión estará en manos de quienes hacen sumas y restas en términos electorales. Y como los potosinos que desaprueban la propuesta gubernamental son más que los que la aceptan, lo más probable es que Choquehuanca tenga que aceptar el fracaso de su gestión diplomática. Y si así le va con las aguas del Silala, ¿cómo le estará yendo con las otras?