Las fuerzas disgregadoras de la unidad nacional han comenzado a dar sus primeros resultados y no se vislumbra nada que detenga el proceso
Una de las críticas que más certeramente se hizo al texto constitucional elaborado por los asesores del MAS es que muy por encima de las elucubraciones teóricas de quienes dieron rienda suelta a sus fantasías indigenistas durante su redacción, existe una realidad que no se puede manipular con tanta facilidad como los conceptos teóricos.
Una muestra de lo que eso significa se pudo ver el pasado jueves cuando sindicatos campesinos y ayllus “indígena originario campesinos” se enfrentaron en la comunidad de Sienegoma, en Potosí. El saldo fue un muerto y 15 heridos y un odio visceral que clama venganza.
La primera víctima del proceso de consolidación de las “autonomías indígenas” fue Julián Mamani, una autoridad originaria de Tinguipaya. Su muerte, en sí misma significativa, lo es más por la forma en que se produjo. Fue asesinado de la manera más cruel cuando al huir de una emboscada preparada por los seguidores del MAS se alejó del grupo que lo acompañaba. Su cuerpo, destrozado a golpes, fue encontrado días después.
Según la explicación de los agredidos, el origen del problema consiste en que los masistas no quieren que nadie ingrese a las zonas que creen controlar políticamente. Que los que se oponen a las autonomías indígenas sean tan indígenas como los que apoyan la consigna gubernamental, no importa. Se los elimina con la frialdad con que se eliminó a Julián Mamani.
Lo ocurrido en Sienegoma no es una excepción. Muy por el contrario, es el único resultado que se puede esperar de la manera como el MAS se ha propuesto destruir todo el andamiaje institucional para imponer, así sea mediante los métodos aplicados en el caso que comentamos, las autonomías indígenas.
La magnitud del problema y de la carga explosiva que contiene es pavorosa. Es que los conflictos de intereses entre ayllus y municipios en las tierras altas ya tienen larga data y fue por eso que durante los últimos años se dejó pendiente la delimitación de circunscripciones que son objeto de luchas internas. Tales disputas, lejos de atenuarse, como ya se ha comenzado a ver, sólo pueden avivarse cuando lo que se pone en juego es nada menos que "el derecho de los pueblos indígenas al territorio, al autogobierno y a la libre determinación", con todo lo que ello implica en cuanto a poder político y económico.
En las tierras del oriente el asunto se complica aún más pues allá suman decenas las “naciones” que tienen que recorrer tan escabroso camino. En lo inmediato, además del asunto de las autonomías indígenas, tendrán que realizarse reuniones “inter-nacionales” para fijar sus límites y elegir a sus diputados.
Estamos pues ante el destape de una verdadera “caja de Pandora” de la que sólo se pueden esperar que salgan grandes calamidades. Se han desencadenado incontenibles fuerzas disgregadoras de la unidad nacional y no se vislumbra, por lo menos por ahora, algo que pueda revertir el proceso de destrucción.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Las autonomías indígenas en la práctica
Las fuerzas disgregadoras de la unidad nacional han comenzado a dar sus primeros resultados y no se vislumbra nada que detenga el proceso
Una de las críticas que más certeramente se hizo al texto constitucional elaborado por los asesores del MAS es que muy por encima de las elucubraciones teóricas de quienes dieron rienda suelta a sus fantasías indigenistas durante su redacción, existe una realidad que no se puede manipular con tanta facilidad como los conceptos teóricos.
Una muestra de lo que eso significa se pudo ver el pasado jueves cuando sindicatos campesinos y ayllus “indígena originario campesinos” se enfrentaron en la comunidad de Sienegoma, en Potosí. El saldo fue un muerto y 15 heridos y un odio visceral que clama venganza.
La primera víctima del proceso de consolidación de las “autonomías indígenas” fue Julián Mamani, una autoridad originaria de Tinguipaya. Su muerte, en sí misma significativa, lo es más por la forma en que se produjo. Fue asesinado de la manera más cruel cuando al huir de una emboscada preparada por los seguidores del MAS se alejó del grupo que lo acompañaba. Su cuerpo, destrozado a golpes, fue encontrado días después.
Según la explicación de los agredidos, el origen del problema consiste en que los masistas no quieren que nadie ingrese a las zonas que creen controlar políticamente. Que los que se oponen a las autonomías indígenas sean tan indígenas como los que apoyan la consigna gubernamental, no importa. Se los elimina con la frialdad con que se eliminó a Julián Mamani.
Lo ocurrido en Sienegoma no es una excepción. Muy por el contrario, es el único resultado que se puede esperar de la manera como el MAS se ha propuesto destruir todo el andamiaje institucional para imponer, así sea mediante los métodos aplicados en el caso que comentamos, las autonomías indígenas.
La magnitud del problema y de la carga explosiva que contiene es pavorosa. Es que los conflictos de intereses entre ayllus y municipios en las tierras altas ya tienen larga data y fue por eso que durante los últimos años se dejó pendiente la delimitación de circunscripciones que son objeto de luchas internas. Tales disputas, lejos de atenuarse, como ya se ha comenzado a ver, sólo pueden avivarse cuando lo que se pone en juego es nada menos que "el derecho de los pueblos indígenas al territorio, al autogobierno y a la libre determinación", con todo lo que ello implica en cuanto a poder político y económico.
En las tierras del oriente el asunto se complica aún más pues allá suman decenas las “naciones” que tienen que recorrer tan escabroso camino. En lo inmediato, además del asunto de las autonomías indígenas, tendrán que realizarse reuniones “inter-nacionales” para fijar sus límites y elegir a sus diputados.
Estamos pues ante el destape de una verdadera “caja de Pandora” de la que sólo se pueden esperar que salgan grandes calamidades. Se han desencadenado incontenibles fuerzas disgregadoras de la unidad nacional y no se vislumbra, por lo menos por ahora, algo que pueda revertir el proceso de destrucción.
Una de las críticas que más certeramente se hizo al texto constitucional elaborado por los asesores del MAS es que muy por encima de las elucubraciones teóricas de quienes dieron rienda suelta a sus fantasías indigenistas durante su redacción, existe una realidad que no se puede manipular con tanta facilidad como los conceptos teóricos.
Una muestra de lo que eso significa se pudo ver el pasado jueves cuando sindicatos campesinos y ayllus “indígena originario campesinos” se enfrentaron en la comunidad de Sienegoma, en Potosí. El saldo fue un muerto y 15 heridos y un odio visceral que clama venganza.
La primera víctima del proceso de consolidación de las “autonomías indígenas” fue Julián Mamani, una autoridad originaria de Tinguipaya. Su muerte, en sí misma significativa, lo es más por la forma en que se produjo. Fue asesinado de la manera más cruel cuando al huir de una emboscada preparada por los seguidores del MAS se alejó del grupo que lo acompañaba. Su cuerpo, destrozado a golpes, fue encontrado días después.
Según la explicación de los agredidos, el origen del problema consiste en que los masistas no quieren que nadie ingrese a las zonas que creen controlar políticamente. Que los que se oponen a las autonomías indígenas sean tan indígenas como los que apoyan la consigna gubernamental, no importa. Se los elimina con la frialdad con que se eliminó a Julián Mamani.
Lo ocurrido en Sienegoma no es una excepción. Muy por el contrario, es el único resultado que se puede esperar de la manera como el MAS se ha propuesto destruir todo el andamiaje institucional para imponer, así sea mediante los métodos aplicados en el caso que comentamos, las autonomías indígenas.
La magnitud del problema y de la carga explosiva que contiene es pavorosa. Es que los conflictos de intereses entre ayllus y municipios en las tierras altas ya tienen larga data y fue por eso que durante los últimos años se dejó pendiente la delimitación de circunscripciones que son objeto de luchas internas. Tales disputas, lejos de atenuarse, como ya se ha comenzado a ver, sólo pueden avivarse cuando lo que se pone en juego es nada menos que "el derecho de los pueblos indígenas al territorio, al autogobierno y a la libre determinación", con todo lo que ello implica en cuanto a poder político y económico.
En las tierras del oriente el asunto se complica aún más pues allá suman decenas las “naciones” que tienen que recorrer tan escabroso camino. En lo inmediato, además del asunto de las autonomías indígenas, tendrán que realizarse reuniones “inter-nacionales” para fijar sus límites y elegir a sus diputados.
Estamos pues ante el destape de una verdadera “caja de Pandora” de la que sólo se pueden esperar que salgan grandes calamidades. Se han desencadenado incontenibles fuerzas disgregadoras de la unidad nacional y no se vislumbra, por lo menos por ahora, algo que pueda revertir el proceso de destrucción.
martes, 18 de agosto de 2009
Más escollos en el proceso electoral
Ante la indiferencia de la oposición, y para beneplácito del oficialismo, se multiplican los escollos en el camino que conduce a las urnas
Hace algo más de un par de semanas, cuando se inició en nuestro país el empadronamiento biométrico de las personas habilitadas para votar en las elecciones previstas para diciembre próximo, una oleada de optimismo se llevó las muchas dudas y temores que hasta entonces se cernían sobre la viabilidad y transparencia del proceso electoral.
La puesta en funcionamiento de los primeros equipos, y los primeros reportes oficiales del Órgano Electoral “Plurinacional”, alimentaron el optimismo a pesar de que desde el principio se detectaron muchas dificultades. Mientras tanto, la oposición se olvidó del tema y el oficialismo puso en marcha la cuenta regresiva del plazo que le dio al OEP para que demuestre con los hechos que sí es posible cumplir el cronograma previsto.
Ya faltan sólo cinco días para que se cumpla el plazo que con un gesto de condescendencia dio el MAS y, desgraciadamente, hay motivos para temer que el próximo 23 se reanudará la ofensiva oficialista para resucitar el viejo padrón.
Las razones en las que se basa ese temor son muchas. Es que a pesar del enorme espíritu cívico con que la ciudadanía se movilizó masivamente para empadronarse, el ritmo al que avanza el registro no es el que se esperaba y a ello se suma un sinfín de dificultades técnicas, entre las que se destaca el alto porcentaje de equipos que dejaron de funcionar sólo dos semanas después de haber sido estrenados.
Pero ese no es el único problema. Hay otros, como la delimitación de las circunscripciones “indígena originario campesinas”, cuya potencial carga explosiva recién se ve cuando se intenta llevar a la práctica muchas de las disposiciones de la nueva Constitución
Es tan enorme el embrollo, y tan limitadas las posibilidades del Órgano Electoral de hacerse cargo de él, que los vocales no tuvieron mejor idea que soslayar el asunto a través de una resolución de sala plena mediante la que se decidió que no se delimitarán las siete circunscripciones especiales. Se determinó la creación de “asientos electorales indígenas” y “asientos electorales mixtos” en toda la extensión de los departamentos donde los pueblos originarios podrán inscribirse para votar por sus candidatos.
El asunto, al que hasta ahora nadie dio la importancia que merece, es de una gravedad aún mayor que el relativo al empadronamiento. Es que además del caos que implica, deja abierta la posibilidad de que en los “asientos electorales indígenas” y en los “asientos electorales mixtos”, se cometa todo tipo de arbitrariedades cuando llegue el momento de elegir a los diputados “indígena originario campesinos”. De hecho, la oposición no tendrá, tal como están las cosas, ni la más remota posibilidad de participar, pues los candidatos serán elegidos en cabildos y asambleas plenamente controlados por el MAS.
Más escollos en el proceso electoral
Ante la indiferencia de la oposición, y para beneplácito del oficialismo, se multiplican los escollos en el camino que conduce a las urnas
Hace algo más de un par de semanas, cuando se inició en nuestro país el empadronamiento biométrico de las personas habilitadas para votar en las elecciones previstas para diciembre próximo, una oleada de optimismo se llevó las muchas dudas y temores que hasta entonces se cernían sobre la viabilidad y transparencia del proceso electoral.
La puesta en funcionamiento de los primeros equipos, y los primeros reportes oficiales del Órgano Electoral “Plurinacional”, alimentaron el optimismo a pesar de que desde el principio se detectaron muchas dificultades. Mientras tanto, la oposición se olvidó del tema y el oficialismo puso en marcha la cuenta regresiva del plazo que le dio al OEP para que demuestre con los hechos que sí es posible cumplir el cronograma previsto.
Ya faltan sólo cinco días para que se cumpla el plazo que con un gesto de condescendencia dio el MAS y, desgraciadamente, hay motivos para temer que el próximo 23 se reanudará la ofensiva oficialista para resucitar el viejo padrón.
Las razones en las que se basa ese temor son muchas. Es que a pesar del enorme espíritu cívico con que la ciudadanía se movilizó masivamente para empadronarse, el ritmo al que avanza el registro no es el que se esperaba y a ello se suma un sinfín de dificultades técnicas, entre las que se destaca el alto porcentaje de equipos que dejaron de funcionar sólo dos semanas después de haber sido estrenados.
Pero ese no es el único problema. Hay otros, como la delimitación de las circunscripciones “indígena originario campesinas”, cuya potencial carga explosiva recién se ve cuando se intenta llevar a la práctica muchas de las disposiciones de la nueva Constitución
Es tan enorme el embrollo, y tan limitadas las posibilidades del Órgano Electoral de hacerse cargo de él, que los vocales no tuvieron mejor idea que soslayar el asunto a través de una resolución de sala plena mediante la que se decidió que no se delimitarán las siete circunscripciones especiales. Se determinó la creación de “asientos electorales indígenas” y “asientos electorales mixtos” en toda la extensión de los departamentos donde los pueblos originarios podrán inscribirse para votar por sus candidatos.
El asunto, al que hasta ahora nadie dio la importancia que merece, es de una gravedad aún mayor que el relativo al empadronamiento. Es que además del caos que implica, deja abierta la posibilidad de que en los “asientos electorales indígenas” y en los “asientos electorales mixtos”, se cometa todo tipo de arbitrariedades cuando llegue el momento de elegir a los diputados “indígena originario campesinos”. De hecho, la oposición no tendrá, tal como están las cosas, ni la más remota posibilidad de participar, pues los candidatos serán elegidos en cabildos y asambleas plenamente controlados por el MAS.
lunes, 17 de agosto de 2009
Biocombustibles en debate
Es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional
La previsible crisis energética con el agotamiento de las reservas del petróleo en el mundo y el fenómeno del calentamiento global han encontrado en los combustibles de origen vegetal, una probable solución futura a ambos problemas.
La propuesta sigue actualmente en el centro del debate político, puesto que sus alcances están aún en proceso de análisis en el campo científico. Entre sus detractores, se argumenta de principio que la producción de biocombustibles afectaría irremediablemente la frágil seguridad alimentaria de las naciones subdesarrolladas, puesto que éstas serían por sus climas tropicales las principales productoras de materia prima como el maíz, la soya, la colza o la caña de azúcar, básicas para la producción del biodiesel y el etanol.
En esta línea, se prevé que la producción agrícola dedicada a la alimentación podría pasar a un segundo plano, ante el peso económico que tendría con seguridad el área energética.
Se argumenta también que al convertirse la producción agrícola en un negocio energético de alcance planetario, la necesidad de más tierras para una demanda gigante de materias vegetales ampliaría la frontera agrícola en desmedro de las selvas tropicales, cuyo aporte en la captura del dióxido de carbono —el gas del calentamiento global—, es determinante y fundamental.
Para algunos especialistas, menos masas boscosas representan en los hechos claudicar en la lucha contra el fenómeno del calentamiento global, cuyas consecuencias directas son las alteraciones climáticas que durante los últimos años han comenzado a provocar catástrofes naturales y poner en riesgo la vida de miles de especies animales y vegetales.
Entre quienes ven con optimismo la llegada de los biocombustibles, se afirma que su producción evitaría una mayor contaminación atmosférica por la emisión de gases, además de representar oportunidades de desarrollo para miles de productores rurales.
Sin duda que el debate continuará hasta que se tengan conclusiones científicas que demuestren el impacto medioambiental, social y económico de los combustibles en el mundo.Entre tanto, el Gobierno Nacional antes de seguir la ruta tradicional de apostar por los combustibles fósiles, debería impulsar a través de instituciones especializadas la adquisición de un conocimiento preciso y real de las consecuencias que tendría para Bolivia, la introducción de un sistema de producción agroindustrial orientado a satisfacer la demanda de biocombustibles.
Sin duda que el tema seguirá generando una serie de debates, pero ante todo es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional.
La previsible crisis energética con el agotamiento de las reservas del petróleo en el mundo y el fenómeno del calentamiento global han encontrado en los combustibles de origen vegetal, una probable solución futura a ambos problemas.
La propuesta sigue actualmente en el centro del debate político, puesto que sus alcances están aún en proceso de análisis en el campo científico. Entre sus detractores, se argumenta de principio que la producción de biocombustibles afectaría irremediablemente la frágil seguridad alimentaria de las naciones subdesarrolladas, puesto que éstas serían por sus climas tropicales las principales productoras de materia prima como el maíz, la soya, la colza o la caña de azúcar, básicas para la producción del biodiesel y el etanol.
En esta línea, se prevé que la producción agrícola dedicada a la alimentación podría pasar a un segundo plano, ante el peso económico que tendría con seguridad el área energética.
Se argumenta también que al convertirse la producción agrícola en un negocio energético de alcance planetario, la necesidad de más tierras para una demanda gigante de materias vegetales ampliaría la frontera agrícola en desmedro de las selvas tropicales, cuyo aporte en la captura del dióxido de carbono —el gas del calentamiento global—, es determinante y fundamental.
Para algunos especialistas, menos masas boscosas representan en los hechos claudicar en la lucha contra el fenómeno del calentamiento global, cuyas consecuencias directas son las alteraciones climáticas que durante los últimos años han comenzado a provocar catástrofes naturales y poner en riesgo la vida de miles de especies animales y vegetales.
Entre quienes ven con optimismo la llegada de los biocombustibles, se afirma que su producción evitaría una mayor contaminación atmosférica por la emisión de gases, además de representar oportunidades de desarrollo para miles de productores rurales.
Sin duda que el debate continuará hasta que se tengan conclusiones científicas que demuestren el impacto medioambiental, social y económico de los combustibles en el mundo.Entre tanto, el Gobierno Nacional antes de seguir la ruta tradicional de apostar por los combustibles fósiles, debería impulsar a través de instituciones especializadas la adquisición de un conocimiento preciso y real de las consecuencias que tendría para Bolivia, la introducción de un sistema de producción agroindustrial orientado a satisfacer la demanda de biocombustibles.
Sin duda que el tema seguirá generando una serie de debates, pero ante todo es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional.
Biocombustibles en debate
Es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional
La previsible crisis energética con el agotamiento de las reservas del petróleo en el mundo y el fenómeno del calentamiento global han encontrado en los combustibles de origen vegetal, una probable solución futura a ambos problemas.
La propuesta sigue actualmente en el centro del debate político, puesto que sus alcances están aún en proceso de análisis en el campo científico. Entre sus detractores, se argumenta de principio que la producción de biocombustibles afectaría irremediablemente la frágil seguridad alimentaria de las naciones subdesarrolladas, puesto que éstas serían por sus climas tropicales las principales productoras de materia prima como el maíz, la soya, la colza o la caña de azúcar, básicas para la producción del biodiesel y el etanol.
En esta línea, se prevé que la producción agrícola dedicada a la alimentación podría pasar a un segundo plano, ante el peso económico que tendría con seguridad el área energética.
Se argumenta también que al convertirse la producción agrícola en un negocio energético de alcance planetario, la necesidad de más tierras para una demanda gigante de materias vegetales ampliaría la frontera agrícola en desmedro de las selvas tropicales, cuyo aporte en la captura del dióxido de carbono —el gas del calentamiento global—, es determinante y fundamental.
Para algunos especialistas, menos masas boscosas representan en los hechos claudicar en la lucha contra el fenómeno del calentamiento global, cuyas consecuencias directas son las alteraciones climáticas que durante los últimos años han comenzado a provocar catástrofes naturales y poner en riesgo la vida de miles de especies animales y vegetales.
Entre quienes ven con optimismo la llegada de los biocombustibles, se afirma que su producción evitaría una mayor contaminación atmosférica por la emisión de gases, además de representar oportunidades de desarrollo para miles de productores rurales.
Sin duda que el debate continuará hasta que se tengan conclusiones científicas que demuestren el impacto medioambiental, social y económico de los combustibles en el mundo.Entre tanto, el Gobierno Nacional antes de seguir la ruta tradicional de apostar por los combustibles fósiles, debería impulsar a través de instituciones especializadas la adquisición de un conocimiento preciso y real de las consecuencias que tendría para Bolivia, la introducción de un sistema de producción agroindustrial orientado a satisfacer la demanda de biocombustibles.
Sin duda que el tema seguirá generando una serie de debates, pero ante todo es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional.
La previsible crisis energética con el agotamiento de las reservas del petróleo en el mundo y el fenómeno del calentamiento global han encontrado en los combustibles de origen vegetal, una probable solución futura a ambos problemas.
La propuesta sigue actualmente en el centro del debate político, puesto que sus alcances están aún en proceso de análisis en el campo científico. Entre sus detractores, se argumenta de principio que la producción de biocombustibles afectaría irremediablemente la frágil seguridad alimentaria de las naciones subdesarrolladas, puesto que éstas serían por sus climas tropicales las principales productoras de materia prima como el maíz, la soya, la colza o la caña de azúcar, básicas para la producción del biodiesel y el etanol.
En esta línea, se prevé que la producción agrícola dedicada a la alimentación podría pasar a un segundo plano, ante el peso económico que tendría con seguridad el área energética.
Se argumenta también que al convertirse la producción agrícola en un negocio energético de alcance planetario, la necesidad de más tierras para una demanda gigante de materias vegetales ampliaría la frontera agrícola en desmedro de las selvas tropicales, cuyo aporte en la captura del dióxido de carbono —el gas del calentamiento global—, es determinante y fundamental.
Para algunos especialistas, menos masas boscosas representan en los hechos claudicar en la lucha contra el fenómeno del calentamiento global, cuyas consecuencias directas son las alteraciones climáticas que durante los últimos años han comenzado a provocar catástrofes naturales y poner en riesgo la vida de miles de especies animales y vegetales.
Entre quienes ven con optimismo la llegada de los biocombustibles, se afirma que su producción evitaría una mayor contaminación atmosférica por la emisión de gases, además de representar oportunidades de desarrollo para miles de productores rurales.
Sin duda que el debate continuará hasta que se tengan conclusiones científicas que demuestren el impacto medioambiental, social y económico de los combustibles en el mundo.Entre tanto, el Gobierno Nacional antes de seguir la ruta tradicional de apostar por los combustibles fósiles, debería impulsar a través de instituciones especializadas la adquisición de un conocimiento preciso y real de las consecuencias que tendría para Bolivia, la introducción de un sistema de producción agroindustrial orientado a satisfacer la demanda de biocombustibles.
Sin duda que el tema seguirá generando una serie de debates, pero ante todo es importante resaltar que aunque en el país no exista ni la atención ni el interés en el desarrollo de los biocombustibles, la fuerza de la tendencia internacional podría llegar tarde o temprano al territorio nacional.
domingo, 16 de agosto de 2009
La filosofía política de Evo Morales
“Si tenemos nuestra Constitución, no debería basarse en leyes (…) Ahí nuestros abogados no nos han orientado muy bien”
Si hay algo de lo que jamás se podrá acusar al presidente Evo Morales, es de falta de sinceridad. Por el contrario, a diferencia de lo que suele caracterizar a los líderes políticos en Bolivia y en cualquier parte del mundo, tiene la virtud de expresar lo que “siente” sobre los temas que lo preocupan con una franqueza admirable.
Entre los sentimientos que con más frecuencia expresa hay uno que se destaca. Es el profundo desprecio que le inspiran las leyes y todo lo que se relaciona con ellas. Como se recordará, en más de una oportunidad dijo que las leyes son un estorbo y por eso “le mete nomás” y que para arreglar los estropicios que esa manera de actuar ocasiona están los abogados que lo rodean.
Hasta ahora, Morales parecía muy conforme con los servicios que le presta el batallón de abogados que han puesto sus conocimientos y habilidades al servicio del “proceso de cambio” asesorándolo a cada paso sobre la mejor manera de eludir “el estorbo de la ley”. Pero ahora está muy decepcionado de ellos y así lo hizo saber a través de un discurso, ante una multitud que lo vitoreaba en El Alto. Los acusó públicamente de haber hecho mal su trabajo al elaborar el texto de la nueva Constitución Política del Estado. “Ahí tal vez nuestros abogados no nos han orientado muy bien”, afirmó al expresar su descontento.
Lo que le parece tan mal al primer mandatario, lo que desde su punto de vista es un inadmisible error de los jurisconsultos que lo asesoran, es que la aplicación de la Constitución tenga que estar sujeta a un régimen legal. “En muchos artículos de la nueva Constitución dice ‘este artículo estará sujeto a la aplicación de una nueva ley.’ (…) Si tenemos nuestra Constitución, no debería basarse en leyes”, dijo.
Como se ve, las expectativas que tenía el Presidente sobre las virtudes del nuevo texto constitucional eran otras. Él esperaba un mejor fruto de todo el esfuerzo hecho, de las luchas, las muertes, la sangre derramada para aprobar la nueva Constitución. Lo que esperaba era una Constitución que le permita gobernar libre del estorbo de cualquier ley. Es decir, gobernar como un verdadero autócrata.
Pero Evo Morales no ha perdido la esperanza. En el mismo discurso que comentamos, afirmó estar seguro de que el pueblo, el 6 de diciembre, enmendará, a través de su voto, los desaciertos de sus abogados y los asambleístas que no comprendieron que “la nueva Constitución no debería basarse en leyes”. Confía para eso en que el MAS obtenga dos tercios de la próxima Asamblea Legislativa. Habrá que suponer que, además de ello, tendrá especial cuidado en que los nuevos asambleístas no sean tan legalistas como los que hasta ahora no fueron capaces de entender algo tan sencillo como lo que desea el presidente del “Estado Plurinacional.”.
Si hay algo de lo que jamás se podrá acusar al presidente Evo Morales, es de falta de sinceridad. Por el contrario, a diferencia de lo que suele caracterizar a los líderes políticos en Bolivia y en cualquier parte del mundo, tiene la virtud de expresar lo que “siente” sobre los temas que lo preocupan con una franqueza admirable.
Entre los sentimientos que con más frecuencia expresa hay uno que se destaca. Es el profundo desprecio que le inspiran las leyes y todo lo que se relaciona con ellas. Como se recordará, en más de una oportunidad dijo que las leyes son un estorbo y por eso “le mete nomás” y que para arreglar los estropicios que esa manera de actuar ocasiona están los abogados que lo rodean.
Hasta ahora, Morales parecía muy conforme con los servicios que le presta el batallón de abogados que han puesto sus conocimientos y habilidades al servicio del “proceso de cambio” asesorándolo a cada paso sobre la mejor manera de eludir “el estorbo de la ley”. Pero ahora está muy decepcionado de ellos y así lo hizo saber a través de un discurso, ante una multitud que lo vitoreaba en El Alto. Los acusó públicamente de haber hecho mal su trabajo al elaborar el texto de la nueva Constitución Política del Estado. “Ahí tal vez nuestros abogados no nos han orientado muy bien”, afirmó al expresar su descontento.
Lo que le parece tan mal al primer mandatario, lo que desde su punto de vista es un inadmisible error de los jurisconsultos que lo asesoran, es que la aplicación de la Constitución tenga que estar sujeta a un régimen legal. “En muchos artículos de la nueva Constitución dice ‘este artículo estará sujeto a la aplicación de una nueva ley.’ (…) Si tenemos nuestra Constitución, no debería basarse en leyes”, dijo.
Como se ve, las expectativas que tenía el Presidente sobre las virtudes del nuevo texto constitucional eran otras. Él esperaba un mejor fruto de todo el esfuerzo hecho, de las luchas, las muertes, la sangre derramada para aprobar la nueva Constitución. Lo que esperaba era una Constitución que le permita gobernar libre del estorbo de cualquier ley. Es decir, gobernar como un verdadero autócrata.
Pero Evo Morales no ha perdido la esperanza. En el mismo discurso que comentamos, afirmó estar seguro de que el pueblo, el 6 de diciembre, enmendará, a través de su voto, los desaciertos de sus abogados y los asambleístas que no comprendieron que “la nueva Constitución no debería basarse en leyes”. Confía para eso en que el MAS obtenga dos tercios de la próxima Asamblea Legislativa. Habrá que suponer que, además de ello, tendrá especial cuidado en que los nuevos asambleístas no sean tan legalistas como los que hasta ahora no fueron capaces de entender algo tan sencillo como lo que desea el presidente del “Estado Plurinacional.”.
La filosofía política de Evo Morales
“Si tenemos nuestra Constitución, no debería basarse en leyes (…) Ahí nuestros abogados no nos han orientado muy bien”
Si hay algo de lo que jamás se podrá acusar al presidente Evo Morales, es de falta de sinceridad. Por el contrario, a diferencia de lo que suele caracterizar a los líderes políticos en Bolivia y en cualquier parte del mundo, tiene la virtud de expresar lo que “siente” sobre los temas que lo preocupan con una franqueza admirable.
Entre los sentimientos que con más frecuencia expresa hay uno que se destaca. Es el profundo desprecio que le inspiran las leyes y todo lo que se relaciona con ellas. Como se recordará, en más de una oportunidad dijo que las leyes son un estorbo y por eso “le mete nomás” y que para arreglar los estropicios que esa manera de actuar ocasiona están los abogados que lo rodean.
Hasta ahora, Morales parecía muy conforme con los servicios que le presta el batallón de abogados que han puesto sus conocimientos y habilidades al servicio del “proceso de cambio” asesorándolo a cada paso sobre la mejor manera de eludir “el estorbo de la ley”. Pero ahora está muy decepcionado de ellos y así lo hizo saber a través de un discurso, ante una multitud que lo vitoreaba en El Alto. Los acusó públicamente de haber hecho mal su trabajo al elaborar el texto de la nueva Constitución Política del Estado. “Ahí tal vez nuestros abogados no nos han orientado muy bien”, afirmó al expresar su descontento.
Lo que le parece tan mal al primer mandatario, lo que desde su punto de vista es un inadmisible error de los jurisconsultos que lo asesoran, es que la aplicación de la Constitución tenga que estar sujeta a un régimen legal. “En muchos artículos de la nueva Constitución dice ‘este artículo estará sujeto a la aplicación de una nueva ley.’ (…) Si tenemos nuestra Constitución, no debería basarse en leyes”, dijo.
Como se ve, las expectativas que tenía el Presidente sobre las virtudes del nuevo texto constitucional eran otras. Él esperaba un mejor fruto de todo el esfuerzo hecho, de las luchas, las muertes, la sangre derramada para aprobar la nueva Constitución. Lo que esperaba era una Constitución que le permita gobernar libre del estorbo de cualquier ley. Es decir, gobernar como un verdadero autócrata.
Pero Evo Morales no ha perdido la esperanza. En el mismo discurso que comentamos, afirmó estar seguro de que el pueblo, el 6 de diciembre, enmendará, a través de su voto, los desaciertos de sus abogados y los asambleístas que no comprendieron que “la nueva Constitución no debería basarse en leyes”. Confía para eso en que el MAS obtenga dos tercios de la próxima Asamblea Legislativa. Habrá que suponer que, además de ello, tendrá especial cuidado en que los nuevos asambleístas no sean tan legalistas como los que hasta ahora no fueron capaces de entender algo tan sencillo como lo que desea el presidente del “Estado Plurinacional.”.
sábado, 15 de agosto de 2009
Hacia un estado educador
¿Habrá que esperar que en Bolivia pase lo mismo que en Venezuela para que el tema educativo merezca mayor atención?
Que los procesos políticos que se desarrollan en Venezuela y Bolivia avanzan por líneas paralelas, aunque cada uno de ellos signado por sus propias características, como no podía ser de otro modo, es algo que por lo que evidente que es, ya no merece mayor discusión.
Son tantas las similitudes entre ambos procesos, que hay quienes sostienen con mucha razón que no es posible comprender uno de ellos sin tomar en cuenta los elementos de juicio y las experiencias que aporta el otro.
Las similitudes no se encuentran sólo en los actos de ambos gobiernos. También la oposición en ambos países comparte notables semejanzas. Su dispersión, su incapacidad para articular un proyecto político alternativo unificado es una de ellas. La otra, es que en ambos casos se pierden en detalles banales y pierden de vista lo fundamental. Subestiman los proyectos políticos a los que se enfrentan y se regodean con la idea de que no tienen norte y que por consiguiente se desmoronarán por sí solos.
Sin embargo, la tozuda realidad muestra cada día cuán equivocada está esa percepción. Tanto en Venezuela como en Bolivia el “proceso de cambio” avanza a paso firme sin que la oposición halle la forma de detenerlo y mucho menos de contrarrestarlo.
Durante las últimas horas, dos noticias dan nueva cuenta de las similitudes a las que nos referimos. En Venezuela acaba de ser aprobada la Ley Orgánica de Educación (LOE) mediante la que se consagra al Estado como el gran regente, con capacidad formativa, reguladora y punitiva, de la educación del país. Y en Bolivia, el Ministerio de Educación ha anunciado que hasta fin de mes estará listo el nuevo plan de estudios que comenzará a aplicarse el próximo año.
La reforma educativa venezolana, que como en otros temas está más avanzada que la boliviana, crea la figura del "Estado docente" que le otorga plena potestad al Gobierno para controlar todos los procesos del sistema educativo. Además, se da a los "consejos comunales y demás organizaciones", atribuciones que hasta ahora estaban reservadas a los padres y maestros.
En Bolivia, como ocurría en Venezuela hasta el día previo a la aprobación de la ley, es poco lo que se sabe sobre sus reales alcances. El Ministerio de Educación, sin embargo, ha adelantado ya algunas de las características que tendrá la reforma en curso.
Entre las más recientes novedades anunciadas, además de los profundos cambios en el plan de estudios, se indica que los estudiantes estarán obligados a inscribirse en el centro educativo más cercano a su domicilio y se impondrá un nuevo horario. Los estudiantes deberán pasar clases en la mañana y en la tarde.
La ley de reforma educativa venezolana tomó por sorpresa, como ya es habitual, a la oposición de ese país que ahora sólo atina a reaccionar con lamentos tardíos. ¿Habrá que esperar que en Bolivia pase lo mismo para que el tema merezca mayor atención?
Que los procesos políticos que se desarrollan en Venezuela y Bolivia avanzan por líneas paralelas, aunque cada uno de ellos signado por sus propias características, como no podía ser de otro modo, es algo que por lo que evidente que es, ya no merece mayor discusión.
Son tantas las similitudes entre ambos procesos, que hay quienes sostienen con mucha razón que no es posible comprender uno de ellos sin tomar en cuenta los elementos de juicio y las experiencias que aporta el otro.
Las similitudes no se encuentran sólo en los actos de ambos gobiernos. También la oposición en ambos países comparte notables semejanzas. Su dispersión, su incapacidad para articular un proyecto político alternativo unificado es una de ellas. La otra, es que en ambos casos se pierden en detalles banales y pierden de vista lo fundamental. Subestiman los proyectos políticos a los que se enfrentan y se regodean con la idea de que no tienen norte y que por consiguiente se desmoronarán por sí solos.
Sin embargo, la tozuda realidad muestra cada día cuán equivocada está esa percepción. Tanto en Venezuela como en Bolivia el “proceso de cambio” avanza a paso firme sin que la oposición halle la forma de detenerlo y mucho menos de contrarrestarlo.
Durante las últimas horas, dos noticias dan nueva cuenta de las similitudes a las que nos referimos. En Venezuela acaba de ser aprobada la Ley Orgánica de Educación (LOE) mediante la que se consagra al Estado como el gran regente, con capacidad formativa, reguladora y punitiva, de la educación del país. Y en Bolivia, el Ministerio de Educación ha anunciado que hasta fin de mes estará listo el nuevo plan de estudios que comenzará a aplicarse el próximo año.
La reforma educativa venezolana, que como en otros temas está más avanzada que la boliviana, crea la figura del "Estado docente" que le otorga plena potestad al Gobierno para controlar todos los procesos del sistema educativo. Además, se da a los "consejos comunales y demás organizaciones", atribuciones que hasta ahora estaban reservadas a los padres y maestros.
En Bolivia, como ocurría en Venezuela hasta el día previo a la aprobación de la ley, es poco lo que se sabe sobre sus reales alcances. El Ministerio de Educación, sin embargo, ha adelantado ya algunas de las características que tendrá la reforma en curso.
Entre las más recientes novedades anunciadas, además de los profundos cambios en el plan de estudios, se indica que los estudiantes estarán obligados a inscribirse en el centro educativo más cercano a su domicilio y se impondrá un nuevo horario. Los estudiantes deberán pasar clases en la mañana y en la tarde.
La ley de reforma educativa venezolana tomó por sorpresa, como ya es habitual, a la oposición de ese país que ahora sólo atina a reaccionar con lamentos tardíos. ¿Habrá que esperar que en Bolivia pase lo mismo para que el tema merezca mayor atención?
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