El monopartidismo no es sólo resultado del espíritu totalitario del oficialismo. La ceguera de la oposición es otra causa del fenómeno.
Enorme revuelo en el escenario político nacional han causado las declaraciones de un dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, , según las que los “sectores sociales” afines al MAS de esa ciudad habrían decidido impedir que los partidos de la oposición hagan proselitismo o abran casas de campaña en “su” territorio.
Como era de esperar, los muy numerosos candidatos de la oposición son los que con más entusiasmo se rasgaron las vestiduras y elevaron al cielo sus quejidos lastimeros. No pudieron, sin embargo, dejar de dar la impresión de que en el fondo los complace ese tipo de amenazas pues todos ya están buscando pretextos para justificar el estrepitoso fracaso que, al paso que van, los espera en diciembre.
Desgraciadamente, el fondo del asunto, cuya gravedad es mucho mayor de lo que se podría suponer si se lo atribuye sólo a los exabruptos de un dirigente alteño, pasa desapercibido para los muchos candidatos opositores. Es que más allá del desparpajo con que algunos individuos vierten sus amenazas, en los hechos hace ya mucho tiempo que en gran parte del territorio nacional está vigente un régimen de partido único.
Se ha llegado a ese punto por dos caminos. Uno de ellos es la eficiencia con que el MAS, a través de todas las organizaciones sociales que controla, ha logrado monopolizar la actividad política. El segundo es la absoluta y total ausencia de una organización de oposición capaz de hacer frente a ese avasallamiento.
Está ya tan consolidada en gran parte de territorio nacional la red de “control social” mediante la que se recurre a todo tipo de métodos coercitivos para coartar la libertad de acción política de quienes no se someten a los “pactos de unidad”, que el MAS ya no requiere amenazar. Ya los hechos son más contundentes que cualquier amenaza.
En ese contexto, la incontinencia verbal de algunos dirigentes, más que a una declaración de intenciones del oficialismo, puede ser atribuida a las pugnas internas que se producen en las filas de los “movimientos sociales” en pos de las candidaturas a diputados y senadores en las listas del MAS. Son pues sólo la manifestación más externa de algo más profundo.
Mucho más grave que la franqueza con que algunos dirigentes dan cuenta de lo que es ya una realidad, es la incapacidad de la oposición para hacer frente a ese avasallamiento con algo más que estériles quejas. No hay ni una sola organización capaz de intentar siquiera hacerse presente con casas de campaña, líderes intermedios ni candidatos en los territorios controlados por el MAS, y eso no es sólo por culpa del espíritu totalitario de los militantes del oficialismo. Es también, y sobre todo, consecuencia de la ceguera de una oposición que dispersa y dilapida sus esmirriadas fuerzas en vergonzosas pugnas personales.
jueves, 27 de agosto de 2009
Las dos vertientes del monopartidismo
El monopartidismo no es sólo resultado del espíritu totalitario del oficialismo. La ceguera de la oposición es otra causa del fenómeno.
Enorme revuelo en el escenario político nacional han causado las declaraciones de un dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, , según las que los “sectores sociales” afines al MAS de esa ciudad habrían decidido impedir que los partidos de la oposición hagan proselitismo o abran casas de campaña en “su” territorio.
Como era de esperar, los muy numerosos candidatos de la oposición son los que con más entusiasmo se rasgaron las vestiduras y elevaron al cielo sus quejidos lastimeros. No pudieron, sin embargo, dejar de dar la impresión de que en el fondo los complace ese tipo de amenazas pues todos ya están buscando pretextos para justificar el estrepitoso fracaso que, al paso que van, los espera en diciembre.
Desgraciadamente, el fondo del asunto, cuya gravedad es mucho mayor de lo que se podría suponer si se lo atribuye sólo a los exabruptos de un dirigente alteño, pasa desapercibido para los muchos candidatos opositores. Es que más allá del desparpajo con que algunos individuos vierten sus amenazas, en los hechos hace ya mucho tiempo que en gran parte del territorio nacional está vigente un régimen de partido único.
Se ha llegado a ese punto por dos caminos. Uno de ellos es la eficiencia con que el MAS, a través de todas las organizaciones sociales que controla, ha logrado monopolizar la actividad política. El segundo es la absoluta y total ausencia de una organización de oposición capaz de hacer frente a ese avasallamiento.
Está ya tan consolidada en gran parte de territorio nacional la red de “control social” mediante la que se recurre a todo tipo de métodos coercitivos para coartar la libertad de acción política de quienes no se someten a los “pactos de unidad”, que el MAS ya no requiere amenazar. Ya los hechos son más contundentes que cualquier amenaza.
En ese contexto, la incontinencia verbal de algunos dirigentes, más que a una declaración de intenciones del oficialismo, puede ser atribuida a las pugnas internas que se producen en las filas de los “movimientos sociales” en pos de las candidaturas a diputados y senadores en las listas del MAS. Son pues sólo la manifestación más externa de algo más profundo.
Mucho más grave que la franqueza con que algunos dirigentes dan cuenta de lo que es ya una realidad, es la incapacidad de la oposición para hacer frente a ese avasallamiento con algo más que estériles quejas. No hay ni una sola organización capaz de intentar siquiera hacerse presente con casas de campaña, líderes intermedios ni candidatos en los territorios controlados por el MAS, y eso no es sólo por culpa del espíritu totalitario de los militantes del oficialismo. Es también, y sobre todo, consecuencia de la ceguera de una oposición que dispersa y dilapida sus esmirriadas fuerzas en vergonzosas pugnas personales.
Enorme revuelo en el escenario político nacional han causado las declaraciones de un dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, , según las que los “sectores sociales” afines al MAS de esa ciudad habrían decidido impedir que los partidos de la oposición hagan proselitismo o abran casas de campaña en “su” territorio.
Como era de esperar, los muy numerosos candidatos de la oposición son los que con más entusiasmo se rasgaron las vestiduras y elevaron al cielo sus quejidos lastimeros. No pudieron, sin embargo, dejar de dar la impresión de que en el fondo los complace ese tipo de amenazas pues todos ya están buscando pretextos para justificar el estrepitoso fracaso que, al paso que van, los espera en diciembre.
Desgraciadamente, el fondo del asunto, cuya gravedad es mucho mayor de lo que se podría suponer si se lo atribuye sólo a los exabruptos de un dirigente alteño, pasa desapercibido para los muchos candidatos opositores. Es que más allá del desparpajo con que algunos individuos vierten sus amenazas, en los hechos hace ya mucho tiempo que en gran parte del territorio nacional está vigente un régimen de partido único.
Se ha llegado a ese punto por dos caminos. Uno de ellos es la eficiencia con que el MAS, a través de todas las organizaciones sociales que controla, ha logrado monopolizar la actividad política. El segundo es la absoluta y total ausencia de una organización de oposición capaz de hacer frente a ese avasallamiento.
Está ya tan consolidada en gran parte de territorio nacional la red de “control social” mediante la que se recurre a todo tipo de métodos coercitivos para coartar la libertad de acción política de quienes no se someten a los “pactos de unidad”, que el MAS ya no requiere amenazar. Ya los hechos son más contundentes que cualquier amenaza.
En ese contexto, la incontinencia verbal de algunos dirigentes, más que a una declaración de intenciones del oficialismo, puede ser atribuida a las pugnas internas que se producen en las filas de los “movimientos sociales” en pos de las candidaturas a diputados y senadores en las listas del MAS. Son pues sólo la manifestación más externa de algo más profundo.
Mucho más grave que la franqueza con que algunos dirigentes dan cuenta de lo que es ya una realidad, es la incapacidad de la oposición para hacer frente a ese avasallamiento con algo más que estériles quejas. No hay ni una sola organización capaz de intentar siquiera hacerse presente con casas de campaña, líderes intermedios ni candidatos en los territorios controlados por el MAS, y eso no es sólo por culpa del espíritu totalitario de los militantes del oficialismo. Es también, y sobre todo, consecuencia de la ceguera de una oposición que dispersa y dilapida sus esmirriadas fuerzas en vergonzosas pugnas personales.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Inadimisibles negociaciones secretas (II)
Ya que aquí no hay quién se haga cargo del asunto, tal vez podamos enterarnos a través de Alan García de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre
Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.
Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.
Inadimisibles negociaciones secretas (II)
Ya que aquí no hay quién se haga cargo del asunto, tal vez podamos enterarnos a través de Alan García de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre
Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.
Hace ya casi un mes, el 1 de agosto recién pasado, en este espacio editorial, bajo el título “Inadmisibles negociaciones secretas”, nos referimos a la incomprensible manera cómo el gobierno de Evo Morales decidió acelerar la aprobación de un acuerdo sobre las aguas del Silala con Chile. Afirmábamos que el caso daba suficientes motivos para sospechar que tras la aparente ingenuidad gubernamental, algo se estaba ocultando.
“Resulta tan sorprendente la tozudez con que la Cancillería se empeña en firmar un acuerdo con Chile, que no es posible comprenderla si sólo se recurre a los elementos de juicio disponibles. Sólo cabe suponer que la única explicación posible se encuentra en los documentos secretos suscritos con el gobierno de Michelle Bachelet. Unos acuerdos que el Gobierno se niega a hacer públicos y los oculta incluso a los parlamentarios de la bancada oficialista”, afirmábamos.
Más adelante, sosteníamos: “Hay suficientes motivos para temer que lo que se esconde tras las negociaciones con Chile es algo mucho más serio que lo relativo a las aguas del Silala. Se puede afirmar, por consiguiente, que lo que se está ocultando al país es todo un conjunto de acuerdos que bajo el rótulo de “top secret” están siendo negociados entre las cancillerías de ambos países”.
“…Es un secreto que el régimen masista está dispuesto a mantener a toda costa, lo que de ningún modo puede ni debe ser admitido por lo mucho que está en juego”, insistíamos.
Y al cuestionar la indolencia con que la mayor parte de las organizaciones cívicas y políticas del país dejaban pasar el asunto, sugeríamos que alguien tome la iniciativa para “exigir que se levante el secreto y que cualquier negociación se realice de cara al país”. “Y ya que no se puede contar con una oposición política capaz de asumir la tarea, tendrán que ser las organizaciones de la sociedad civil (…) las que eviten que el Gobierno se salga con la suya”, afirmábamos.
Con esos antecedentes, no podemos dejar de lamentar que haya tenido que ser un factor externo, en este caso las declaraciones del presidente de Perú, Alan García, el que sacuda la conciencia colectiva con suficiente fuerza para que al asunto se le dé la atención que merece. Vergüenza debiera darnos a todos los bolivianos, pero sobre todo a los que gobiernan y a los que tan inmerecidamente se disputan el papel de líderes de la oposición, que asuntos tan importantes tengan que ser ventilados en el exterior antes que entre nosotros.
Es de esperar, por eso, que Alan García tenga suerte en sus afanes por develar los acuerdos que tienen a Evo Morales tan condescendiente con su colega Bachelet. Tal vez así podamos, los bolivianos, enterarnos de los enjuagues que se hacen en nuestro nombre.
martes, 25 de agosto de 2009
Lula y el bautismo de la "Policía Sindical"
La presencia de Lula da Silva fue aprovechada para elevar al rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” a la “Policía Sindical”
Abundantes y de lo más diversas han sido las repercusiones que en el escenario político nacional ha tenido la reciente visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Y como en muchos otros casos, los aspectos menos relevantes del asunto son los que más atención han merecido.
El franco y abierto respaldo de Lula al gobierno de Evo Morales, y no muy indirectamente a su candidatura de cara a las elecciones de diciembre, ha sido el aspecto más destacado en lo que a efectos políticos se refiere. Se trata de un espaldarazo que sin duda ha dejado pálidos de envidia y susto a los candidatos opositores.
En lo económico, las muchas dudas que ya existen sobre la transparencia con que se realizó el contrato para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos opacaron lo que para muchos es una dádiva brasileña que se debe recibir de rodillas y sin chistar.
Sin embargo, la aparente generosidad brasileña fue suficiente para que pasen poco menos que desapercibidos los enormes montos que Petrobras debe a Bolivia por diversos conceptos. El gas que no compró, pero que pese a ello debió pagar por estar vigente la cláusula “take or pay”, por ejemplo, implica una deuda de más de 400 millones de dólares. Un monto apenas menor, calculado en más de 300 millones de dólares, es el que adeuda por los licuables que llegan a Brasil mezclados con el gas.
En suma, alrededor de 700 millones que Brasil debe a Bolivia fueron opacados por un muy sospechoso crédito que apenas llega a la mitad de esa cifra. Crédito que además de no ser nada blando, llega condicionado a múltiples arreglos entre empresarios brasileños y funcionarios bolivianos, lo que, como ya ha sido ampliamente denunciado, da lugar a muy graves sospechas de corrupción.
Sin embargo, y pese a lo importantes que son los aspectos señalados, hay uno que probablemente sea el que más honda huella deje en el futuro nacional. Se trata de la elevación a rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” de la “Policía Sindical”, la que al haber sido puesta en igualdad de condiciones que las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Federal de Brasil, recibió un bautismo que le da, ante la indiferencia general, una temible legitimidad.
Teniendo como testigo nada menos que al Presidente de Brasil, la “Policía Sindical” designó a su flamante “comandante”, quien al recibir tan alto cargo dijo que se trataba de un “momento histórico para las organizaciones sociales porque se consolidó el trabajo de las tareas de seguridad a las bases originarias en la organización de eventos locales, nacionales e internacionales”. Y no exageró en absoluto pues, en efecto, no todos los días, y no en cualquier país, se da carácter de oficial a una “Policía Sindical”.
Ahora, sólo cabe esperar que en otras regiones “autónomas” del país, en otras de las “republiquetas” que en los hechos ya existen, se sigan los mismos pasos.
Abundantes y de lo más diversas han sido las repercusiones que en el escenario político nacional ha tenido la reciente visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Y como en muchos otros casos, los aspectos menos relevantes del asunto son los que más atención han merecido.
El franco y abierto respaldo de Lula al gobierno de Evo Morales, y no muy indirectamente a su candidatura de cara a las elecciones de diciembre, ha sido el aspecto más destacado en lo que a efectos políticos se refiere. Se trata de un espaldarazo que sin duda ha dejado pálidos de envidia y susto a los candidatos opositores.
En lo económico, las muchas dudas que ya existen sobre la transparencia con que se realizó el contrato para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos opacaron lo que para muchos es una dádiva brasileña que se debe recibir de rodillas y sin chistar.
Sin embargo, la aparente generosidad brasileña fue suficiente para que pasen poco menos que desapercibidos los enormes montos que Petrobras debe a Bolivia por diversos conceptos. El gas que no compró, pero que pese a ello debió pagar por estar vigente la cláusula “take or pay”, por ejemplo, implica una deuda de más de 400 millones de dólares. Un monto apenas menor, calculado en más de 300 millones de dólares, es el que adeuda por los licuables que llegan a Brasil mezclados con el gas.
En suma, alrededor de 700 millones que Brasil debe a Bolivia fueron opacados por un muy sospechoso crédito que apenas llega a la mitad de esa cifra. Crédito que además de no ser nada blando, llega condicionado a múltiples arreglos entre empresarios brasileños y funcionarios bolivianos, lo que, como ya ha sido ampliamente denunciado, da lugar a muy graves sospechas de corrupción.
Sin embargo, y pese a lo importantes que son los aspectos señalados, hay uno que probablemente sea el que más honda huella deje en el futuro nacional. Se trata de la elevación a rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” de la “Policía Sindical”, la que al haber sido puesta en igualdad de condiciones que las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Federal de Brasil, recibió un bautismo que le da, ante la indiferencia general, una temible legitimidad.
Teniendo como testigo nada menos que al Presidente de Brasil, la “Policía Sindical” designó a su flamante “comandante”, quien al recibir tan alto cargo dijo que se trataba de un “momento histórico para las organizaciones sociales porque se consolidó el trabajo de las tareas de seguridad a las bases originarias en la organización de eventos locales, nacionales e internacionales”. Y no exageró en absoluto pues, en efecto, no todos los días, y no en cualquier país, se da carácter de oficial a una “Policía Sindical”.
Ahora, sólo cabe esperar que en otras regiones “autónomas” del país, en otras de las “republiquetas” que en los hechos ya existen, se sigan los mismos pasos.
Lula y el bautismo de la "Policía Sindical"
La presencia de Lula da Silva fue aprovechada para elevar al rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” a la “Policía Sindical”
Abundantes y de lo más diversas han sido las repercusiones que en el escenario político nacional ha tenido la reciente visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Y como en muchos otros casos, los aspectos menos relevantes del asunto son los que más atención han merecido.
El franco y abierto respaldo de Lula al gobierno de Evo Morales, y no muy indirectamente a su candidatura de cara a las elecciones de diciembre, ha sido el aspecto más destacado en lo que a efectos políticos se refiere. Se trata de un espaldarazo que sin duda ha dejado pálidos de envidia y susto a los candidatos opositores.
En lo económico, las muchas dudas que ya existen sobre la transparencia con que se realizó el contrato para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos opacaron lo que para muchos es una dádiva brasileña que se debe recibir de rodillas y sin chistar.
Sin embargo, la aparente generosidad brasileña fue suficiente para que pasen poco menos que desapercibidos los enormes montos que Petrobras debe a Bolivia por diversos conceptos. El gas que no compró, pero que pese a ello debió pagar por estar vigente la cláusula “take or pay”, por ejemplo, implica una deuda de más de 400 millones de dólares. Un monto apenas menor, calculado en más de 300 millones de dólares, es el que adeuda por los licuables que llegan a Brasil mezclados con el gas.
En suma, alrededor de 700 millones que Brasil debe a Bolivia fueron opacados por un muy sospechoso crédito que apenas llega a la mitad de esa cifra. Crédito que además de no ser nada blando, llega condicionado a múltiples arreglos entre empresarios brasileños y funcionarios bolivianos, lo que, como ya ha sido ampliamente denunciado, da lugar a muy graves sospechas de corrupción.
Sin embargo, y pese a lo importantes que son los aspectos señalados, hay uno que probablemente sea el que más honda huella deje en el futuro nacional. Se trata de la elevación a rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” de la “Policía Sindical”, la que al haber sido puesta en igualdad de condiciones que las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Federal de Brasil, recibió un bautismo que le da, ante la indiferencia general, una temible legitimidad.
Teniendo como testigo nada menos que al Presidente de Brasil, la “Policía Sindical” designó a su flamante “comandante”, quien al recibir tan alto cargo dijo que se trataba de un “momento histórico para las organizaciones sociales porque se consolidó el trabajo de las tareas de seguridad a las bases originarias en la organización de eventos locales, nacionales e internacionales”. Y no exageró en absoluto pues, en efecto, no todos los días, y no en cualquier país, se da carácter de oficial a una “Policía Sindical”.
Ahora, sólo cabe esperar que en otras regiones “autónomas” del país, en otras de las “republiquetas” que en los hechos ya existen, se sigan los mismos pasos.
Abundantes y de lo más diversas han sido las repercusiones que en el escenario político nacional ha tenido la reciente visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Y como en muchos otros casos, los aspectos menos relevantes del asunto son los que más atención han merecido.
El franco y abierto respaldo de Lula al gobierno de Evo Morales, y no muy indirectamente a su candidatura de cara a las elecciones de diciembre, ha sido el aspecto más destacado en lo que a efectos políticos se refiere. Se trata de un espaldarazo que sin duda ha dejado pálidos de envidia y susto a los candidatos opositores.
En lo económico, las muchas dudas que ya existen sobre la transparencia con que se realizó el contrato para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos opacaron lo que para muchos es una dádiva brasileña que se debe recibir de rodillas y sin chistar.
Sin embargo, la aparente generosidad brasileña fue suficiente para que pasen poco menos que desapercibidos los enormes montos que Petrobras debe a Bolivia por diversos conceptos. El gas que no compró, pero que pese a ello debió pagar por estar vigente la cláusula “take or pay”, por ejemplo, implica una deuda de más de 400 millones de dólares. Un monto apenas menor, calculado en más de 300 millones de dólares, es el que adeuda por los licuables que llegan a Brasil mezclados con el gas.
En suma, alrededor de 700 millones que Brasil debe a Bolivia fueron opacados por un muy sospechoso crédito que apenas llega a la mitad de esa cifra. Crédito que además de no ser nada blando, llega condicionado a múltiples arreglos entre empresarios brasileños y funcionarios bolivianos, lo que, como ya ha sido ampliamente denunciado, da lugar a muy graves sospechas de corrupción.
Sin embargo, y pese a lo importantes que son los aspectos señalados, hay uno que probablemente sea el que más honda huella deje en el futuro nacional. Se trata de la elevación a rango de institución fundamental del Estado “Plurinacional” de la “Policía Sindical”, la que al haber sido puesta en igualdad de condiciones que las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Federal de Brasil, recibió un bautismo que le da, ante la indiferencia general, una temible legitimidad.
Teniendo como testigo nada menos que al Presidente de Brasil, la “Policía Sindical” designó a su flamante “comandante”, quien al recibir tan alto cargo dijo que se trataba de un “momento histórico para las organizaciones sociales porque se consolidó el trabajo de las tareas de seguridad a las bases originarias en la organización de eventos locales, nacionales e internacionales”. Y no exageró en absoluto pues, en efecto, no todos los días, y no en cualquier país, se da carácter de oficial a una “Policía Sindical”.
Ahora, sólo cabe esperar que en otras regiones “autónomas” del país, en otras de las “republiquetas” que en los hechos ya existen, se sigan los mismos pasos.
Bloque alternativo (Jimena Costa)
Esta semana empiezan a hacerse públicos los avances del proceso de formación de un bloque opositor que busca constituirse en una alternativa en este complejo escenario rumbo a las elecciones del 6 de diciembre. Como suele ser un proceso político en el que actúan muchas fuerzas, es un proceso por demás complejo que no viene de algunas reuniones, ni éstas han sido ni son secretas, que requiere de largas horas de conversaciones y discusiones y que acaba logrando acuerdos mínimos, pero que gradualmente avanzan.
Escuché múltiples especulaciones al respecto, y parece sano hacer una breve explicación.
El objetivo de formar un frente único parecía imposible desde un inicio y esto ya se ha probado en la realidad. No todos quieren entrar y por supuesto no todos deben estar dentro, no es una bolsa común sino una estrategia política de fortalecimiento bajo lógica democrática, que implica pues la presencia de disensos en un ambiente de diversas organizaciones, fuerzas políticas y aun de intereses.
La meta fue y sigue siendo lograr un bloque que no sea sólo un binomio de unidad sino una alternativa que ofrecerle al país para continuar el cambio hacia la construcción de un Estado permanente autonómico e incluyente. Por tanto había que pensar y actuar bajo nuevas formas de hacer política y es ahí donde se presenta el bloque como portador de un cambio.
La primera fase fue la de lograr pensar el proceso a partir de las regiones, dado que el sistema de partidos aún no ha superado su crisis. La crisis política nos marca el rumbo, debe actuarse a partir de la realidad existente y no de las construcciones imaginarias de la realidad. Hoy las bancadas opositoras casi no existen, pero existen las brigadas, hoy los partidos no cuentan con liderazgos propios que ofrecerle al país —con pocas excepciones— y las organizaciones políticas más fuertes se conforman de una mezcla de partidos, actores prefecturales, organizaciones cívicas y ciudadanas en los departamentos. Es allí donde se inició el proceso.
Las fuerzas políticas opositoras empezaron a organizarse a partir de los departamentos, a diferente ritmo y de distinto modo.
Estas coaliciones departamentales empiezan a pronunciarse y a tomar decisiones, recién entonces entran los candidatos, que por supuesto avanzaron en la construcción de sus propuestas en los departamentos. Ya existe un bloque, con algunos departamentos completamente articulados, otros por terminar el proceso, otros en proceso, con algunos de los candidatos en carrera, con la incorporación de las diversas fuerzas y actores políticos que no están en carrera, y con la voluntad de lograr resultados con el consenso de los nueve departamentos, en un momento de regionalización de la política donde ningún candidato tiene fuerza nacional pero algunos de ellos tienen una base territorial de respaldo. La primera decisión es formar el bloque. La segunda decisión es que serán los bloques departamentales articulados los que preparen las listas de candidatos con sus mejores hombres y mujeres. La tercera decisión es que el binomio será de consenso y los demás candidatos se mantendrán en el bloque aunque no sean elegidos, todos trabajando por la misma causa.
El proceso continúa, sigue siendo una tarea compleja, pero para abrigar la esperanza de muchos ciudadanos ya existe el tan mentado bloque de oposición democrática con el propósito de constituirse en la alternativa.
Fuente: Los Tiempos
Escuché múltiples especulaciones al respecto, y parece sano hacer una breve explicación.
El objetivo de formar un frente único parecía imposible desde un inicio y esto ya se ha probado en la realidad. No todos quieren entrar y por supuesto no todos deben estar dentro, no es una bolsa común sino una estrategia política de fortalecimiento bajo lógica democrática, que implica pues la presencia de disensos en un ambiente de diversas organizaciones, fuerzas políticas y aun de intereses.
La meta fue y sigue siendo lograr un bloque que no sea sólo un binomio de unidad sino una alternativa que ofrecerle al país para continuar el cambio hacia la construcción de un Estado permanente autonómico e incluyente. Por tanto había que pensar y actuar bajo nuevas formas de hacer política y es ahí donde se presenta el bloque como portador de un cambio.
La primera fase fue la de lograr pensar el proceso a partir de las regiones, dado que el sistema de partidos aún no ha superado su crisis. La crisis política nos marca el rumbo, debe actuarse a partir de la realidad existente y no de las construcciones imaginarias de la realidad. Hoy las bancadas opositoras casi no existen, pero existen las brigadas, hoy los partidos no cuentan con liderazgos propios que ofrecerle al país —con pocas excepciones— y las organizaciones políticas más fuertes se conforman de una mezcla de partidos, actores prefecturales, organizaciones cívicas y ciudadanas en los departamentos. Es allí donde se inició el proceso.
Las fuerzas políticas opositoras empezaron a organizarse a partir de los departamentos, a diferente ritmo y de distinto modo.
Estas coaliciones departamentales empiezan a pronunciarse y a tomar decisiones, recién entonces entran los candidatos, que por supuesto avanzaron en la construcción de sus propuestas en los departamentos. Ya existe un bloque, con algunos departamentos completamente articulados, otros por terminar el proceso, otros en proceso, con algunos de los candidatos en carrera, con la incorporación de las diversas fuerzas y actores políticos que no están en carrera, y con la voluntad de lograr resultados con el consenso de los nueve departamentos, en un momento de regionalización de la política donde ningún candidato tiene fuerza nacional pero algunos de ellos tienen una base territorial de respaldo. La primera decisión es formar el bloque. La segunda decisión es que serán los bloques departamentales articulados los que preparen las listas de candidatos con sus mejores hombres y mujeres. La tercera decisión es que el binomio será de consenso y los demás candidatos se mantendrán en el bloque aunque no sean elegidos, todos trabajando por la misma causa.
El proceso continúa, sigue siendo una tarea compleja, pero para abrigar la esperanza de muchos ciudadanos ya existe el tan mentado bloque de oposición democrática con el propósito de constituirse en la alternativa.
Fuente: Los Tiempos
lunes, 24 de agosto de 2009
Los cambios climáticos
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
Las temperaturas extremas y los desastres naturales que vive actualmente todo el hemisferio han causado sorpresa y preocupación. El cambio climático global ha hecho que, por ejemplo, regiones que se caracterizaron durante siglos por la cantidad acumulada de nieve registren hoy temperaturas primaverales; o que, los huracanes tengan una cada vez más inusual potencia e intensidad.
Desde el 2006, que fue considerado el año más caluroso en promedio desde que se tiene registro de las temperaturas mundiales, al menos desde el siglo XIX, la tendencia al progresivo incremento de las temperaturas no ha cambiado.
La misma naturaleza ha comenzado a sentir los efectos del fenómeno climático. Osos que no duermen durante el invierno, aves migratorias que no migran más y árboles que florecen en plena estación fría. La lista de desajustes es innumerable y el cambio climático un hecho evidente hasta para los escépticos, que durante años dudaron de la preocupación de científicos y ambientalistas.
Si bien para algunos habitantes nórdicos, las temperaturas suaves les ahorran la dureza del invierno, el fenómeno podría traer consecuencias impensables para los ciclos de la naturaleza que podrían desembocar, incluso a escala planetaria, en la extinción de cientos de especies animales y vegetales. Con ello, se podría ver afectada incluso la misma agricultura, actividad elemental para la sobrevivencia física de la humanidad.
Todas estas preocupaciones, que se originan a partir de un cambio evidente en el clima, apuntan a un responsable principal: la actividad humana, con procesos a escala mundial de transformación de recursos naturales y consumo de energías fósiles que emiten a la atmósfera gases como el dióxido de carbono, unos de los principales desencadenantes del efecto invernadero.
La degradación del sistema medioambiental se hace evidente y esto ha conducido a que algunos líderes mundiales comiencen a demandar un compromiso político para combatir al recalentamiento global. La reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la compensación monetaria a países menos contaminantes, la preservación de bosques y la venta de bonos oxígeno, son algunos de los mecanismos propuestos para ralentizar la velocidad del fenómeno, que sólo será revertido cuando las emisiones de gases no sobrepasen a la capacidad de la tierra de absorber ese alto impacto.Sin embargo, hasta ahora las naciones con mayor responsabilidad en el fenómeno -solo Estados Unidos emite a la atmósfera el 25 por ciento del dióxido de carbono del mundo, a modo de ejemplo-- se resisten a firmar acuerdos internacionales para combatir el recalentamiento global, debido al temor que su crecimiento económico pueda resentirse.
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
Las temperaturas extremas y los desastres naturales que vive actualmente todo el hemisferio han causado sorpresa y preocupación. El cambio climático global ha hecho que, por ejemplo, regiones que se caracterizaron durante siglos por la cantidad acumulada de nieve registren hoy temperaturas primaverales; o que, los huracanes tengan una cada vez más inusual potencia e intensidad.
Desde el 2006, que fue considerado el año más caluroso en promedio desde que se tiene registro de las temperaturas mundiales, al menos desde el siglo XIX, la tendencia al progresivo incremento de las temperaturas no ha cambiado.
La misma naturaleza ha comenzado a sentir los efectos del fenómeno climático. Osos que no duermen durante el invierno, aves migratorias que no migran más y árboles que florecen en plena estación fría. La lista de desajustes es innumerable y el cambio climático un hecho evidente hasta para los escépticos, que durante años dudaron de la preocupación de científicos y ambientalistas.
Si bien para algunos habitantes nórdicos, las temperaturas suaves les ahorran la dureza del invierno, el fenómeno podría traer consecuencias impensables para los ciclos de la naturaleza que podrían desembocar, incluso a escala planetaria, en la extinción de cientos de especies animales y vegetales. Con ello, se podría ver afectada incluso la misma agricultura, actividad elemental para la sobrevivencia física de la humanidad.
Todas estas preocupaciones, que se originan a partir de un cambio evidente en el clima, apuntan a un responsable principal: la actividad humana, con procesos a escala mundial de transformación de recursos naturales y consumo de energías fósiles que emiten a la atmósfera gases como el dióxido de carbono, unos de los principales desencadenantes del efecto invernadero.
La degradación del sistema medioambiental se hace evidente y esto ha conducido a que algunos líderes mundiales comiencen a demandar un compromiso político para combatir al recalentamiento global. La reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la compensación monetaria a países menos contaminantes, la preservación de bosques y la venta de bonos oxígeno, son algunos de los mecanismos propuestos para ralentizar la velocidad del fenómeno, que sólo será revertido cuando las emisiones de gases no sobrepasen a la capacidad de la tierra de absorber ese alto impacto.Sin embargo, hasta ahora las naciones con mayor responsabilidad en el fenómeno -solo Estados Unidos emite a la atmósfera el 25 por ciento del dióxido de carbono del mundo, a modo de ejemplo-- se resisten a firmar acuerdos internacionales para combatir el recalentamiento global, debido al temor que su crecimiento económico pueda resentirse.
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
Los cambios climáticos
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
Las temperaturas extremas y los desastres naturales que vive actualmente todo el hemisferio han causado sorpresa y preocupación. El cambio climático global ha hecho que, por ejemplo, regiones que se caracterizaron durante siglos por la cantidad acumulada de nieve registren hoy temperaturas primaverales; o que, los huracanes tengan una cada vez más inusual potencia e intensidad.
Desde el 2006, que fue considerado el año más caluroso en promedio desde que se tiene registro de las temperaturas mundiales, al menos desde el siglo XIX, la tendencia al progresivo incremento de las temperaturas no ha cambiado.
La misma naturaleza ha comenzado a sentir los efectos del fenómeno climático. Osos que no duermen durante el invierno, aves migratorias que no migran más y árboles que florecen en plena estación fría. La lista de desajustes es innumerable y el cambio climático un hecho evidente hasta para los escépticos, que durante años dudaron de la preocupación de científicos y ambientalistas.
Si bien para algunos habitantes nórdicos, las temperaturas suaves les ahorran la dureza del invierno, el fenómeno podría traer consecuencias impensables para los ciclos de la naturaleza que podrían desembocar, incluso a escala planetaria, en la extinción de cientos de especies animales y vegetales. Con ello, se podría ver afectada incluso la misma agricultura, actividad elemental para la sobrevivencia física de la humanidad.
Todas estas preocupaciones, que se originan a partir de un cambio evidente en el clima, apuntan a un responsable principal: la actividad humana, con procesos a escala mundial de transformación de recursos naturales y consumo de energías fósiles que emiten a la atmósfera gases como el dióxido de carbono, unos de los principales desencadenantes del efecto invernadero.
La degradación del sistema medioambiental se hace evidente y esto ha conducido a que algunos líderes mundiales comiencen a demandar un compromiso político para combatir al recalentamiento global. La reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la compensación monetaria a países menos contaminantes, la preservación de bosques y la venta de bonos oxígeno, son algunos de los mecanismos propuestos para ralentizar la velocidad del fenómeno, que sólo será revertido cuando las emisiones de gases no sobrepasen a la capacidad de la tierra de absorber ese alto impacto.Sin embargo, hasta ahora las naciones con mayor responsabilidad en el fenómeno -solo Estados Unidos emite a la atmósfera el 25 por ciento del dióxido de carbono del mundo, a modo de ejemplo-- se resisten a firmar acuerdos internacionales para combatir el recalentamiento global, debido al temor que su crecimiento económico pueda resentirse.
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
Las temperaturas extremas y los desastres naturales que vive actualmente todo el hemisferio han causado sorpresa y preocupación. El cambio climático global ha hecho que, por ejemplo, regiones que se caracterizaron durante siglos por la cantidad acumulada de nieve registren hoy temperaturas primaverales; o que, los huracanes tengan una cada vez más inusual potencia e intensidad.
Desde el 2006, que fue considerado el año más caluroso en promedio desde que se tiene registro de las temperaturas mundiales, al menos desde el siglo XIX, la tendencia al progresivo incremento de las temperaturas no ha cambiado.
La misma naturaleza ha comenzado a sentir los efectos del fenómeno climático. Osos que no duermen durante el invierno, aves migratorias que no migran más y árboles que florecen en plena estación fría. La lista de desajustes es innumerable y el cambio climático un hecho evidente hasta para los escépticos, que durante años dudaron de la preocupación de científicos y ambientalistas.
Si bien para algunos habitantes nórdicos, las temperaturas suaves les ahorran la dureza del invierno, el fenómeno podría traer consecuencias impensables para los ciclos de la naturaleza que podrían desembocar, incluso a escala planetaria, en la extinción de cientos de especies animales y vegetales. Con ello, se podría ver afectada incluso la misma agricultura, actividad elemental para la sobrevivencia física de la humanidad.
Todas estas preocupaciones, que se originan a partir de un cambio evidente en el clima, apuntan a un responsable principal: la actividad humana, con procesos a escala mundial de transformación de recursos naturales y consumo de energías fósiles que emiten a la atmósfera gases como el dióxido de carbono, unos de los principales desencadenantes del efecto invernadero.
La degradación del sistema medioambiental se hace evidente y esto ha conducido a que algunos líderes mundiales comiencen a demandar un compromiso político para combatir al recalentamiento global. La reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la compensación monetaria a países menos contaminantes, la preservación de bosques y la venta de bonos oxígeno, son algunos de los mecanismos propuestos para ralentizar la velocidad del fenómeno, que sólo será revertido cuando las emisiones de gases no sobrepasen a la capacidad de la tierra de absorber ese alto impacto.Sin embargo, hasta ahora las naciones con mayor responsabilidad en el fenómeno -solo Estados Unidos emite a la atmósfera el 25 por ciento del dióxido de carbono del mundo, a modo de ejemplo-- se resisten a firmar acuerdos internacionales para combatir el recalentamiento global, debido al temor que su crecimiento económico pueda resentirse.
Los cada vez más extremos fenómenos naturales están demostrando, sin embargo, que el interés económico es insubordinable al interés ecológico. De por medio está el futuro de las nuevas generaciones y la vida misma en el planeta.
domingo, 23 de agosto de 2009
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