domingo, 23 de agosto de 2009

Los tejemanejes históricos y técnicos del Silala

Tradición, dinero… y ¿prohibición?
Tras las huellas del mítico Nelson Mandela
Los tejemanejes históricos y técnicos del Silala
El centro de experimentación de los soyeros
Toque de elegancia para tus piernas
La “querida hermana” del papa Wojtyla

La vocación suicida de la oposición

Como “patético” ha sido calificado por el Vicepresidente del país el espectáculo que dan los opositores, y no le falta razón

Una semana más ha transcurrido, y cuando ya sólo quedan dos para que se cumpla el plazo fijado por el cronograma electoral para que se inscriban las fórmulas que participarán en las próximas elecciones generales, el escenario político va tomando una forma que complace tanto al oficialismo como angustia a los sectores de la ciudanía que en vano esperan la aparición de una fórmula seria de oposición.
Varias candidaturas ya están en plena campaña. De ellas, la oficialista, cuyo binomio ya está plenamente definido y ahora concentrada en la selección de sus candidatos a diputados y senadores es, con mucho, la que más se ha adelantado en el camino que conduce a las urnas.
En el frente opositor, en cambio, no aparece algo que esté a la altura del rival. Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina han decidido reincidir en su apuesta individualista, como en diciembre de 2005, y no dan ninguna muestra de haber aprendido algo de los fracasos de los que fueron protagonistas durante los últimos años. Por lo que hasta ahora han mostrado, se diría que no aspiran a encabezar un proyecto político alternativo al del MAS sino a algún viceministerio del nuevo “Estado Plurinacional”.
Algo similar puede decirse de Manfred Reyes Villa, quien a diferencia de Quiroga y Doria Medina ni sigla política que lo respalde tiene, y mucho menos una organización, pero sigue depositando todas sus esperanzas en que su experiencia a la cabeza del municipio de Cochabamba le sirva como suficiente credencial. Tampoco se presenta como postulante a encabezar un proyecto político serio. Por la forma y fondo de sus propuestas, más bien parece candidato a Alcalde de Bolivia.
El MNR, por su parte, el único partido que logró sobrevivir a la debacle del sistema político, no logra salir del estado vegetativo en el que lo sumieron los traumas del pasado y sus pugnas internas. Dejó pasar los años sin renovarse, sin cultivar nuevos liderazgos y tal como el 2005, se aferra a la esperanza de que un candidato prestado prolongue su agonía o que su participación sea admitida en un bloque amplio que lo tolere como aliado.
Finalmente, la quinta opción opositora, la que más expectativas despertó alrededor de la propuesta de articular un bloque amplio que aglutine a las corrientes de oposición regionales, a los líderes y movimientos ciudadanos que en los hechos fueron los que más batalla dieron durante los últimos años al proyecto hegemónico del MAS, tampoco acaba de cuajar. Son muchos los cabos sueltos con los que pretende tejer una red, pero no halla el hilo conductor, ni el líder, ni la sustancia ideológica y programática que haga de elemento aglutinador.
Como “patético” ha sido calificado por el Vicepresidente del país el espectáculo que dan los opositores, y no le falta razón. Quedan, sin embargo, dos semanas cruciales durante las que habrá que ver si el instinto de sobrevivencia se impone a la vocación suicida.

La vocación suicida de la oposición

Como “patético” ha sido calificado por el Vicepresidente del país el espectáculo que dan los opositores, y no le falta razón

Una semana más ha transcurrido, y cuando ya sólo quedan dos para que se cumpla el plazo fijado por el cronograma electoral para que se inscriban las fórmulas que participarán en las próximas elecciones generales, el escenario político va tomando una forma que complace tanto al oficialismo como angustia a los sectores de la ciudanía que en vano esperan la aparición de una fórmula seria de oposición.
Varias candidaturas ya están en plena campaña. De ellas, la oficialista, cuyo binomio ya está plenamente definido y ahora concentrada en la selección de sus candidatos a diputados y senadores es, con mucho, la que más se ha adelantado en el camino que conduce a las urnas.
En el frente opositor, en cambio, no aparece algo que esté a la altura del rival. Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina han decidido reincidir en su apuesta individualista, como en diciembre de 2005, y no dan ninguna muestra de haber aprendido algo de los fracasos de los que fueron protagonistas durante los últimos años. Por lo que hasta ahora han mostrado, se diría que no aspiran a encabezar un proyecto político alternativo al del MAS sino a algún viceministerio del nuevo “Estado Plurinacional”.
Algo similar puede decirse de Manfred Reyes Villa, quien a diferencia de Quiroga y Doria Medina ni sigla política que lo respalde tiene, y mucho menos una organización, pero sigue depositando todas sus esperanzas en que su experiencia a la cabeza del municipio de Cochabamba le sirva como suficiente credencial. Tampoco se presenta como postulante a encabezar un proyecto político serio. Por la forma y fondo de sus propuestas, más bien parece candidato a Alcalde de Bolivia.
El MNR, por su parte, el único partido que logró sobrevivir a la debacle del sistema político, no logra salir del estado vegetativo en el que lo sumieron los traumas del pasado y sus pugnas internas. Dejó pasar los años sin renovarse, sin cultivar nuevos liderazgos y tal como el 2005, se aferra a la esperanza de que un candidato prestado prolongue su agonía o que su participación sea admitida en un bloque amplio que lo tolere como aliado.
Finalmente, la quinta opción opositora, la que más expectativas despertó alrededor de la propuesta de articular un bloque amplio que aglutine a las corrientes de oposición regionales, a los líderes y movimientos ciudadanos que en los hechos fueron los que más batalla dieron durante los últimos años al proyecto hegemónico del MAS, tampoco acaba de cuajar. Son muchos los cabos sueltos con los que pretende tejer una red, pero no halla el hilo conductor, ni el líder, ni la sustancia ideológica y programática que haga de elemento aglutinador.
Como “patético” ha sido calificado por el Vicepresidente del país el espectáculo que dan los opositores, y no le falta razón. Quedan, sin embargo, dos semanas cruciales durante las que habrá que ver si el instinto de sobrevivencia se impone a la vocación suicida.
El simbolismo en el cuento infantil alemán
Murakami me saluda
La tecnología se abre campo en el arte boliviano
Pestes y chanchos
Crónicas selenitas, el alunizaje según Mailer
El arte renacentista de Suaznábar
Bolivian Beauty, o el relato del encierro

sábado, 22 de agosto de 2009

Latinoamérica en la encrucijada

La dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es un tema que no debe estar ausente de los debates electorales

Toda Latinoamérica, así como muchos de los países de la región, se está aproximando a grandes pasos a un punto del camino en el que se abren por lo menos tres opciones entre los que pronto habrá que elegir. Una encrucijada ante la que los tres caminos que se abren, por lo diferentes que son los destinos a los que conducen, obligarán a los gobernantes y a los pueblos a tomar trascendentales decisiones.

Cada uno de los tres caminos tiene sus respectivos abanderados. Colombia y Perú, ya están encaminados por uno de ellos. Brasil, Chile y Uruguay se encaminan por el del medio, y Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, remolcando a Cuba, optan por el tercero.
Los escenarios en que se miden las tres opciones son dos. El internacional, y el que corresponde a las pugnas políticas internas en cada uno de los países. La OEA y Unasur, por una parte, y los procesos electorales que se realizarán próximamente en varios países por la otra.

En el escenario continental, la crisis de Honduras y el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos son los puntos que marcan la separación de los caminos. Ambos temas han dado cuenta de la magnitud de las discrepancias y de lo intensa que es la lucha por marcar el rumbo a seguir.

Las elecciones que pronto se realizarán en Chile, donde por primera vez en las últimas décadas se perfila una derrota de la Concertación, lo que dejaría abierto el camino para que Piñera alinee a su país en el primer bloque, con Colombia y Perú, adquiere por eso una importancia que trasciende con mucho la política interna de ese país. Lo mismo está en juego en Uruguay y, posteriormente, se pondrá en Brasil.

El socialismo democrático, que por ahora tiene a Brasil, Chile y Uruguay a sus principales bastiones, está pues ante un enorme desafío. Perder las elecciones en esos países dejaría el terreno libre para que la pugna quede sólo en manos de los otros dos polos.

El tercer bloque de países, el que encabezado por Venezuela, tiene también mucho en juego durante los próximos meses. Las elecciones bolivianas en diciembre y la intensificación de la ofensiva chavista para acelerar el avance hacia el “Socialismo del Siglo XXI”, son sus principales batallas.

Esa dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es uno de los temas que tendría que formar parte central de los próximos debates electorales en Bolivia como en todos los países que se aprestan a elegir a sus próximos mandatarios. Es inadmisible que quienes aspiran a gobernar los soslayen y opten por refugiarse en generalidades intrascendentes.
En el caso boliviano, la propuesta oficialista sobre tan crucial asunto está plenamente definida. ¿Y los demás? ¿Qué tienen que decir al respecto los candidatos de la oposición? Es de esperar que durante las próximas semanas incorporen esos temas a sus respectivas propuestas.

Latinoamérica en la encrucijada

La dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es un tema que no debe estar ausente de los debates electorales

Toda Latinoamérica, así como muchos de los países de la región, se está aproximando a grandes pasos a un punto del camino en el que se abren por lo menos tres opciones entre los que pronto habrá que elegir. Una encrucijada ante la que los tres caminos que se abren, por lo diferentes que son los destinos a los que conducen, obligarán a los gobernantes y a los pueblos a tomar trascendentales decisiones.
Cada uno de los tres caminos tiene sus respectivos abanderados. Colombia y Perú, ya están encaminados por uno de ellos. Brasil, Chile y Uruguay se encaminan por el del medio, y Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, remolcando a Cuba, optan por el tercero.
Los escenarios en que se miden las tres opciones son dos. El internacional, y el que corresponde a las pugnas políticas internas en cada uno de los países. La OEA y Unasur, por una parte, y los procesos electorales que se realizarán próximamente en varios países por la otra.
En el escenario continental, la crisis de Honduras y el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos son los puntos que marcan la separación de los caminos. Ambos temas han dado cuenta de la magnitud de las discrepancias y de lo intensa que es la lucha por marcar el rumbo a seguir.
Las elecciones que pronto se realizarán en Chile, donde por primera vez en las últimas décadas se perfila una derrota de la Concertación, lo que dejaría abierto el camino para que Piñera alinee a su país en el primer bloque, con Colombia y Perú, adquiere por eso una importancia que trasciende con mucho la política interna de ese país. Lo mismo está en juego en Uruguay y, posteriormente, se pondrá en Brasil.
El socialismo democrático, que por ahora tiene a Brasil, Chile y Uruguay a sus principales bastiones, está pues ante un enorme desafío. Perder las elecciones en esos países dejaría el terreno libre para que la pugna quede sólo en manos de los otros dos polos.
El tercer bloque de países, el que encabezado por Venezuela, tiene también mucho en juego durante los próximos meses. Las elecciones bolivianas en diciembre y la intensificación de la ofensiva chavista para acelerar el avance hacia el “Socialismo del Siglo XXI”, son sus principales batallas.
Esa dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es uno de los temas que tendría que formar parte central de los próximos debates electorales en Bolivia como en todos los países que se aprestan a elegir a sus próximos mandatarios. Es inadmisible que quienes aspiran a gobernar los soslayen y opten por refugiarse en generalidades intrascendentes.
En el caso boliviano, la propuesta oficialista sobre tan crucial asunto está plenamente definida. ¿Y los demás? ¿Qué tienen que decir al respecto los candidatos de la oposición? Es de esperar que durante las próximas semanas incorporen esos temas a sus respectivas propuestas.

viernes, 21 de agosto de 2009

La máxima expresión del fracaso


Al paso que vamos, pronto habrá que “exigir” a Brasil que el gasoducto se transforme en poliducto para importar biocombustibles

Si hubiera que recurrir a una sola frase que de manera breve pero sustanciosa describa la magnitud del fracaso de la política hidrocarburífera del gobierno de Evo Morales, y los estropicios causados por la “nacionalización”, ninguna mejor que la empleada por el presidente de YPFB para anunciar cuál será la principal solicitud que se hará al presidente brasileño cuando visite nuestro país el próximo fin de semana. “Se pedirá la revisión del contrato de exportación de gas a Brasil para bajar los volúmenes comprometidos”.
“Ante confesión de partes, relevo de pruebas”, habrá que decir, pues el hecho de que después de más de treinta años durante los que la apertura, primero, y ampliación después, del mercado brasileño para el gas boliviano fue uno de los pocos objetivos compartidos por cuanto gobierno se sucedió en la administración de nuestro país, el régimen del MAS ha logrado lo que hasta hace poco parecía imposible. Ha logrado dar un enorme salto atrás y ahora ruega para que Brasil disminuya su demanda.
El asunto, de por sí alarmante, lo es mucho más si se considera el contexto en que se produce. Es que si hay alguien interesado en deshacerse de sus compromisos con Bolivia, es precisamente Brasil. Como lo dijo en marzo pasado el presidente Lula da Silva, “no quiere depender del humor de nadie para comprar gas”, en clara alusión a Evo Morales.
Fue precisamente para “no depender del humor de nadie”, que Petrobras decidió, después de la “nacionalización”, desviar los miles de millones de dólares que tenía previsto invertir en nuestro país hacia proyectos alternativos que liberen al Brasil de los compromisos contraídos.
Le dieron tan buenos resultados esas inversiones, que ahora el problema de Brasil consiste en la sobreoferta de gas y no sabe qué hacer con el que se comprometió a comprar a Bolivia. Por eso, nada le caería mejor que desligarse de su compromiso de “take or pay”, lo que significa que aunque no compre los volúmenes contratados, igual debe pagar por ellos. Que los burócratas de YPFB sean incapaces de hacer los cobros, es otra cosa.
Sería lógico, por ello, que sean los representantes de Brasil quienes tomen la iniciativa de renegociar el contrato. Pero no… para esto está el presidente de YPFB quien, además de que no se ruboriza al informar sobre la “demanda” boliviana, lo hace como si de una gran conquista para los intereses nacionales se tratara.
Al paso que vamos, nadie deberá sorprenderse si dentro de poco nos informan que el gobierno boliviano “exigirá” a Brasil que el gasoducto sea transformado en poliducto para importar biocombustibles brasileños y así paliar la escasez de energéticos en nuestro mercado interno. ¿Y con qué se llenará el vacío que va dejando la debacle del sector hidrocarburífero? Ya más de uno está pensando en el litio.

La máxima expresión del fracaso


Al paso que vamos, pronto habrá que “exigir” a Brasil que el gasoducto se transforme en poliducto para importar biocombustibles

Si hubiera que recurrir a una sola frase que de manera breve pero sustanciosa describa la magnitud del fracaso de la política hidrocarburífera del gobierno de Evo Morales, y los estropicios causados por la “nacionalización”, ninguna mejor que la empleada por el presidente de YPFB para anunciar cuál será la principal solicitud que se hará al presidente brasileño cuando visite nuestro país el próximo fin de semana. “Se pedirá la revisión del contrato de exportación de gas a Brasil para bajar los volúmenes comprometidos”.
“Ante confesión de partes, relevo de pruebas”, habrá que decir, pues el hecho de que después de más de treinta años durante los que la apertura, primero, y ampliación después, del mercado brasileño para el gas boliviano fue uno de los pocos objetivos compartidos por cuanto gobierno se sucedió en la administración de nuestro país, el régimen del MAS ha logrado lo que hasta hace poco parecía imposible. Ha logrado dar un enorme salto atrás y ahora ruega para que Brasil disminuya su demanda.
El asunto, de por sí alarmante, lo es mucho más si se considera el contexto en que se produce. Es que si hay alguien interesado en deshacerse de sus compromisos con Bolivia, es precisamente Brasil. Como lo dijo en marzo pasado el presidente Lula da Silva, “no quiere depender del humor de nadie para comprar gas”, en clara alusión a Evo Morales.
Fue precisamente para “no depender del humor de nadie”, que Petrobras decidió, después de la “nacionalización”, desviar los miles de millones de dólares que tenía previsto invertir en nuestro país hacia proyectos alternativos que liberen al Brasil de los compromisos contraídos.
Le dieron tan buenos resultados esas inversiones, que ahora el problema de Brasil consiste en la sobreoferta de gas y no sabe qué hacer con el que se comprometió a comprar a Bolivia. Por eso, nada le caería mejor que desligarse de su compromiso de “take or pay”, lo que significa que aunque no compre los volúmenes contratados, igual debe pagar por ellos. Que los burócratas de YPFB sean incapaces de hacer los cobros, es otra cosa.
Sería lógico, por ello, que sean los representantes de Brasil quienes tomen la iniciativa de renegociar el contrato. Pero no… para esto está el presidente de YPFB quien, además de que no se ruboriza al informar sobre la “demanda” boliviana, lo hace como si de una gran conquista para los intereses nacionales se tratara.
Al paso que vamos, nadie deberá sorprenderse si dentro de poco nos informan que el gobierno boliviano “exigirá” a Brasil que el gasoducto sea transformado en poliducto para importar biocombustibles brasileños y así paliar la escasez de energéticos en nuestro mercado interno. ¿Y con qué se llenará el vacío que va dejando la debacle del sector hidrocarburífero? Ya más de uno está pensando en el litio.

jueves, 20 de agosto de 2009

Cándidos candidatos

Las propuestas programáticas presentadas, por su simpleza, son un pésimo anticipo de lo que se puede esperar de algunos candidatos

Durante los últimos días, dando una señal que puede ser interpretada como una decisión de presentarse solos a las elecciones generales de diciembre próximo, varios aspirantes a candidatos han presentado algunas ideas sueltas como si de su plan de gobierno se tratara. Y lo han hecho con un tono de suficiencia que ha dejado más dudas de las que ya existían sobre su contacto con la realidad nacional.

¿De qué país están hablando? es la pregunta que espontáneamente surge cuando se los oye exponer con todo entusiasmo su plan de acción para hacer frente al proyecto político del MAS.
Hacer baterías de litio, producir alimentos orgánicos y hacer de las personas el principal recurso del país son los ejes centrales de las tres propuestas hasta ahora presentadas. Con razón alguien comparó tal manera de afrontar la campaña electoral con la ya clásica imagen de la orquesta que interpretaba suaves melodías mientras se hundía el Titanic. Se diría que para esos candidatos, de lo que se trata es de elegir entre una melodía y otra. Y lo que está en disputa es quién será el que dirija la orquesta.

Ninguno de los tres candidatos que han presentado las líneas centrales de sus respectivos programas de gobierno ha dicho ni una sola palabra sobre los problemas de fondo que han puesto a nuestro país en uno de los momentos más decisivos de su historia. Se diría, a juzgar por la simpleza de sus planteamientos, que su pérdida de contacto con la realidad es total.

Es sorprendente, por ejemplo, que todos coincidan en soslayar absoluta y totalmente todo lo referido a las profundas transformaciones que están produciendo en nuestro país. La nueva Constitución Política del Estado, por ejemplo, no parece merecer ni un simple comentario. Se diría que están muy conformes con ella y lo único que pueden proponer al respecto es llevarla a la práctica con más eficiencia que sus autores.

Es como si no se hubieran enterado de que lo que está en juego en Bolivia es algo más, muchísimo más, que el nombre de quien repartirá dádivas durante los próximos años. Se diría que no aspiran a ser los conductores de un proyecto alternativo de país sino buenos administradores del que está en proceso de ejecución; buenos viceministros de alguna repartición burocrática del nuevo Estado “Plurinacional”.

Tal manera de afrontar los enormes desafíos que plantea la nueva realidad económica, política y social de Bolivia sólo se puede comprender si se parte de la suposición de que nada importante ha ocurrido durante los últimos años. Como si la “revolución política y cultural” encabezada por el MAS fuera sólo un bache en el camino sobre el que se puede saltar con el impulso de una buena dosis de optimismo e ingenuidad.

Si esa es la manera como los candidatos de oposición se proponen hacer frente a los desafíos que tienen al frente, es poco lo que de ellos se puede esperar.

Cándidos candidatos

Las propuestas programáticas presentadas, por su simpleza, son un pésimo anticipo de lo que se puede esperar de algunos candidatos

Durante los últimos días, dando una señal que puede ser interpretada como una decisión de presentarse solos a las elecciones generales de diciembre próximo, varios aspirantes a candidatos han presentado algunas ideas sueltas como si de su plan de gobierno se tratara. Y lo han hecho con un tono de suficiencia que ha dejado más dudas de las que ya existían sobre su contacto con la realidad nacional.
¿De qué país están hablando? es la pregunta que espontáneamente surge cuando se los oye exponer con todo entusiasmo su plan de acción para hacer frente al proyecto político del MAS.
Hacer baterías de litio, producir alimentos orgánicos y hacer de las personas el principal recurso del país son los ejes centrales de las tres propuestas hasta ahora presentadas. Con razón alguien comparó tal manera de afrontar la campaña electoral con la ya clásica imagen de la orquesta que interpretaba suaves melodías mientras se hundía el Titanic. Se diría que para esos candidatos, de lo que se trata es de elegir entre una melodía y otra. Y lo que está en disputa es quién será el que dirija la orquesta.
Ninguno de los tres candidatos que han presentado las líneas centrales de sus respectivos programas de gobierno ha dicho ni una sola palabra sobre los problemas de fondo que han puesto a nuestro país en uno de los momentos más decisivos de su historia. Se diría, a juzgar por la simpleza de sus planteamientos, que su pérdida de contacto con la realidad es total.
Es sorprendente, por ejemplo, que todos coincidan en soslayar absoluta y totalmente todo lo referido a las profundas transformaciones que están produciendo en nuestro país. La nueva Constitución Política del Estado, por ejemplo, no parece merecer ni un simple comentario. Se diría que están muy conformes con ella y lo único que pueden proponer al respecto es llevarla a la práctica con más eficiencia que sus autores.
Es como si no se hubieran enterado de que lo que está en juego en Bolivia es algo más, muchísimo más, que el nombre de quien repartirá dádivas durante los próximos años. Se diría que no aspiran a ser los conductores de un proyecto alternativo de país sino buenos administradores del que está en proceso de ejecución; buenos viceministros de alguna repartición burocrática del nuevo Estado “Plurinacional”.
Tal manera de afrontar los enormes desafíos que plantea la nueva realidad económica, política y social de Bolivia sólo se puede comprender si se parte de la suposición de que nada importante ha ocurrido durante los últimos años. Como si la “revolución política y cultural” encabezada por el MAS fuera sólo un bache en el camino sobre el que se puede saltar con el impulso de una buena dosis de optimismo e ingenuidad.
Si esa es la manera como los candidatos de oposición se proponen hacer frente a los desafíos que tienen al frente, es poco lo que de ellos se puede esperar.