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jueves, 27 de agosto de 2009

Las dos vertientes del monopartidismo

El monopartidismo no es sólo resultado del espíritu totalitario del oficialismo. La ceguera de la oposición es otra causa del fenómeno.

Enorme revuelo en el escenario político nacional han causado las declaraciones de un dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, , según las que los “sectores sociales” afines al MAS de esa ciudad habrían decidido impedir que los partidos de la oposición hagan proselitismo o abran casas de campaña en “su” territorio.
Como era de esperar, los muy numerosos candidatos de la oposición son los que con más entusiasmo se rasgaron las vestiduras y elevaron al cielo sus quejidos lastimeros. No pudieron, sin embargo, dejar de dar la impresión de que en el fondo los complace ese tipo de amenazas pues todos ya están buscando pretextos para justificar el estrepitoso fracaso que, al paso que van, los espera en diciembre.
Desgraciadamente, el fondo del asunto, cuya gravedad es mucho mayor de lo que se podría suponer si se lo atribuye sólo a los exabruptos de un dirigente alteño, pasa desapercibido para los muchos candidatos opositores. Es que más allá del desparpajo con que algunos individuos vierten sus amenazas, en los hechos hace ya mucho tiempo que en gran parte del territorio nacional está vigente un régimen de partido único.
Se ha llegado a ese punto por dos caminos. Uno de ellos es la eficiencia con que el MAS, a través de todas las organizaciones sociales que controla, ha logrado monopolizar la actividad política. El segundo es la absoluta y total ausencia de una organización de oposición capaz de hacer frente a ese avasallamiento.
Está ya tan consolidada en gran parte de territorio nacional la red de “control social” mediante la que se recurre a todo tipo de métodos coercitivos para coartar la libertad de acción política de quienes no se someten a los “pactos de unidad”, que el MAS ya no requiere amenazar. Ya los hechos son más contundentes que cualquier amenaza.
En ese contexto, la incontinencia verbal de algunos dirigentes, más que a una declaración de intenciones del oficialismo, puede ser atribuida a las pugnas internas que se producen en las filas de los “movimientos sociales” en pos de las candidaturas a diputados y senadores en las listas del MAS. Son pues sólo la manifestación más externa de algo más profundo.
Mucho más grave que la franqueza con que algunos dirigentes dan cuenta de lo que es ya una realidad, es la incapacidad de la oposición para hacer frente a ese avasallamiento con algo más que estériles quejas. No hay ni una sola organización capaz de intentar siquiera hacerse presente con casas de campaña, líderes intermedios ni candidatos en los territorios controlados por el MAS, y eso no es sólo por culpa del espíritu totalitario de los militantes del oficialismo. Es también, y sobre todo, consecuencia de la ceguera de una oposición que dispersa y dilapida sus esmirriadas fuerzas en vergonzosas pugnas personales.

martes, 7 de julio de 2009

Proyecciones electorales

Si la oposición pretende evitar un rotundo triunfo del MAS, tendrá que hacer algo drástico para cambiar el curso del proceso

Según los resultados obtenidos por tres encuestas realizadas durante las últimas semanas en las principales ciudades de nuestro país, el futuro político boliviano, si no ocurre algo extraordinario, ya se puede prever. La fórmula electoral del Movimiento al Socialismo,
encabezada por Evo Morales y Álvaro García Linera volverá a imponerse por un amplio margen y no habrá oposición capaz de contrarrestar su fortaleza en las urnas.
La encuesta realizada por Ipsos Apoyo, Opinión y Mercado, la más fidedigna de las tres, dados los antecedentes y prestigio internacional de la empresa, le asignan el 47% de las intenciones de voto al presidente Evo Morales. En el segundo lugar estaría Víctor Hugo Cárdenas, con el 9%. Samuel Doria Medina, con el 7%; Rubén Costas, con el 6%. Finalmente, en un lugar más marginal aún, figuran Jorge Tuto Quiroga y Manfred Reyes Villa, ambos con el 5%.
Las otras dos encuestas, aunque difieren ligeramente en los detalles cuantitativos, coinciden en el dato fundamental: la popularidad de Evo Morales está prácticamente intacta, mientras la de sus potenciales rivales prácticamente por los suelos.
El dato, de por sí significativo, lo es más aún si se considera que los sondeos se hicieron exclusivamente entre habitantes de las principales ciudades capitales del país, lo que deja fuera de las proyecciones a la población rural la que, como todos saben, apoya al MAS en una proporción mucho mayor que en las ciudades. Si se considera que durante los últimos meses el partido oficialista ha logrado grandes avances en pos del control monopólico de la actividad política en las áreas rurales, no es difícil suponer que en las actuales circunstancias el MAS podría obtener una victoria con un porcentaje superior al 60%.
Ante tal posibilidad, algunos dirigentes políticos que se niegan a ver la realidad han reaccionado como era de prever. Han atribuido los datos que comentamos a una supuesta confabulación urdida entre el Gobierno y quienes realizan las encuestas. Se esmeran en mantener viva una ilusión de popularidad que sólo existe en la imaginación de quienes pretenden aplicar a la política métodos que son propios de la especulación mercantil.
Otros aspirantes a candidatos, felizmente más serios, buscan en los datos de las encuestas alguna pista que les ayude a tomar decisiones. Algunos, es de esperar, terminarán resignándose a buscar nuevos rumbos, mientras los que sobrevivan a este pulseo pre electoral tendrán que buscar una sigla que los acoja.
Como se ve, es muy poco alentador el panorama que se perfila en el horizonte de la oposición democrática. Si la oposición pretende evitar un rotundo triunfo del MAS, tendrá que hacer algo drástico para cambiar el curso del proceso. Y hacerlo ya, porque el tiempo se agota.